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PENSAMIENTOS ANIMALISTAS

La enfermedad del yo

La enfermedad del yo

La enfermedad del yo

El único amor sin límite que tienen algunos humanos es el que sienten hacía sí mismos. Siempre he sostenido que algunas personas no tienen corazón. Sí, puede que posean un órgano cuyos latidos impulsen la sangre por todo su cuerpo, pero en sentido emocional ¿Sentir? no sienten.

Sólo así se explica que, constantemente, crean tener la razón, sean incapaces de ponerse en el lugar del otro y jamás se planteen si han obrado bien o mal. Es así, ellos nunca se equivocan y, si por una de esas, un mal día lo hacen, será, única y exclusivamente, por culpa de los demás. Les llamo los enfermos del yo y, desgraciadamente, cada vez son más.

En el mundo de los animales los he visto miles de veces.

Los he encontrado en forma de fotógrafos cuando, a fuerza de flashes, iban arrancando la vista de los animales que usaban para que la gente posara junto a ellos a cambio de dinero, afirmando que ellos lo vivían como un juego.

Otras, en forma de desfasados domadores que explotaban a tigres y leones en sus esperpénticos espectáculos de feria, pero siempre afirmando que los querían como a hijos.

También los encontré en cada una de las actuaciones contra el tráfico ilegal de especies en las que participé junto a la policía. En las mismas, los delincuentes aseguraban que los tenían porque les deban pena y los vendían para asegurarse que, al pagar por ellos, sus nuevos dueños los trataran bien.

Pero, sin lugar a dudas, donde más veces y con más intensidad me he encontrado con enfermos que padecen tan común enfermedad es en los albergues de animales. Allí es habitual verlos deshaciéndose de sus animales y argumentando dicho abandono con comentarios como los siguientes: -Ya no lo quiero. Me cansé de él. Ensucia mucho. Huele mal. Se ha hecho viejo-.

Son solo algunos ejemplos de la enfermedad del Yo. Cientos excusas, miles de culpables y una única explicación: La incapacidad de sentir.

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