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Perfil

Laura Borràs, la prestidigitadora que está contra las cuerdas

La presidenta de Junts se enfrenta a su peor reto dialéctico tras haber sido condenada por prevaricación y falsedad

El secretario general de Junts, Jordi Turull; la presidenta de Junts, Laura Borràs y el líder del partido en el Parlament, Albert Batet. EP

La Diada de Sant Jordi siempre es especial para cualquier filóloga y amante de las letras. Si además se trata de una doctora en filología románica y profesora universitaria, que ha presidido la Institució de les Lletres Catalanes y ha dirigido la 'conselleria' de Cultura, todavía más. Laura Borràs pasa Sant Jordi recibiendo, recomendando y regalando libros con una gran sonrisa. Sucede que después del 23 viene el 24, y un 24 de abril de hace cuatro años compareció como candidata de Junts al Congreso para hablar de política género y no supo qué decía su propio programa sobre algo hoy tan de actualidad como la gestación subrogada. De hecho, el programa no decía nada sobre ello.

Le sucedió algo similar con las propuestas de su partido sobre el salario mínimo. Y puede parecer que se trata de anécdotas, pero vienen a colación de lo que Borràs representa políticamente: un mensaje personalista, centrado en un único punto del orden del día, que es la independencia de Catalunya cuanto antes y por la vía de la 'confrontación'. Y, en el caso de Borràs, y como le dijo su padre poco antes de morir, de parte de una "prestidigitadora de las palabras" y autodefinida como hija del 1-O. "Es hija, pero no madre, del referéndum", apunta uno de los miembros del 'Estado mayor' que hizo posible esa convocatoria, para subrayar que no ha forjado ninguna victoria en el flanco soberanista.

Ciertamente, Borràs no tenía carrera política previa a la consulta y esa es una evidencia que ella lleva como un estandarte positivo por su libertad respecto a las estructuras de partido y las obediencias debidas. El anverso de esta descripción es que Borràs ha generado y sigue generando una incomodidad creciente no solo fuera de su espacio político sino en el seno de su partido y no ha logrado ninguna victoria electoral a las citas a la que ha concurrido.

Sin límites

Borràs ha tenido una carrera meteórica e intensa, directamente proporcional a la vida de una mujer que duerme unas cuatro horas y trabaja de forma casi compulsiva y apasionada, con un intenso uso de las redes sociales, una agenda de actos a lo largo de toda Catalunya y una actitud combativa y con gran capacidad retórica para conseguir adhesiones apasionadas a su plan de 'combate' con el Estado. De hecho, cuando su ascenso (de 'consellera' pasó a candidata en las elecciones generales en dos ocasiones consecutivas, y después a la Generalitat, para posteriormente dirigir en Parlament y presidir el partido) la llevó a optar a la presidencia del Govern, prometió que proclamaría la independencia si ganaba y el independentismo superaba el 50%. Algo que en sectores de su partido causó estupor.

Borràs no tiene límites, en eso coinciden quienes la apoyan y quienes la detestan. Su estilo, siempre desafiante gracias a la citada capacidad retórica que le permite ir retorciendo los argumentos pese a las evidencias políticas o jurídicas (en escasas ocasiones admite una contradicción o un error) ha generado lo que en la política actual es tan común: la polarización.

El crecimiento de Borràs en el partido ha generado que no solo sea una candidata, sino la líder de un sector definido, articulado y con unas fidelidades a prueba de escándalos. Lo ha demostrado al seguir apostando por su mano derecha, el diputado Francesc de Dalmases, pese a haber abroncado a una periodista y a los testimonios de otras mujeres que denuncian su abuso de poder. Borràs no da su brazo a torcer porque se ha rodeado de un perfil de dirigentes con su misma pasión en favor de un movimiento transversal de 'liberación nacional' que está al margen y por encima de los partidos y los gobiernos. Por ello nunca quiso entrar en el Govern de Pere Aragonès, de ERC, ni que Junts lo hiciera. Ni ha tenido reparos en pedir la salida del Govern cuando se votó al respecto. Tampoco tiene especial interés en las cuestiones programáticas porque alega que es la independencia la que permitirá dar respuesta a los problemas.

La restitución

Una visión que la ha llevado siempre al límite, porque cree en el 'combate' contra todo lo que provenga del Estado. Así, se ha fotografiado con quienes boicotearon un homenaje a las víctimas del atentado de la Rambla (un boicot basado en la teoría de la conspiración del Estado), afirma que tiene una relación 'especial' con los Mossos, acudió a una concentración que el Govern pidió ya no secundar y está en todos los actos de independentistas procesados por altercados o actuaciones ilegales, que denuncian la persecución del Estado. Es fiel al 'expresident' Carles Puigdemont y también compartió 'war room' (despacho en el Parlament) con el que después fue 'president', Quim Torra, que reniega de la autonomía catalana. Es también muy cercana a la eurodiputada de Junts Clara Ponsatí (que considera que la independencia merece pagar el precio de vidas humanas y carga contra todos) y ha decidido que su procesamiento primero y su condena después por corrupción no solo merecen que de un paso atrás sino que quiere que se la restituya como presidenta del Parlament.

Valores heredados

Borràs despliega pasión y autoestima, valores y aptitudes que ha heredado de unos padres con una intensa capacidad de trabajo en el ámbito de la medicina y la venta de seguros. Aptitudes que desarrolló en la escuela Virolai de Barcelona, que la impregnó de un catalanismo progresista y laico. Tras conocer la sentencia, pronunció un mensaje desafiante a las puertas del Parlament, dirigido al conjunto del independentismo, que le ha dado la espalda en su totalidad, con la excepción de la cúpula de Junts, que hace equilibrios cada vez más precarios para evitar un enfrentamiento interno.

Borràs ya lleva tiempo escuchando de sus compañeros de filas exigiéndole que dé un paso atrás, recordándole que estaba imputada (ahora ya condenada) por corrupción, y cuestionando algunos de los pasos que ella ha dado en su intensa carrera. A Borràs le disgusta, pero cuenta con apoyos robustos y cree poder seguir contando con las bases del partido. Siempre apela a la militancia frente a la estructura de la formación, que le dio una victoria inapelable contra Damià Calvet, 'exconseller' y exdirigente de CiU, en las primarias para escoger presidenciable a las elecciones catalanas. Unas bases que llenan teatros y centros cívicos a los que ella acude. Pero todo ello lleva a un interrogante: ¿frenará algún día Borràs, si el partido se lo pide? ¿O seguirá ejerciendo la retórica, con otra estructura política detrás? ¿Se hará con las riendas de Junts, donde convive con dirigentes como Josep Rull que está a las antípodas de su estilo o más bien será apartada? La respuesta, tras las elecciones municipales.

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