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Lucha contra la desertificación

Demostrado: el matorral y los arbustos reducen las emisiones de CO2 y controlan el avance de las tierras desérticas

La vegetación puede transformar regiones hipersecas en sumideros de carbono, concluye un proyecto experimental iniciado en 1978

Borde del Taklamakán con arbustos tal como se ve en la actualidad.

Borde del Taklamakán con arbustos tal como se ve en la actualidad. / Le Yu / Universidad de Tsinghua

Ramón Díaz

Ramón Díaz

En mitad de uno de los paisajes más inhóspitos de la Tierra, un grupo de científicos ha constatado que el matorral y los arbustos pueden desempeñar un papel decisivo en la lucha contra el cambio climático. Tras más de cuatro décadas de observación en el desierto del Taklamakán, en el oeste de China, un equipo internacional ha demostrado que las zonas áridas también pueden capturar carbono, y que se puede frenar el avance de las arenas.

El proyecto, iniciado en 1978 por el gobierno chino, tuvo un propósito doble: detener la expansión del desierto y proteger las tierras agrícolas de Xinjiang. Pero lo que comenzó como una barrera vegetal contra las tormentas de arena ha terminado convirtiéndose en un auténtico laboratorio natural para entender cómo la vegetación puede transformar regiones hipersecas en sumideros de carbono.

"El hecho de que este matorral esté absorbiendo CO2 de manera constante es algo positivo que podemos medir y verificar desde el espacio. Esto no es una selva tropical, es un matorral como el chaparral del sur de California", explica King-Fai Li, coautor del estudio, publicado en la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS)'.

Aumento de la vegetación

El Taklamakán es uno de los desiertos más grandes y áridos del mundo, con temperaturas extremas y precipitaciones mínimas. Pese a ello, las imágenes satelitales más recientes muestran un aumento sostenido de la vegetación en las márgenes del desierto. Según los autores, esta recuperación ambiental está creando "un sumidero de carbono visible y verificable", una rareza en entornos tan secos.

El estudio combinó datos obtenidos de varios satélites, uno de los cuales mide las concentraciones atmosféricas de CO2, y un sensor que detecta la fluorescencia emitida por las plantas durante la fotosíntesis. Los análisis mostraron una reducción de entre una y dos partes por millón (ppm) de CO2 en las zonas reforestadas y un incremento notable en la actividad vegetal.

Fotografía satelital del desierto de Taklamakán.

Fotografía satelital del desierto de Taklamakán. / NASA / GSFC / MODIS Team

Los autores destacan que los resultados del proyecto ofrecen una evidencia concreta de cómo la intervención humana puede modificar el balance de carbono incluso en condiciones extremas.

Frenar la desertificación

Las plantaciones de arbustos resistentes forman parte del programa chino conocido como el ‘Gran Cinturón Verde del Norte’, iniciado como una vasta red de cortinas vegetales para frenar la desertificación. En el caso del Taklamakán, el agua de deshielo de las montañas Tianshan ha hecho posible que los arbustos sobrevivan en los límites del desierto, donde el clima permitiría poco más que polvo y arena.

Durante décadas, el proyecto se mantuvo sin interrupciones, un hecho que los científicos destacan como clave para su éxito. La continuidad política resultó determinante: mientras otros experimentos, como el promovido por Naciones Unidas en el Sahara, se suspendieron con el tiempo, el plan chino logró consolidarse y ofrecer una base de datos única sobre los efectos de la reforestación en zonas áridas.

China abordó esta iniciativa con metas tanto ambientales como sociales. El crecimiento de las dunas de arena amenazaba la seguridad alimentaria y acentuaba las tensiones en un territorio diverso y estratégico. Revertir la expansión del desierto y, al mismo tiempo, reducir la huella de carbono se convirtieron en dos caras de una misma estrategia.

Una pieza del rompecabezas

A pesar de sus logros, los investigadores advierten que el alcance climático de este tipo de proyectos sigue siendo limitado. Incluso si toda la superficie del Taklamakán, similar a la de Alemania, fuera cubierta de vegetación, la absorción anual de carbono compensaría solo unos 60 millones de toneladas de CO2 al año (el 10% de las emisiones de Canadá). En comparación, el planeta emite más de 40.000 millones de toneladas anuales.

Desierto de Taklamakán, en China.

Desierto de Taklamakán, en China. / Pravit

Sin embargo, el valor del proyecto radica menos en su magnitud y más en su demostración práctica. "No vamos a resolver la crisis climática plantando árboles solo en los desiertos", reconoce Li. "Pero entender dónde y cuánto CO2 puede absorberse, y bajo qué condiciones, es esencial. Esta es solo una pieza del rompecabezas", añade.

El mayor desafío para expandir la vegetación en los desiertos sigue siendo el agua. Las plantaciones sobreviven gracias a la escorrentía de montañas cercanas, pero extenderlas hacia el interior requeriría fuentes sostenibles de riego, algo cada vez más difícil de garantizar en un planeta que sufre sequías crecientes. Los investigadores insisten en que cualquier intento de replicar el modelo debe considerar de forma rigurosa la disponibilidad hídrica y las condiciones del suelo.

El desierto atrapa CO2

Estudios complementarios también sugieren que el propio desierto podría atrapar pequeñas cantidades de CO2 por mecanismos físicos asociados a la expansión y contracción térmica de la arena. Este proceso es menor en comparación con la fotosíntesis, pero podría añadir hasta un millón de toneladas de secuestro de carbono al año, un dato que abre nuevas líneas de investigación sobre el papel de los desiertos en el ciclo del carbono.

Los resultados del estudio ofrecen un nuevo enfoque para políticas de restauración ecológica y manejo del carbono. Hasta ahora, las regiones áridas habían sido consideradas irrelevantes para la mitigación climática, pero el experimento de China sugiere lo contrario.

El Taklamakán, antes descrito como un ‘vacío biológico’, muestra signos de actividad fotosintética creciente y de un balance de carbono cada vez más favorable. "Incluso los desiertos no son casos perdidos. Con la planificación y la paciencia adecuadas, es posible devolver la vida a la tierra y, al hacerlo, ayudarnos a respirar un poco mejor", concluye Li.

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