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La ruta de los 6.000 escalones: el mayor desafío para los senderistas de toda la provincia de Alicante

Este sendero combina historia morisca, desnivel, piedra y uno de los recorridos más espectaculares de la Marina Alta no apto para todos los públicos

Las mejores rutas de senderismo en la provincia de Alicante para disfrutar esta primavera: la ruta de los 6.000 escalones

Aitana Solera

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La provincia de Alicante guarda rutas de montaña capaces de sorprender incluso a quienes creen conocer bien su interior. Más allá de las playas y los paseos junto al Mediterráneo, la Marina Alta esconde barrancos, valles, fuentes, bancales antiguos y senderos de piedra que obligan a mirar el paisaje con otros ojos. Entre todos ellos, hay un recorrido que se ha ganado un nombre propio entre los aficionados al senderismo: la Ruta de los 6.000 escalones.

También conocida como el Barranc de l’Infern o la Catedral del Senderismo, esta ruta circular es una de las experiencias más exigentes y visuales de la montaña alicantina. Su fama no se debe solo al esfuerzo físico que exige, sino también a su trazado, a la historia que conserva y al paisaje que atraviesa. Es un itinerario duro, con continuas subidas y bajadas, pero también uno de esos caminos que muchos senderistas consideran imprescindible completar al menos una vez.

La ruta de los 6.000 escalones

El recorrido comienza y termina en Fleix, uno de los núcleos de la Vall de Laguar, municipio situado en el interior de la Marina Alta. La ruta tiene unos 15 kilómetros, está bien señalizada y suele completarse en unas cinco horas, aunque el tiempo depende del ritmo, las paradas y la experiencia de cada caminante. Su dificultad se considera moderada, pero no conviene subestimarla: el desnivel, la piedra suelta y los tramos de escalones obligan a caminar con atención durante prácticamente toda la jornada.

El nombre popular de la ruta procede de sus miles de escalones de piedra, que algunas fuentes elevan hasta los 6.873. Están clavados en las laderas del barranco y dibujan un zigzag constante que permite salvar el desnivel entre bancales, barrancos y collados. Su origen se remonta a la época medieval, cuando estos pasos servían para comunicar zonas de cultivo y facilitar el tránsito por un terreno abrupto. La huella morisca del valle sigue presente en este paisaje de piedra seca, terrazas agrícolas y pasos abiertos en la montaña.

La catedral del senderismo

Uno de los puntos más conocidos del itinerario es el Forat de la Juvea, un agujero natural en la roca que permite cruzar al otro lado de la montaña. La entrada no es especialmente grande, pero al atravesarla se abre una especie de balcón con vistas al valle y al trazado que espera más adelante. Desde allí, la bajada continúa en zigzag hasta alcanzar el lecho del río, normalmente seco, donde el terreno se convierte en un mar de piedras antes de afrontar una nueva subida.

La ruta encadena varios descensos y ascensos que explican su fama. Tras cruzar el fondo del barranco, los escalones vuelven a aparecer en una subida larga y pronunciada que exige calma. Más adelante, el camino pasa por zonas como Les Juvees d’Enmig y Les Juvees d’Alt, alternando senderos de tierra, tramos asfaltados, casas de piedra, fuentes y pasos estrechos junto a paredes rocosas. En algunos puntos, los escalones apenas se distinguen por el paso del tiempo y la erosión, pero el sendero mantiene ese carácter antiguo que lo hace especial.

Primavera

La primavera es una de las mejores épocas para recorrer la Ruta de los 6.000 escalones. Las temperaturas son más suaves que en verano, la vegetación aparece con más fuerza y el barranco ofrece una imagen especialmente atractiva. Aun así, es fundamental prepararse bien: llevar agua suficiente, calzado de montaña, protección solar, algo de comida y consultar la previsión meteorológica antes de salir. La ruta puede complicarse con calor intenso, lluvia o falta de luz, y no es recomendable iniciarla tarde si no se conoce el terreno.

El atractivo del Barranc de l’Infern no está solo en el esfuerzo físico. La Vall de Laguar, cuyo nombre se vincula al árabe Al-Agwar, “las cuevas”, conserva un fuerte peso histórico. El valle está formado por núcleos como Benimaurell, Campell, Fleix y Fontilles, y durante siglos fue un territorio de refugio, cultivo y resistencia en la montaña. Ahora, es el lugar ideal para desconectar de la ciudad durante el fin de semana y disfrutar de la naturaleza en estado puro sin salir de la provincia.

La historia del lugar está relacionada con la conquista cristiana, las tensiones entre comunidades y la posterior expulsión de los moriscos en el siglo XVII. Aquellas montañas fueron uno de los últimos espacios de presencia morisca en el Reino de Valencia. Los escalones, los bancales y los pasos entre laderas recuerdan una forma de vida adaptada a una orografía difícil, en la que cada metro de tierra aprovechable exigía esfuerzo, técnica y conocimiento del territorio.

Hoy, aquel antiguo camino se ha transformado en un reto deportivo y turístico. Senderistas, barranquistas y amantes de la naturaleza acuden a la Vall de Laguar atraídos por un recorrido que combina exigencia, belleza y memoria.

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