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Consumo responsable

¿Qué es el Comercio Justo, la forma ética de comprar y vender que sube en España?

El sistema garantiza el respeto a los derechos humanos, labores y medioambientales de los productores

Productos de Comercio Justo en un estante

Productos de Comercio Justo en un estante / CECJ

Hay una forma de crear riqueza que no lleva consigo el desprecio a los derechos de los trabajadores ni implica dejar una huella negativa en el medio ambiente. Para luchar por un nuevo modo de producir nació el comercio justo a finales de la década de los 50. Eso sí, su fórmula se ha ido mejorando con el paso de los años.

La Organización Mundial del Comercio Justo (WFTO, por sus siglas en inglés) fijó tras su creación diez reglas para definir esta apuesta revolucionaria. Entre ellas se incluye crear oportunidades para organizaciones productoras marginadas económicamente, gestionarse con transparencia y responsabilidad, establecer prácticas comerciales justas (y también pagos justos, tanto en precios como en salarios), así como garantizar la ausencia de trabajo infantil y forzoso. A esto hay que sumar el compromiso con la no discriminación, con la equidad de género y con el empoderamiento económico de las mujeres, y la libertad de asociación. Y, además, garantizar buenas condiciones de trabajo, favorecer el desarrollo de capacidades, promocionar el comercio justo y adoptar una acción climática y en favor de la protección del medio ambiente.

Los países de América Latina son los más favorecidos por el Comercio Justo de España

Los países de América Latina son los más favorecidos por el Comercio Justo de España / CECJ

A nivel global, se ha logrado crear una red robusta, tanto que más de 145 países de todo el mundo comercializan en la actualidad bienes que provienen del comercio justo. Europa es un mercado fuerte y, más en detalle, Suiza lleva años destacando por encima del resto. Según datos de 2019, los ciudadanos de ese país invierten de forma anual 101 francos suizos (alrededor de 110 euros) por persona en este sector.

Aumento sostenido en España

En España, aunque los avances son lentos, estos productos cuentan con una buena acogida. Es más, de acuerdo a las organizaciones nacionales expertas, su presencia está en constante avance. En su informe anual de 2023, el último publicado hasta la fecha, la Coordinadora Estatal de Comercio Justo afirma que la facturación «muestra un crecimiento positivo y alentador» y el producto estrella, no podía ser de otra manera, es el cacao. En concreto, cada español gastó de media 3,20 euros en estos bienes y el total del dinero generado se elevó hasta 156 millones de euros, un 6,9 por ciento más que en el año anterior. Es el alza más pronunciada desde 2019, cuando el volumen del comercio justo casi se duplicó: facturó más de 138 millones de euros cuando durante el periodo anterior la cuantía era casi la mitad (43 millones de euros).

Evolución de la facturación en España

Evolución de la facturación en España / CECJ

Aunque la ropa, los artículos de decoración o los complementos cada vez están más demandados, la alimentación continúa copándolo casi todo y representa el 96,8 por ciento de la facturación total. En concreto, los reyes son los dulces: el cacao (68,7 por ciento del total), ya mencionado anteriormente, y el azúcar (8,1 por ciento). Entre medias se cuela el café (15 por ciento).

Como el mayor nicho de mercado está en productos tropicales, América Latina destaca como la zona más beneficiada, seguida de Asia y África. «En términos comerciales, los países con mayor volumen de transacciones con España en 2023 fueron Perú, India, Uganda, Paraguay y Guatemala, reafirmado la relevancia de estas naciones en la cadena de suministro», cita el informe de la Coordinadora Estatal.

El medio ambiente, en el centro

Una de las organizaciones de comercio justo más reconocidas en España es Oxfam Intermón, cuya actividad engloba desde el cultivo o la producción hasta la venta final, pasando por el aprovisionamiento, el procesamiento y empaquetado, y el transporte. Todo ello poniendo en el centro los derechos laborales, la igualdad de género y la huella ambiental. Según los últimos datos que han difundido, el volumen de compras a productores en el periodo 2024-2025 supera los 3,3 millones de euros y comunidades de 46 países diferentes se han visto beneficiadas.

Productos de comercio justo en un supermercado

Productos de comercio justo en un supermercado / CECJ

Tampoco hay que olvidar que a la cabeza de sus principios está el medio ambiente. «Queremos combatir la desigualdad para acabar con la pobreza y la injusticia. Y, en esta ecuación, la crisis climática cada vez está jugando un papel más crucial: la mitad más pobre de la humanidad es responsable del 7 por ciento de las emisiones causantes del cambio climático, pero las comunidades más pobres y vulnerables son quienes más sufren sus efectos y son, precisamente, quienes no disponen de recursos para hacerles frente», reza su memoria del año 2024. Su objetivo es convertirse en una organización ‘cero emisiones’ en 2045.

Sobre todo, en supermercados

De acuerdo al trabajo de la Coordinadora Estatal de Comercio Justo, en 2023 los supermercados y grandes superficies generaron casi el 82 por ciento de las ventas totales. El pequeño comercio se queda con el 5,1 por ciento, pero, por su cercanía con los consumidores, su papel es vital. Ana Carrascón es miembro de SETEM, una ONG que nació en 1991 con el propósito de «cambiar el mundo» por medio del comercio justo y el consumo crítico. «Cada vez que elegimos un producto u otro estamos eligiendo el mundo en el que queremos vivir. Si conseguimos transmitir la certeza de que tenemos la última palabra sobre qué tipo de empresas queremos financiar… Hay que dejar atrás la culpabilización y abrazar la alternativa», sostiene.

