Un policía nacional testificó ayer en el juicio al imán egipcio Hesham F. M. Shashaa, alias Abu Adam, detenido en 2017 en Teulada, que el acusado quería controlar las comunidades islámicas de la zona y que su imagen afable y diplomática «era una pantalla para no levantar sospechas» de su radicalidad yihadista.

La Audiencia Nacional reanudó ayer el juicio de Hesham Shashaa, para quien la fiscal pide nueve años de prisión al acusarle de difundir y enaltecer el yihadismo en mezquitas y posibilitar en la provincia alicantina refugio y una base de operaciones para combatientes retornados de Siria e Irak, que podrían atentar en España y en otros países europeos.

Uno de los policías nacionales que compareció ayer en la vista relató que, durante sus contactos habituales con las mezquitas, el 27 de junio de 2011 –año en el que el acusado se estableció en la provincia de Alicante procedente de Alemania– visitaron la de Calp. Añadió que se entrevistaron con el presidente y el tesorero de la mezquita, los cuales les enseñaron alrededor de un centenar de cajas que tenían apiladas y que se las había entregado el acusado unos días antes para que las repartieran entre los fieles de la comunidad musulmana.

El testigo relató que cada caja contenía un Corán y cuatro DVD con vídeos con contenidos relacionados con el yihadismo.

Desradicalizar

Este agente explicó que también participó en la vigilancia a Abu Adam, al que vieron con un joven del que el propio acusado hacía ver que era un protegido suyo al que quería desrradicalizar, pero en realidad era todo lo contrario, «quería hacerle adicto a sus ideas». Comentó asimismo que hablando con el entorno del acusado, de la mezquita y de los lugares por donde solía acudir, averiguaron que «era muy diplomático, organizaba comidas y cenas y la imagen que proyectaba era una pantalla para no levantar sospechas».

El testigo recordó que el presidente y el tesorero de la mezquita de Calp les comentaron que Hesham «daba la sensación de ser una persona afable que buscaba la integración pero a medida que iban tratando con él vieron que quería mucho protagonismo así como dirigir, mandar y controlar cualquier tipo de comunidad islámica».

Agregó que el acusado se comportaba así «incluso en detrimento de quienes habían montado desde hace muchos años antes la mezquita y conocían los problemas de la comunidad islámica» de la zona.

Según la Fiscalía, antes de llegar a España en 2011, el acusado había residido en Rumanía entre 1996 y 2000, pero fue expulsado por intentar captar a jóvenes para enviarlos a Afganistán para entrenarles con armas y por preparar atentados en suelo rumano. Añade la acusación pública que tras ser expulsado de Rumanía, Shashaa llegó a Alemania en el año 2000, donde «comenzó a labrarse un nombre como imán» con «una incesante actividad» en su mezquita y viajes a Pakistán, y para financiar sus actividades se relacionó con personas de gran poder económico de Emiratos Árabes y Arabia Saudí.

El aumento de su protagonismo en Alemania y su relación con jóvenes radicales islámicos llamó la atención de los servicios policiales y cuando empezó a notar la presión de los mismos comenzó a viajar a España e invirtió dinero en mezquitas como las de Almoradí, Teulada y Calp y Torrent (Valencia) con dinero procedente de sus mecenas habituales, según el Ministerio Público.

La fiscal destaca en su escrito de acusación que se trasladó a España en junio de 2011, residiendo primero en Benissa hasta que compró en 2014 una gran casa en Teulada por valor de 400.000 euros.

La dinámica seguida por el acusado en España consistía en visitar mezquitas de localidades alicantinas como Teulada, Calp, Altea, Pedreguer, Gata de Gorgos, Almoradí y San Vicente del Raspeig, donde se presentaba como un importante imán y en las que extendía el ideario y el adoctrinamiento radical, siempre según la fiscal.

El acusado negó en la primera sesión del juicio celebrada el pasado lunes todas las acusaciones y aseguró que su labor en múltiples mezquitas españolas y redes sociales buscaba rechazar el terrorismo para «evitar que se repita un 11-M».

Manuales de bombas

En la primera sesión el acusado fue preguntado por manuales de bombas y sobre cómo hacer la yihad en grandes ciudades, así como por fotos suyas portando armas que fueron encontrados en sus dispositivos electrónicos.

Al respecto explicó que todo el material relacionado con el yihadismo encontrado en sus dispositivos lo tenía para documentarse para sus actividades «como sabio especializado en la lucha antiterrorista» y recordó que ha impartido conferencias en universidades de varios países, junto con policías, jueces, fiscales y políticos.

El juicio al imán Abu Adam se prolongará hasta la próxima semana en la Audiencia Nacional.