Discusión científica
¿Predicen los árboles los eclipses? Dos investigadores ponen los puntos sobre las íes
La actividad eléctrica de las plantas es "un fenómeno real", pero debe evitarse "la pseudociencia", concluyen los autores

Imagen de un eclipse desde un bosque. / Pixabay
Un aumento súbito y sincronizado en la actividad eléctrica de un grupo de abetos, registrado unas catorce horas antes de un eclipse solar parcial sobre los Alpes italianos, fue presentado el año pasado como una prueba extraordinaria: los árboles, según aquel estudio, no solo percibían la inminente alineación celeste, sino que se comunicaban entre ellos para anticiparse colectivamente a ella.
La narrativa, difundida por medios de todo el mundo, encajaba en la extendida fascinación por la 'inteligencia vegetal'. Sin embargo, un minucioso análisis publicado en la revista 'Trends in Plant Science' desmonta aquella afirmación con argumentos científicos contundentes, atribuyendo las señales eléctricas a un fenómeno mucho más terrenal: una tormenta local.
La polémica se centra en una investigación liderada por Alessandro Chiolerio, que en 2025 informó sobre la sincronización bioeléctrica de abetos rojos (Picea abies) durante el eclipse parcial del 25 de octubre de 2022 en el bosque de Paneveggio, en las Dolomitas. Según sus mediciones, la actividad eléctrica de los árboles se disparó aproximadamente medio día antes del evento astronómico.
La invasión de la pseudociencia
Para los autores de aquel informe, esto evidenciaba una capacidad de anticipación basada en la memoria de eclipses pasados y en una comunicación entre ejemplares viejos y jóvenes. No obstante, el ecólogo evolutivo Ariel Novoplansky y su colega Hezi Yizhaq han revisado escrupulosamente aquellos datos y su interpretación. "Para mí, este artículo representa la invasión de la pseudociencia en el corazón de la investigación biológica", afirma Novoplansky.

tormenta eléctrica sobre un bosque. / Pixabay
Es bien sabido que las plantas poseen mecanismos sofisticados para percibir cambios ambientales e incluso prepararse para desafíos futuros, como una competencia por la luz o una sequía inminente, siempre que exista una señal fiable que anticipe ese evento. La cuestión central, según los científicos críticos, es si un eclipse solar parcial constituye un desafío significativo y si existen pistas que le permitan predecirlo.
Los cálculos presentados por Novoplansky y Yizhaq son reveladores: en la ubicación del estudio, la ocultación máxima del sol fue de solo el 21,1%, lo que se tradujo en una reducción promedio de la luz solar de un mero 10,5% durante las dos horas que duró el fenómeno.
Una fluctuación intrascendente
"El eclipse solo redujo la luz en un 10,5 % durante dos breves horas, durante las cuales la cantidad de luz solar fue aproximadamente el doble de la que los árboles podían aprovechar", explica Novoplansky. En una región caracterizada por nubes pasajeras y cambios bruscos de luminosidad, tal fluctuación resulta intrascendente desde un punto de vista fisiológico, ya que la luz disponible seguía estando muy por encima del punto de saturación fotosintética de estos árboles.
La otra premisa cuestionada es la supuesta capacidad predictiva. El eclipse de 2022 pertenece a la serie Saros 124, un ciclo que se repite cada 18 años, 11 días y 8 horas. El estudio original sugería que los árboles más viejos, que habrían experimentado eclipses previos de la misma serie, podrían 'recordar' el patrón gravitatorio asociado.

Secuoias gigantes; los árboles más grandes y viejos muestran una gran actividad eléctrica por su papel de excelentes 'antenas’ naturales. / Jordan Siemens / Getty Images
Sin embargo, un examen detallado de la mecánica celeste muestra que cada eclipse de una serie Saros tiene una trayectoria, magnitud y duración únicas sobre la superficie terrestre. Incluso un abeto de 70 años en ese bosque solo habría vivido tres eclipses Saros 124 anteriores (en 1968, 1986 y 2004), y ninguno de ellos pasó por la misma ubicación geográfica. Por tanto, la experiencia previa sería inútil para predecir el siguiente.
Una tormenta eléctrica
Además, las diferencias en la fuerza gravitatoria combinada de la Luna y el Sol durante un eclipse, comparadas con las de una luna nueva ordinaria o incluso con las de catorce horas antes del evento, son mínimas, varios órdenes de magnitud por debajo del umbral de detección conocido para las plantas.
Frente a la hipótesis de la anticipación cósmica, Novoplansky y Yizhaq proponen una explicación apoyada por datos meteorológicos. La noche anterior al eclipse, el área de estudio experimentó un notable descenso de temperatura, un evento de lluvia y, sobre todo, una tormenta eléctrica: cayeron varios rayos cerca del sitio de estudio.
Analizando los registros de la World Wide Lightning Location Network, los investigadores identificaron que, de los 20 rayos caídos dentro de un radio de 45 kilómetros del sitio en los días analizados, 18 ocurrieron precisamente en la ventana de 14 horas previas al eclipse. Los tres rayos más próximos, dentro de los 10 kilómetros, se concentraron también en ese periodo.
Árboles viejos, "antenas" naturales
Los pulsos electromagnéticos de las descargas atmosféricas, que se propagan en frecuencias extremadamente bajas, son conocidos por inducir respuestas eléctricas medibles en la vegetación. El hecho de que los árboles más grandes y viejos mostraran una actividad eléctrica mayor encaja, según los críticos, con su papel de mejores 'antenas' naturales, no con una supuesta sabiduría acumulada.

Caída de un rayo sobre un bosque. / Unsplash
El artículo de opinión también pone el foco en las debilidades metodológicas del estudio original, que se basó en mediciones de solo tres árboles vivos y cinco tocones en un único evento. La coordinación observada entre los individuos, argumentan, podría deberse simplemente a su exposición simultánea a los mismos estímulos atmosféricos, sin necesidad de invocar una comunicación activa entre ellos.
Los autores advierten sobre el peligro de que narrativas cautivadoras, pero con escaso respaldo empírico, eclipsen el rigor científico en campos emergentes como la electrofisiología vegetal o la comunicación entre plantas. "La actividad eléctrica de los árboles es un fenómeno real, pero todavía es un campo de investigación incipiente", matiza Novoplansky, subrayando la necesidad de hipótesis falsables, réplicas robustas y controles estrictos.
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