Ecosistemas
No todos los bosques son iguales: los plantados por el ser humano atrapan un 70% menos de CO2
Una investigación desvela que las reforestaciones no tienen la misma eficacia que las masas forestales genuinas y maduras

Los bosques maduros absorben más CO2 que los plantados / Shutterstock
La humanidad sigue afanándose en devastar las masas forestales del planeta, a pesar que son, después de los océanos, el elemento que más CO2 atrapa de la atmósfera. Pero no todos los bosques ejercen con la misma eficacia dicha función. Una investigación desarrollada por investigadores suecos y españoles en el país escandinavo, publicada en la revista Science, pone de manifiesto que los bosques plantados por el ser humano no tienen, ni de lejos, la misma capacidad de absorber carbono.
En un momento en que los países y las empresas se lanzan a una verdadera fiebre reforestadora para tratar de compensar los estragos de la tala masiva de selvas tropicales, el estudio viene a recordar que los bosques prístinos, maduros y genuinos son irremplazables.
Un 70% menos de eficacia
Los investigadores, al estudiar tanto la vegetación como la madera muerta, los restos leñosos y los propios suelos de los bosques, concluyeron que las masas forestales primarias (las más antiguas) almacenan un 70% más de carbono que los bosques secundarios, es decir, los plantados por el hombre. Se trata de una diferencia mucho más acusada de lo que habían determinado estudios anteriores.

Conservar los bosques primarios es una necesidad urgente / Unsplash
Pero, además, el estudio demuestra otro hecho de gran relevancia, a menudo desconocido por la mayor parte de las personas: de todo el carbono que capturan los bosques, la mayor parte no lo atrapan los árboles, sino el suelo de dichos bosques. Así se ha observado en las masas forestales boreales donde se ha llevado a cabo el estudio.
El suelo captura más que los árboles
“En los bosques primarios, los suelos retienen el 64% del carbono total, frente al 30% en los árboles y el 6% en la madera muerta”, indica el estudio.
Este hecho demuestra la importancia siempre ignorada del suelo y la necesidad de que se mantenga en buenas condiciones, con abundante materia orgánica.

Deforestación de un bosque primario / Greenpeace
En todo caso, la desaparición de un bosque primario supone un duro golpe, no solo para la biodiversidad que acoge, sino para la captura de CO2: “La capacidad de almacenamiento que pierde un bosque antiguo o de crecimiento primario, una vez que se ha talado y explotado de manera intensiva, no puede recuperarse fácilmente”, señala Rob Jackson, uno de los autores.
Ahora bien, pese a ello, las forestas de nueva creación siguen ejerciendo una función positiva, aunque de mucha menor intensidad.
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