Biodiversidad
Las ballenas del planeta inician una lenta pero sostenida recuperación
Aunque tres países siguen cazándolas, la prohibición internacional de su captura empieza a dar sus frutos

Las ballenas del planeta se están recuperando gracias a la prohibición de su caza / Shutterstock
Las ballenas del planeta están recuperándose de forma generalizada en los últimos años, gracias a la prohibición internacional de su captura, que entró en vigor hace cuarenta años. Aunque tres países siguen cazándolas (Japón, Noruega e Islandia), lo cierto es que las diferentes especies de estos gigantes marinos están mostrando tendencias positivas en todos los casos, salvo algunas especies y subespecies determinadas. Esta es la situación actual.
Ballena azul y rorcual común
Son los dos mayores animales de la Tierra que existen ahora o han existido jamás. A lo largo del siglo XX, los dos mayores gigantes del mar, la ballena azul (Balaenoptera musculus) y el rorcual común (Balaenoptera physalus), fueron prácticamente exterminados en amplias zonas del planeta por la caza comercial. Entre los años 1913 y 1978 fueron capturadas nada menos que 350.000 ballenas azules y unos 725.000 rorcuales comunes en el hemisferio sur, que albergaban enormes poblaciones de estos cetáceos. El impacto fue tan brutal que la ballena azul de esta región quedó reducida a solo un 3% de todas las que había antes, según cálculos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Y, sin embargo, tras cuarenta años de prohibición oficial de la caza industrial, las poblaciones de estos animales están recuperándose. Así lo ha constatado un estudio publicado en la revista African Journal of Marine Science, que recopila más de seis décadas de registros y observaciones. La conclusión es que desde 2012 se está produciendo un importante aumento de detecciones de estos cetáceos, pues el 95% de las observaciones realizadas entre 1964 y 2025 se ha producido a partir de ese año.
Desde 2012 se está observando un aumento importante de ballenas azules y rorcuales comunes en una de sus principales colonias del planeta
Las observaciones de ejemplares en la zona analizada, frente a Sudáfrica y Namibia, están aumentando desde principios de este siglo. Casi una veintena de registros desde principios de siglo para la ballena azul y hasta 76 para para el rorcual común, aparte de seis varamientos.

Un ejemplar de ballena azul, el mayor animal de la Tierra / iStock
Son cifras que no suponen, ni mucho menos, la recuperación de estas especies, pero sí un esperanzador indicio de cara al futuro. Hay que tener en cuenta, según señala el estudio, que entre 1973 y 2014 solo se habían visto cuatro ballenas azules y dos rorcuales comunes en esta región del Atlántico sudoriental.
Las ballenas azules siguen estando catalogadas como ‘En Peligro Crítico de Extinción’, en tanto que el rorcual figura como ‘Vulnerable’. Algunas estimaciones creen que esta última especie puede haber alcanzado ya el 30% de los efectivos que tenía su población original, previa a la matanza industrial.
Un informe de 2002 estimó el número de ballenas azules existentes en el planeta entre 5.000 y 12.000 ejemplares en todo el mundo, localizados en al menos cinco grupos.
Ballena jorobada
No son las únicas ballenas de las que se constata su progresiva mejora. Sucede lo mismo con la ballena jorobada (Megaptera novaeangliae), cuya población mundial llegó a reducirse más de un 90% y quedó al borde de la extinción. Pero ahora, según el último informe de Naciones Unidas sobre especies migratorias, las políticas de conservación globales han conseguido alejar a las ballenas jorobadas de la desaparición.
La actividad humana redujo drásticamente sus efectivos hasta que, según un recuento elaborado en 1950, para mediados del siglo pasado en esta región del planeta tan solo quedaban 450 individuos.

Ballena jorobada, una de las especies que están recuperándose / Pinterest
En estos momentos se estima que existen unos 80.000 ejemplares adultos de ballena jorobada, de los cuales unos 50.000 habitan en las aguas del hemisferio sur y el resto, en el norte del del Pacífico y norte del Atlántico.
Ballena de los vascos
Una de las especies más raras del mundo, la ballena franca glacial o ballena de los vascos (Eubalaena glacialis) ha tenido durante el último año más crías que en algunas temporadas recientes, lo que despierta ciertas esperanzas sobre su futuro, aunque los expertos advierten de que ello no es suficiente aún para alejar a la especie del riesgo de extinción.
La ballena franca glacial cuenta con una población estimada de tan solo 384 ejemplares y va en ligero aumento tras varios años de continuado descenso. Según los científicos, su población ha crecido más del 7% respecto a 2020.
Ballena de Groenlandia
También la ballena de Groenlandia o Boreal (Balaena mysticetus) está registrando una subida de sus efectivos, según las últimas evaluaciones, aunque esta mejora es muy frágil y aún incierta, pues sus poblaciones pasaron de unos 50.000 ejemplares a tan solo unos centenares. Además, la pérdida de hielo de su hábitat natural debido al calentamiento global no acude precisamente en su ayuda.
Las colisiones con buques, la gran amenaza
La caza industrial ya no es el gran enemigo de las ballenas. Ahora es papel lo desempeña el tráfico de grandes barcos, que arrollan a estos animales, dejándolos muertos o malheridos. El tráfico marítimo, con grandes portacontenedores, petroleros y cruceros turísticos cruzando los oceános, pone en riesgo cada año a miles de ballenas que resultan heridas o mueren tras ser golpeadas por estos buques.

Un calderón, gravemente herido tras ser arrollado por un barco / Francis Pérez
Un estudio dirigido por la Universidad de Washington (EE UU) desvelaba recientemente que el tráfico marítimo mundial se solapa con aproximadamente el 92% del área de distribución de estas especies. Según los investigadores, es importante comprender dónde es probable que se produzcan estas colisiones, porque algunas intervenciones son realmente sencillas de poner en marcha y pueden reducir sustancialmente el riesgo.
La solución propuesta por la mayoría de expertos consiste en obligar a reducir la velocidad de navegación de los buques en las zonas de mayor abundancia de estos animales, pues ello reduciría drásticamente el número de muertes.
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