DERECHO ANIMAL

La protección animal empieza por la recogida

La crisis de una protectora de Alicante compromete el destino de 400 gatos

La crisis de una protectora de Alicante compromete el destino de 400 gatos / Pilar Cortés

Raúl Mérida

Raúl Mérida

Hace unos días se conocía, primero, que el gobierno de Canarias había autorizado la caza de perros, gatos y hurones asilvestrados que pudieran vivir en el medio natural por el daño que estaban causando a la biodiversidad. Sin embargo, apenas unas horas después se anulaba dicha autorización.

Esta noticia me ha recordado a otras en las que un agente de la autoridad se ve obligado a abatir a un perro por su estado agresivo o porque está poniendo en peligro la seguridad en la vía pública.

Todos estos casos, igual que lo de Canarias, tiene un denominador común y es la ausencia de políticas de protección de animal y la inexistencia, ineficacia o déficit, de los distintos servicios de recogida de animales que operan en la zona. Ni más ni menos.

Por eso, los servicios de recogida de animales son fundamentales para la protección animal. La prueba más evidente es que, en aquellos lugares en los que no funcionan adecuadamente, no tardan en aparecer problemas de todo tipo que acaban pagando los propios animales.

La recogida de animales abandonados de la vía pública, cuando está diseñada y desarrollada no pensando en acciones puntuales, sino en el corto, medio y largo plazo, consigue multiplicar su eficacia y se constituye como un método de trabajo esencial.

Además, es muy importante contar con una infraestructura que pueda responder siempre que haga falta, y no valorar su coste o valía, según el número de animales recogidos en un lugar. Me refiero que no hay que preguntarse para qué se necesita un servicio 24 horas si apenas hay llamadas fuera de horario, ni ver el coste que tiene el mismo anualmente según el número de perros o gatos rescatados. Es un error. Lo que hay que hacer es valorar este tipo de servicios según el personal que hace falta para prestarlos, los medios y preparación que se requieren para ello, y el dinero que el buen funcionamiento del mismo puede costar pero también ahorrar a un ayuntamiento. Ahí está la clave.