Cumbre del clima (COP30)
La cumbre de Belém entra en sus horas críticas con la patata caliente de los combustibles fósiles: ¿Habrá hoja de ruta o solo una promesa ambigua?
La presidencia del encuentro se adentra en otra jornada de negociaciones a puerta cerrada con el objetivo de llevar algo a plenario, y con suerte conseguir su aprobación, entre el jueves y el viernes

André Correa do Lago, presidente de la COP30, y Lula da Silva, presidente de Brasil, comparecen durante la cumbre del clima de Belém. / Associated Press/LaPresse / LAP
Valentina Raffio
En la entrada del recinto que acoge la cumbre del clima de Brasil hay una pista de skate que este jueves, desde primera hora de la mañana, estaba abarrotada de energía, música y acrobacias. Eran varios los skaters que recorrían de una punta a otra el recinto haciendo trucos y saltos. La mayoría, se veían experimentados en el arte del monopatín. Pero aún así, incluso para estos era inevitable caer en algún tropiezo. En ese caso, según se decían los unos a los otros, lo más importante es volver a levantarse y seguir trabajando hasta lograr el truco perfecto. Este espíritu también se respira en los pasillos de la cumbre de Belém, mientras el encuentro se adentra en sus horas críticas con la promesa de sellar un acuerdo entre este jueves y el viernes. La presidencia afirma que está trabajando con los grupos a puerta cerrada y que, una vez logrado un consenso, presentará ya los “acuerdos definitivos” de Belém y los llevará a plenario para lograr su aprobación.
La cumbre del clima debería terminar, teóricamente, este viernes 21 de noviembre. En los últimos años, estos encuentros se han alargado durante uno o dos días más y, en muchos casos, han acabado por concluir el domingo por puro agotamiento del personal. Este año, la presidencia de Brasil, liderada por André Correa do Lago, se ha mostrado comprometida con el calendario de negociaciones y, de hecho, ha defendido que los “acuerdos de Belém” se aprobarían en dos tandas entre el miércoles y el viernes. Pero ayer viernes, tras una intensa jornada de debates, se aplazó la publicación de los borradores de los futuros pactos de Brasil. El motivo, según se especula, es porque el equipo de Correa do Lago quiere limar asperezas de forma interna, a puerta cerrada, y presentar borradores solo cuando los textos reúnan consenso.
Este jueves la presidencia se está reuniendo con las partes para alcanzar un texto de consenso y, si lo logra, durante las próximas horas podría convocar un plenario para aprobar un primer paquete de acuerdos
Este jueves en Belém todo el mundo se había puesto un despertador antes de las seis de la mañana porque, tal y como trascendió anoche, la presidencia insinuó que publicaría textos a primera hora de la mañana. Pero, según han comunicado hace unas hora a las partes, los líderes de las negociaciones aún están analizando las "aportaciones recibidas por las partes" y a lo largo de la mañana (horario brasileño) se volverán a reunir con los grupos para encontrar fórmulas de consenso. Si las consultas prosperan, la intención es la de convocar un plenario este misma tarde (noche o madrugada española) para intentar la aprobación de un primer paquete de medidas. Paralelamente, se seguirá trabajando en el segundo conglomerado de acuerdos para aprobarlo, si todo va bien, a lo largo del viernes.
La patata caliente de Belém
La clave para entender si esta cumbre acabará en éxito o fracaso, el equivalente a "todo o nada" de la diplomacia climática, es saber cómo Brasil manejará la gran patata caliente de este encuentro: la famosa hoja de ruta de soluciones para dejar atrás los combustibles fósiles. El gran problema, según explica Correa do Lago en una entrevista a 'The Guardian', es que se trata de una cuestión que polariza mucho a los países. "La división es extrema. Hay países muy favorables a la eliminación gradual y otros muy desfavorables. No hay muchos que se muestren indiferentes ante esta cuestión", afirma el líder de las negociaciones de Belém. El martes fueron alrededor de 24 los países que salieron públicamente a reivindicar esta cuestión aunque, internamente, se dice que hay más de 80 apoyos. Países como China o la India están utilizando la táctica del silencio estratégico y, por lo tanto, formalmente no se han ni opuesto ni desmarcado. Simplemente se están manteniendo al margen.
El éxito de este encuentro dependerá de cómo Brasil logrará manejar el gran debate sobre la hoja de ruta para dejar atrás los combustibles fósiles, una cuestión que polariza mucho a los países
Se dice que el presidente brasileño Lula da Silva viajó ayer hasta la cumbre de Belém para reunirse, a puerta cerrada, con los representantes de Europa, la India, Arabia Saudí, Rusia y China para limar asperezas y acelerar posibles acuerdos. Por el momento no ha trascendido información sobre estas reuniones. Eso sí, al finalizar el día pronunció un discurso triunfalista diciendo que "está contento" con el rumbo de esta cumbre y que, de hecho, el éxito cosechado en Belém es un golpe en la frente para Trump y sus allegados negacionistas. Fueron muchos los que aplaudieron su discurso mientras otros, con un toque más escéptico, fruncieron el ceño para recordarle que hasta que no se selle un acuerdo la cumbre no habrá acabado y que, por lo tanto, es aún muy pronto para cantar victoria.
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