Especies extintas
Ni perro, ni lobo: nuevo vuelco a los orígenes del ‘tigre de Tasmania’; era pariente del canguro
Una revisión de su configuración craneal y su mecanismo de mordida lo identifican como un marsupial

Imagen del último ejemplar de 'tigre de Tasmania' / david fleay
Un nuevo estudio científico ha dado un vuelco a lo que se conocía sobre el tilacino australiano, al descubrir que este depredador autóctono, más conocido como el ‘tigre de Tasmania’, era totalmente diferente de los lobos y perros salvajes con los que se le comparaba antes de ser extinguido por los humanos.
Investigaciones exhaustivas de cráneos de tilacino (Thylacinus cynocephalus) indican que sus mandíbulas no eran aptas para sujetar animales grandes como las ovejas; en cambio, habrían sido capaces de atrapar presas relativamente pequeñas con potentes mordiscos.
"Nuestros últimos hallazgos sobre sus adaptaciones alimentarias contradicen los mitos que llevaron al tilacino a la extinción", afirma la profesora Vera Weisbecker, líder del estudio y perteneciente a la Universidad de Flinders (Australia).
A menudo se comparaba a los tilacinos con depredadores del hemisferio norte como los lobos, los chacales y los zorros de la familia Canidae. Este parecido les dio el nombre científico de cynocephalus, que significa «cabeza de perro».
Pero, de hecho, los tilacinos estaban más emparentados con los canguros que con los perros. Eran marsupiales, cuyos ancestros se separaron de los demás mamíferos mucho antes de la extinción de los dinosaurios.
Reinterpretación de su mordida
En una importante reinterpretación del mecanismo de mordida del tilacino, publicada en Nature Communications, el equipo de investigación de la Universidad de Flinders y la Universidad de Melbourne descubrió que los cráneos de tilacino presentaban una combinación única de características que no coincidía con ninguna adaptación conocida de los mamíferos carnívoros actuales.
La extraña combinación de un cráneo desproporcionadamente grande, una mandíbula superior larga y prominente, y un hocico ancho similar a una maza, fueron hechos que despertaron la curiosidad de los investigadores y revelaron que el ‘tigre de Tasmania’ tenía una mordida diferente a la de cualquier otro mamífero carnívoro actual.
El coautor del estudio, Douglass Rovinsky, afirma: «Aunque el tilacino promedio pesaba solo la mitad que un lobo, su cráneo, enormemente desproporcionado, era casi tan grande como el de un lobo gris».

Comparación del cráneo del tilacino (centro), con el de otras especies / Nature Communications
Pero, aunque era grande, su hocico no tenía la forma del cráneo de un gran depredador. El hocico del tilacino era largo y delgado, casi delicado, no robusto como el de un lobo gris. En realidad, se parece mucho al hocico de un zorro o un chacal, animales que pueden ser mucho más pequeños que los tilacinos.
Los investigadores afirman que esta peculiar combinación permitía a los tilacinos efectuar mordidas de gran impacto para capturar presas de tamaño pequeño a mediano, como los bandicuts, del tamaño de un conejo. «Cuanto más larga es una mandíbula, más rápido se mueve su punta al morder. Esto aumenta el impacto del golpe. Creemos que el enorme tamaño del cráneo del tilacino le permitía soportar estas fuerzas de mordida», explica Weisbecker.
Rasgo común fuera de los mamíferos
Curiosamente, si bien el ‘tigre de Tasmania’ podría haber sido el último mamífero vivo en presentar la adaptación de «cabeza grande, mordida letal», esta combinación de rasgos es común fuera de los mamíferos.
«Muchos cocodrilos y peces depredadores tienen mandíbulas largas y de cierre rápido que utilizan para capturar presas ágiles como los peces. Sus mandíbulas suelen ser mucho más largas y con frecuencia presentan puntas altas y anchas», añade.

El último ejemplar vivo de tilacino, en los años 30 / Agencias
«Estas similitudes genómicas podrían explicar nuestro hallazgo anterior de que las regiones de los cráneos del tilacino y el lobo muestran patrones de crecimiento similares, aunque sean bastante diferentes en la edad adulta», afirman.
Falsos mitos que los extinguieron
Weisbecker destaca que los hallazgos realizados demuestran la tragedia de la reciente extinción del tilacino. «Fueron cazados debido a mitos que los presentaban como feroces depredadores de ganado, cuando existían pocas pruebas de ello. Su extinción es una historia de ignorancia y falta de respeto hacia la singular fauna australiana y sus guardianes indígenas”.
«Como país a la vanguardia mundial en extinciones de mamíferos, debemos hacer todo lo posible para proteger a las especies supervivientes, igualmente irremplazables», agregó.
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