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El mercado artesanal más auténtico de Alicante: productos locales y música en directo cada domingo

Este evento reúne semanalmente a agricultores, artesanos y pequeños productores en un espacio tradicional donde comprar sin intermediarios

El mercado artesanal más auténtico de Alicante: enamora cada domingo entre productos locales y música en directo

El mercado artesanal más auténtico de Alicante: enamora cada domingo entre productos locales y música en directo / PIXABAY

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JESÚS POBRE

Los mercados artesanales tienen algo que los diferencia de cualquier compra rápida en un supermercado. En ellos no solo se adquieren frutas, pan, aceite, queso, miel o cerámica: también se conversa con quien lo ha cultivado, amasado, elaborado o diseñado. Son espacios donde el producto cuenta una historia, donde el ritmo es más lento y donde la visita puede convertirse en un plan completo de domingo, especialmente si el entorno acompaña.

En la provincia de Alicante abundan los mercadillos, rastros y ferias semanales, pero no todos conservan la misma esencia. Algunos han crecido hasta parecer una gran zona comercial al aire libre, mientras que otros mantienen un carácter más local, más ligado al territorio y a los pequeños productores. En la Marina Alta hay un mercado que reúne esa autenticidad cada semana: el Mercat del Riurau de Jesús Pobre.

Mercat del Riurau de Jesús Pobre

Este mercado se celebra en el Riurau de Jesús Pobre, en la calle del Pinaret, junto a Dénia. Jesús Pobre está situado a unos 10 kilómetros del casco urbano de Dénia y conserva ese aire tranquilo de pueblo mediterráneo interior, muy cerca del mar pero todavía ligado al paisaje agrícola de la comarca. Se trata de un núcleo de unos 800 habitantes entre viñedos, almendros y huerta tradicional, un contexto perfecto para entender por qué este mercado no es solo un lugar donde comprar, sino algo más.

Agricultores y artesanos

El Mercat del Riurau nació con una filosofía clara: vender producto de proximidad, apoyar a agricultores y artesanos y recuperar una economía local vinculada a la identidad de la Marina Alta. La propia asociación que lo impulsa explica que surgió como respuesta a la crisis económica, social y ambiental que dejó el modelo del boom inmobiliario. Desde entonces, el mercado se ha consolidado como un espacio de encuentro donde los productores venden sin intermediarios y donde la sostenibilidad no es un reclamo vacío, sino una manera concreta de organizar la compra.

Bajo el riurau

La elección del lugar tiene mucho significado. El mercado se ubica bajo el riurau del Senyor de Benissadeví, una construcción tradicional valenciana vinculada históricamente al secado de la uva pasa, uno de los grandes símbolos agrícolas de la Marina Alta. Esa arquitectura abierta, con sus arcos y su sombra, convierte la visita en algo más que una compra: es una inmersión en la memoria agrícola de la comarca.

Domingos

Cada domingo, el mercado se llena de frutas y verduras de temporada, pan, mermeladas, miel, aceite, vino, quesos, productos ecológicos y artesanía hecha a mano. La oferta cambia con los ciclos de la naturaleza, por lo que no se visita igual en primavera que en pleno verano o en otoño. También son habituales la música en directo, las actividades culturales y un ambiente de plaza de pueblo que atrae tanto a vecinos como a visitantes. Durante el invierno el horario habitual es de 9.00 a 14.00 horas y en verano el mercado pasa a celebrarse por la tarde, de 18.00 a 23.00 horas, para aprovechar el fresco.

Qué ver

La experiencia se completa con el propio encanto de Jesús Pobre y su entorno. Antes o después del mercado, se puede pasear por el pueblo, acercarse a campos cercanos o combinar la visita con una escapada por Dénia, Xàbia, Gata de Gorgos o el Montgó. El Mercat del Riurau no busca competir con los grandes centros comerciales ni con los mercadillos masivos: su valor está precisamente en lo contrario. Aquí se compra despacio, se pregunta, se prueba, se escucha música y se apoya a quienes trabajan la tierra o producen con sus manos. Por eso enamora cada domingo: porque recuerda que lo auténtico no siempre está escondido, pero sí hay que saber dónde buscarlo.

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