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Los 134 jóvenes de la fiesta ilegal de Xàbia eran alumnos de Madrid de fin de curso

Siete chicas alquilaron el chalé en el que los estudiantes armaron la juerga disuelta por la policía

Los 134 jóvenes de la fiesta ilegal de Xàbia eran alumnos de Madrid de fin de curso

Los 134 jóvenes de la fiesta ilegal de Xàbia eran alumnos de Madrid de fin de curso

No pudieron irse de viaje de fin de curso y decidieron montar una gran fiesta en Xàbia. Los 134 participantes en la juerga ilegal en un chalé que en la madrugada del sábado al domingo disolvieron la Guardia Civil y la Policía Local eran estudiantes de un centro educativo de Madrid de 17, 18 y 19 años. La vivienda, situada en la tranquila zona del Camí Vell de la Granadella, que tiene un amplio jardín y piscina, la alquilaron siete chicas. Un vecino relató ayer que, sorprendido por el ruido, se acercó sobre las 11 de la noche y ya contó a unas 50 personas que estaban de jarana en el jardín y en la piscina. «Y seguían llegando taxis sin parar», dijo.

Uno de los residentes, alarmado ya por el alboroto y la concentración de personas, llamó a la policía. Acudieron la Guardia Civil y la Policía Local sobre las 3.30 horas. Y se encontraron la fiesta en pleno apogeo. El verano está siendo de mucha celebración privada en chalés. Esa misma noche, de hecho, los agentes de la Policía Local acudieron a una vivienda en la que estaban de juerga 15 personas. Les tomaron los datos.

Pero lo de los estudiantes madrileños lo ha superado todo con creces. Una farra de esa magnitud, que concentró nada menos que a 134 personas, ya requiere de un pelín de organización. Al parecer, los alumnos viajaron a Xàbia en autobús. Luego se repartieron en viviendas alquiladas. Buscaron un chalé amplio para organizar la fiesta de fin de curso que les hiciera olvidar el chasco de no irse de viaje.

Este tipo de aglomeraciones están prohibidas en el decreto autonómico 11/2020 de 24 de julio que regula las medidas sanitarias para prevenir la covid-19. La Guardia Civil levantó el acta de denuncia. También identificó uno a uno a todos los asistentes. Es imprescindible tenerlos controlados para realizar la trazabilidad si se produce un rebrote de coronavirus. La infracción está catalogada como grave y la multa puede llegar a 30.000 euros.

Otros veranos quienes organizaban en un chalé una fiesta privada realizaban una declaración responsable en el ayuntamiento. Este año no hacen este trámite. Rara es la noche en la que la Guardia Civil y la Policía Local no tengan que acudir a una vivienda advertidos de la escandalera por los vecinos. Pero son reuniones de entre diez y veinte amigos. No tienen ni punto de comparación con el desmadre de la fiesta estudiantil del sábado.

En el chalé no quedaba ayer nadie. El único rastro de la fiesta era el inflable que flotaba en la piscina y las bolsas de basura repletas de botellas que estaban en la puerta del chalé.

La noche del sábado fue para los agentes (también se sumó la Policía Autonómica) un no parar. La Policía Local levantó actas de infracción en tres locales de ocio nocturno. Uno de estos negocios tenía en funcionamiento la pista de baile, lo que está prohibido. Los otros dos ofrecían fumar en cachimba. Los agentes requisaron todas estas pipas que los jóvenes se pasan unos a otros (es un posible foco de contagio).

Los policías pusieron numerosas denuncias a jóvenes que hacían cola en la entrada de las discotecas y no llevaban puestas las mascarillas. Uno de estos jóvenes se puso farruco e inició una pelea.

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