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La situación política en la región

Extremadura, sin acuerdo de gobierno ni oposición, entra en una semana clave para su futuro

Cuenta atrás para la investidura de María Guardiola con PP y Vox sin pacto cerrado, mientras el PSOE extremeño está inmerso en pleno proceso de renovación

La presidenta de la Junta en funciones y candidata del PP, María Guardiola.

La presidenta de la Junta en funciones y candidata del PP, María Guardiola. / JAVIER CINTAS

Mérida

La política extremeña se asoma a una semana decisiva con dos frentes abiertos y ninguno cerrado. A tan solo 48 horas del arranque del pleno de investidura de María Guardiola, las negociaciones entre PP y Vox siguen en punto muerto, sin cerrar un acuerdo que garantice los apoyos necesarios para que la presidenta en funciones revalide el cargo. En paralelo, el PSOE, principal partido de la oposición, atraviesa un proceso de renovación que inevitablemente está tensionando al partido, en un momento clave en el que no debería debilitar su capacidad respuesta.

La Asamblea tiene ya el calendario marcado. Este martes día 3 Guardiola dispondrá de tiempo ilimitado para exponer su programa. El miércoles será el turno de los grupos parlamentarios, con intervenciones por tiempos y réplica abierta de la candidata, antes de que tenga lugar la primera votación nominal. En esa primera votación se exige mayoría absoluta (33 de 65 diputados). Si no la alcanza, el reglamento prevé una segunda votación 48 horas después, en la que a la líder del PP le bastaría con obtener la mayoría simple.

Mientras Castilla y León ya ha inauguración su campaña electoral de cara al 15 de marzo, el escenario político en Extremadura sigue marcado por el hermetismo. El presidente de Vox, Santiago Abascal, trasladó el viernes que había dado instrucciones para que las conversaciones con el PP avancen “de una manera muy clara”, con un sistema de negociación “medida a medida, decreto a decreto y partida a partida”, además de plazos y garantías de cumplimiento.

El líder de Vox insiste en que no volverá a aceptar un acuerdo genérico y eleva el listón después de la experiencia de la legislatura anterior, que ha descrito como un episodio de incumplimientos. Además, en el día de ayer aseguró que Vox no está hablando en estos momentos de reparto de cargos ni de entrada en gobiernos (en alusión a Castilla y León y Extremadura), y volvió a pedir al PP que se comprometa a romper todos los acuerdos que mantenga con el PSOE, ya que eso facilitaría mucho que se produzcan esos pactos.

Negociaciones

La cuestión es que, a día de hoy, el contacto sigue sin reactivarse con normalidad. La reunión prevista en Mérida el pasado jueves para retomar la negociación no llegó a celebrarse, pese a que tras la llamada entre Alberto Núñez Feijóo y Abascal se extendió la idea de un posible acercamiento. Mientras, desde el PP se mantiene un discurso de confianza en un entendimiento de última hora, apelando a que existe una mayoría parlamentaria clara si PP y Vox se alinean.

Desde que arrancaron los contactos a mediados de enero, ambas formaciones tan solo han celebrado tres encuentros formales. El peso de la negociación se ha desplazado hacia Madrid, con Génova asumiendo un papel más directo ante la presión del calendario. De hecho, estaba prevista la participación en la reunión del secretario general del PP, Miguel Tellado, quien en 2023 ya actuó como mediador para la entrada de Vox en el Ejecutivo extremeño. Aún así, desde el PP subrayan que Guardiola seguirá al frente de estas gestiones.

Con este punto de partida, el pleno se encamina a un desenlace incierto. Si no hay pacto, Guardiola llega a la primera votación con el respaldo asegurado de los 29 diputados del PP, insuficiente para la mayoría absoluta. Y, si el bloqueo se mantiene, todo quedará a expensas de la segunda votación. Allí el resultado podría depender de un gesto mínimo de Vox, una abstención, o de un acuerdo más amplio que garantice la gobernabilidad durante la legislatura, pues cabe recordar que con esta pretensión Guardiola decidió adelantar las elecciones.

En el PSOE

Pero la incertidumbre no se limita al bloque que debe sostener el gobierno. En los últimos días, los secretarios generales provinciales Manuel Borrego (Badajoz) y Álvaro Sánchez Cotrina (Cáceres) han movido ficha con una convocatoria conjunta de sus ejecutivas, interpretada internamente como un pulso a una gestora que consideran teledirigida por Ferraz. Ambos nombres suenan como posibles aspirantes si se abren primarias, en un escenario en el que también se contempla que la dirección nacional impulse una candidatura alternativa o de consenso.

La gestora, presidida por el delegado del Gobierno en Extremadura, José Luis Quintana, ha convocado el Comité Regional para el viernes 6 de marzo en Mérida con el calendario de primarias y del congreso extraordinario sobre la mesa. Quintana ha defendido públicamente la opción de una candidatura de consenso y ha reclamado “generosidad” y unidad tras el proceso. Ese mismo día podría celebrarse la segunda votación de la investidura si Guardiola no sale elegida en la primera.

Extremadura entra así en una semana crucial para su futuro político con una paradoja: la gobernabilidad depende de un pacto que sigue sin rematarse y la oposición llega a la cita inmersa en un distanciamiento internos. En este marco, Unidas por Extremadura, con Irene de Miguel a la cabeza, y pese a que logró sumar tres escaños en las elecciones autonómicas del pasado 21 de diciembre hasta hacerse con siete diputados, no alcanza la fuerza suficiente para hacerse con el peso de la izquierda, aunque su papel fiscalizador no merma.

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