8Tras filmar películas tan significativas como «El nombre de la Rosa» con Sean Connery o «7 años en el Tibet» con Brad Pitt, Jean-Jacques Annaud decidió centrarse en los rodajes con animales, habiendo estrenado títulos tan impresionantes como «El Oso» o «El último lobo».

Tuve la oportunidad de trabajar personalmente con él en una de esas películas. Se trató de «SM Minor», una súper producción rodada hace algunos años en los estudios de la Ciudad de la Luz. Por aquel entonces, yo ya había hecho alguna producción importante. Había trabajado junto a Carlos Saura y estaba inmerso en el rodaje de «Asterix y Obelix en los juegos olímpicos», otra súper producción con nombres tan conocidos en su reparto como Elsa Pataki, Gérard Depardieu o Alain Delon.

Mi cometido en todos esos rodajes era garantizar el bienestar de los animales que participaran en las mismas. En Asterix y Obelix, por ejemplo, montamos una cuadra que pudiera albergar individualmente a los más de cincuenta caballos que participaban en el rodaje e, incluso, conseguimos que les permitieran darse baños curativos en el agua del mar.

En el caso de «SM Minor», nuestra misión fue que los cerdos que participaban en su película dispusieran también del máximo confort. Para ello, les montamos charcas artificiales en piscinas y numerosas duchas individuales para pudieran remojarse en las mismas siempre que quisieran. También se cuidó al máximo la calidad de todo lo que comían, suministrándole alimento de máxima calidad y complementos llegados directamente desde Francia. Hasta sus veterinarios personales se desplazaron desde París para atenderlos.

En realidad, los animales no tenían que llevar a cabo grandes acciones en los rodajes, sólo aparecer en los distintos planos establecidos. Sin embargo, a veces se negaban a hacerlo. Entonces, el director, Jean-Jacques Annaud, paciente y comprensivo con los animales, siempre acababa gritando en un perfecto francés -¡Tout le monde à la maison!- mandándonos a todos a casa y posponiendo el plano para otro día.

Por eso, una vez le pregunté por qué rodaba con animales si, a veces, era tan complicado hacerlo, y me contestó que, desde luego, sin duda, a veces lo era, pero siempre infinitamente más fácil que rodar con estrellas. Eso sí que es difícil «mon ami».