Cada vez que elegimos un producto u otro estamos eligiendo el mundo en el que queremos vivir"

Ana Carrascón

— SETEM

El perfil de cliente de la tienda que SETEM tiene en Madrid se corresponde, sobre todo, con las mujeres de mediana edad. Por eso, Carrascón se marca como reto llegar al público más joven: «Llevamos más de 30 años en el barrio y eso hace que mucha gente nos conozca y nos haya incorporado en su lista de comercios de compra habitual», afirma, e incide en el papel de estas distribuidoras en épocas de gran consumo como la Navidad. «Preparamos muchísimas cestas artesanales de alimentación solidaria repletas de café, té, cacao, chocolates o especias. Nos recuerdan que podemos consumir comercio justo a diario, sobre todo de productos que vienen de terceros países que están muy lejos del nuestro y cuyas condiciones laborales dejan mucho que desear», subraya.

Aunque coincide en que la alimentación gana por goleada, Carrascón cree que la moda es un gran nicho de crecimiento para estas alternativas sostenibles y solidarias. «Creemos que tiene que ver con que cada vez hay una mayor concienciación. Cuando hablamos de derechos laborales es inevitable tirar del hilo de las prendas que llevamos cada día. Es bonito ofrecer opciones que garantizan que no se ha explotado a nadie, que no ha habido vulneración de derechos», dice, y se pone deberes: «Queda un largo camino hasta que todo el mundo asuma la relación que nos une a los que producen lo que consumimos. De ahí la importancia de la educación, de incorporar estos temas desde el colegio», concluye.

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ENTREVISTA. Juanjo Martínez, responsable de Comercio Justo en Oxfam-Intermon:

«Queremos aplicar nuestro esquema a las naranjas de Valencia»

Juanjo Martínez es responsable de Comercio Justo en Oxfam Intermón desde hace casi nueve años y lleva vinculado a la entidad más de 25. Tras toda una vida de lucha por los derechos laborales y medioambientales de las comunidades con menos recursos, celebra la progresión al alza de estos productos sostenibles en España. «Cuando en 2008 creamos una cooperativa de café en Uganda, sus únicos clientes éramos nosotros. Ahora, cada vez más empresas privadas nos superan en el ránking», celebra.

Juanjo Martínez

Juanjo Martínez / Intermon

-¿Qué beneficios tiene el comercio justo para las comunidades locales?

-Nuestras compras son nuestra manera de impactar. De hecho, Oxfam Intermón vende para poder comprar. Somos fieles a nuestros productores, no hacemos una subasta al mejor postor. Sabemos a quién le vamos a comprar el café el año que viene y dentro de dos. Los precios dignos, la continuidad y la generación de oportunidades son las mejores formas de impactar. No obstante, añadimos otros factores. Colaboramos con los productores para que tengan estrategias de género, de medio ambiente, de participación interna, para que hagan más sostenible su actividad y la propia cadena de suministro. Y hay una tercera vía: el impacto demostrativo. Somos capaces de trabajar con el sector privado y demostrar que nuestra actividad económica es financieramente positiva.

-¿En qué punto está en España?

-Nuestras ventas llevan tres años creciendo de una forma fuerte, sobre todo a otras empresas. Para mí, es una señal de que crece el interés de la gente por el comercio justo y por eso estamos explorando otras opciones. El grueso de nuestra oferta la componen el café, el cacao, el te o el azúcar de caña, productos que difícilmente se pueden encontrar aquí, pero hay muchas personas muy interesadas en los productos locales, de proximidad. Por eso pensamos en aplicar los esquemas del comercio justo, por ejemplo, a las naranjas de Valencia. Evidentemente, adaptándonos a una realidad que es muy distinta.

-¿Qué productos con el sello de comercio justo están más valorados por los consumidores?

Destacaría la ropa. Por un lado, hay que tener en cuenta que todo el mundo se viste. Y, por otro, esto hace que 300 millones de personas en el mundo vivan de la producción textil, tanto del cultivo de fibras como en la transformación. Sabemos que en Asia este sector provoca profundas vulneraciones de los derechos humanos y medioambientales, por lo que hay mucha gente que busca alternativas. La Unión Europea está introduciendo directivas que nos obligan a ser conscientes de cómo se ha hecho todo lo que nos ponemos o consumimos.

-¿A qué retos se enfrentan?

Tenemos que innovar y subir nuestros estándares. Por ejemplo, en la calidad de las relaciones con los productores o en la fidelización. En el comercio internacional hay unos costes de transacción muy altos y unos periodos de pago muy extensos que acaban repercutiendo en los eslabones más empobrecidos de la cadena. Y eso es muy injusto. Lo más lógico es que se endeuden más los que más capacidad tienen. Se está viendo cómo incorporar eso a los principios del comercio justo ahora que los estándares empiezan a ser generalizados.

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