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El rincón secreto de Alicante donde bañarse sin prisas y en aguas cristalinas este verano

Este enclave natural reúne acantilados, pinos, snorkel y calma mediterránea lejos del ruido de las grandes playas

El refugio natural de la Costa Blanca para quienes buscan mar sin agobios

La mejor opción para hacer snorkel: la cala "escondida" bajo el Peñón de Ifach / Eva Abril

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Hay rincones de la Costa Blanca pensados para olvidar el reloj. Lugares donde el plan no consiste en correr para encontrar sitio en primera línea, ni en pasar el día rodeado de ruido, altavoces y sombrillas pegadas unas a otras, sino en dejar que el Mediterráneo marque el ritmo. Para quienes buscan disfrutar del mar con tranquilidad, sin los agobios de las grandes playas llenas de gente, las calas pequeñas y naturales siguen siendo uno de los grandes tesoros del litoral alicantino. Son espacios donde el baño sabe distinto, donde el paisaje pesa tanto como el agua y donde el silencio se convierte en parte de la experiencia.

En una provincia acostumbrada a recibir miles de visitantes cada verano, encontrar una playa menos masificada puede parecer una misión complicada. Sin embargo, la Costa Blanca aún conserva enclaves en los que el baño se mezcla con acantilados, pinos, fondos rocosos y aguas transparentes. Son lugares que no siempre ofrecen la comodidad de un gran arenal urbano, pero precisamente ahí está su encanto: obligan a ir con calma, a llevar escarpines, a bajar por escaleras, a mirar el mar antes de entrar y a entender que la mejor forma de disfrutarlos es sin prisas. Benissa, en la Marina Alta, es uno de esos municipios donde el litoral todavía guarda pequeñas joyas para quienes prefieren naturaleza antes que bullicio.

Cala Baladrar

Una de esas joyas es Cala Baladrar, en Benissa. Un enclave que aparece entre acantilados y pinos que casi parecen tocar el mar. Es un rincón ideal para quienes aman las calas de aspecto natural, perfecto para desconectar, hacer snorkel y dejarse llevar. No es una playa de arena fina pensada para grandes multitudes, sino una cala de carácter mediterráneo, con cantos rodados, aguas claras y un paisaje que invita a pasar el día mirando el horizonte. Su ubicación, entre Calp y Moraira, refuerza esa sensación de refugio costero dentro de una de las zonas más buscadas del litoral alicantino.

Aguas transparentes

La Cala Baladrar destaca, sobre todo, por la transparencia de sus aguas. Su fondo de cantos rodados y zonas rocosas crea un escenario muy atractivo para quienes disfrutan del snorkel, ya que la visibilidad permite observar la vida marina con facilidad. La poca profundidad y la riqueza de fauna marina invitan a explorar el ecosistema submarino. Es una cala para entrar al agua con escarpines, máscara y paciencia, más que para limitarse a extender la toalla y tomar el sol sin moverse.

El paisaje tiene además un elemento icónico: la roca de La Polida, vinculada al acantilado erosionado por el mar que marca la personalidad visual de la zona. La cala se abre en un entorno natural protegido del viento de Levante y se divide en dos sectores, Baladrar y Goleta, separados por un entrante rocoso. Esa configuración permite encontrar ambientes distintos dentro del mismo espacio: una zona más amplia, donde suele concentrarse buena parte de los bañistas, y otra más recogida, ideal para quienes buscan entrar al mar con algo más de intimidad o practicar snorkel lejos del movimiento principal.

Chiringuito

Aunque mantiene ese aire natural, Cala Baladrar no es una cala completamente aislada. Cuenta con un chiringuito donde tomar algo con vistas al mar, además de duchas y baños. Durante la temporada alta también dispone de servicio de salvamento y socorrismo en fechas concretas. Aun así, conviene preparar bien la visita: el suelo de piedras puede resultar incómodo si solo se lleva una toalla, por lo que es recomendable acudir con silla, sombrilla, calzado de agua y todo lo necesario para pasar varias horas.

Cómo llegar

Llegar a Cala Baladrar es relativamente sencillo si se viaja por carretera, ya que se encuentra en la costa de Benissa y es accesible desde el entorno de la CV-746. Desde Alicante, la opción más práctica suele ser el coche, tomando la AP-7 con salida hacia Benissa o la N-332. La recompensa es una cala que resume muy bien lo que muchos buscan en la Costa Blanca: agua cristalina, paisaje mediterráneo, menos ruido que en los grandes arenales y esa sensación de que, por unas horas, el reloj deja de importar.

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