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Reunión en la Moncloa

¿Por qué el Gobierno y la Generalitat de Cataluña retoman ahora el diálogo?

Tras estar a punto de romper relaciones por el 'Catalangate', ERC retorna a la 'realpolitik' con el fin de rentabilizar su apuesta de tres años por la mesa de diálogo

Pere Aragonès y Pedro Sánchez, reunidos en La Moncloa. David Castro

No hay amalgama más adherente que la que crea la necesidad. Tras dinamitarse las relaciones entre gobiernos por el ‘Catalangate’, todos los actores han puesto ahora de su parte para retomar el hilo y tratar de sacar lo que se pueda en estos seis meses hábiles que le quedan a la relación entre Gobierno y Generalitat en esta legislatura. Porque el 2023 es año multielectoral y, por tanto, inhábil para los menesteres Estado-Cataluña.

El Gobierno, tras el batacazo socialista de Andalucía, fue a buscar a ERC porque precisa de un sustento parlamentario constante y confiable. Convertir cada votación en un ‘vietnam’ tiene profundas consecuencias en forma de desgaste. Sobre todo si el PP está subido en la ola de las encuestas, como es el caso. Y, además, el Gobierno, sobre todo, necesita unos nuevos Presupuestos Generales del Estado (la inflación de dos dígitos ha roto las expectativas). 

El Executiu de Pere Aragonès, por su parte, después de tres años de apuesta por la mesa de diálogo necesita éxitos visibles de los que pueda presumir Esquerra en una campaña electoral, bajo riesgo, si no los consigue, de ser tildada eternamente de ser ‘pagafantas’. Y, pese a que Pegasus llevó a los republicanos a plantearse la ruptura de las relaciones, el fin abrupto de la mesa de diálogo no solo les hubiera dejado con el cesto vacío, sino que, lo que es peor, hubiera dado la razón a los socios y enemigos electorales de Junts per Catalunya, paladines siempre de la inutilidad de la mesa.

Para llegar a ello había que apartar de la senda del diálogo la molesta piedra del ‘Catalangate’. ERC, revestida otra vez de la ‘realpolitik’, también como gesto, rebajó su exigencia de conocer los pormenores de su espionaje. "Por más que gritemos, nuestras demandas no se cumplirán", señaló a este diario la secretaria general de ERC, Marta Rovira, el domingo.

Así que tras rebajar la exigencia sobre la información, el mínimo con lo que salvar el expediente era la obtención de garantías de que no se volverá a producir un espionaje al independentismo, y al ‘president’, por parte del Estado. Es decir el llamado acuerdo metodológico entre la 'consellera' Laura Vilagrà y el ministro Félix Bolaños, que este viernes han sancionado también ambos líderes.

El posibilismo de ERC

Obtenidas estas, el diálogo se reinicia. A contrarreloj. Otro gesto posibilista de ERC, que facilita la entente, es que de los dos grandes ítems con los que la parte catalana acude al foro de diálogo, autodeterminación y amnistía, a corto, para este esprint, el Govern prioriza la segunda.

Bien, ni eso porque saben que es imposible una ley de amnistía. Pero los esfuerzos por conseguir algo pasan por la obtención de medidas 'antirrepresivas' por parte del Gobierno. Eso es lo que, desde hace ya semanas, se debate lejos de los focos e, incluso, en escenarios insospechados. Fuentes del Govern, por echar agua al vino, advierten, sin embargo, de que la reforma del delito de sedición queda, de momento, "fuera del alcance" inmediato.

Los PGE y la mesa de diálogo, por tanto, entrecruzarán sus caminos. La buena marcha de la segunda facilitará o dificultará la primera.

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