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Elecciones autonómicas

Andalucía cierra un ciclo electoral con la izquierda en retroceso y el PP más dependiente de Vox

Feijóo confía en seguir sumando victorias parciales que le lleven en volandas a la victoria final en las elecciones generales

Sánchez aspira a mejorar su suelo histórico de 30 escaños para garantizar la paz interna hasta julio de 2027

Encuestas de las elecciones en Andalucía 2026: así están los sondeos

Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, en un cara a cara en el Congreso.

Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, en un cara a cara en el Congreso. / Europa Press

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Las elecciones andaluzas de este domingo suponen, al margen de la lectura estrictamente autonómica, la cuarta y última cita de un curso político y electoral particularmente aciago para el PSOE y la izquierda en general y en el que el PP se ha mostrado, pese a sus rotundas victorias, cada vez más dependiente de Vox, con el que ha vuelto a reeditar alianzas de gobierno. Esa ha sido la dinámica de las elecciones en Extremadura, Aragón y Castilla y León, donde los socialistas han tenido que resignarse a que los populares consoliden otras tantas plazas autonómicas, la primera de ellas gobernada por el PSOE casi tanto tiempo en democracia como Andalucía.

Desde ese punto de vista, poco o nada cambiará cuando a las 20:00 horas de este domingo cierren las urnas en Andalucía y, sobre todo, cuando concluya el recuento, siempre que no se produzca un fallo de las encuestas. La candidata socialista, María Jesús Montero, desembarcada directamente desde el Gobierno central, apenas puede aspirar a salvar los muebles, en el mejor de los casos, mientras que Juan Manuel Moreno, el actual presidente de la Junta, oscilará, como afirman los populares andaluces, entre la "matrícula de honor", léase reeditar la mayoría absoluta de 2022, o el "sobresaliente", lo que supondría quedar al borde de los 55 escaños que le otorgan esa mayoría.

Así las cosas, Alberto Núñez Feijóo seguirá con el plan previsto de cara a las generales del año que viene, donde tendrá una nueva oportunidad, a buen seguro la última, de suceder a Pedro Sánchez en la Moncloa. El líder de la oposición confía en seguir sumando victorias parciales que le lleven en volandas a la victoria final, descontado que tendrá que contar con Vox, aunque aspirando aún a que los de Santiago Abascal acepten no entrar en el Gobierno, algo cada vez más difícil dadas las coaliciones que ya se han vuelto a poner en marcha a nivel regional. Pero sin confiarse del todo. El fantasma de julio de 2023 sigue sobrevolando Génova, pues precisamente en aquella ocasión el éxito del PP en las municipales y autonómicas de mayo, donde el PSOE quedó arrasado en buena parte de los territorios, incluidos feudos históricos como la citada Extremadura, no impidió el varapalo en las generales. E incluso lo potenció, atendiendo a la particular estrategia del presidente del Gobierno de presentarse como la única alternativa a la posibilidad de una coalición con Abascal de vicepresidente.

El núcleo gallego que rodea al líder popular tiene muy presente lo ocurrido entonces, y culpa en buena medida a Abascal de lo sucedido. Primero por movilizar el voto socialista en Cataluña con sus apelaciones a un 155 "permanente". Y, segundo, por su decisión de acudir al debate a tres con Sánchez y la vicepresidenta Yolanda Díaz al que Feijóo decidió no ir. En el cuartel general de Vox, en cambio, creen que fue esa incomparecencia la que frustró el cambio, ligada a la percepción extendida en el electorado de la derecha, merced al éxito en las municipales y autonómicas, de que la victoria "estaba hecha". Fuentes de la cúpula de Vox aseguran que ahora, y si se confirma el buen resultado en Andalucía, e incluso la mayoría absoluta para Moreno, "podemos estar en el mismo escenario".

Pesimismo en el PSOE

Este domingo, Sánchez se juega ganar un año de paz sin casi ruido interno. En Ferraz y en la sede regional del PSOE-A, ha cundido estos días el pesimismo dadas las pésimas predicciones de los sondeos y la aparentemente escasa movilización conseguida. Los objetivos con los que Montero se presenta hoy son finalmente modestos: superar el peor resultado histórico del partido -los 30 escaños de 2022- y que Moreno pierda la mayoría absoluta. Los socialistas han tratado de movilizar a su electorado sin demasiado éxito, según dirigentes provinciales. La impresión general es que la campaña de Montero, centrada casi exclusivamente en la sanidad y en los servicios públicos, no ha sido suficiente para activar a los electores que sí escogieron la papeleta socialista en las elecciones generales.

Si el PSOE mejora los 30 escaños que consiguió en 2022, Montero tendrá cuatro años por delante para consolidarse y seguir cosiendo una organización regional que todavía no está unida. Y Sánchez seguirá con las manos libres para hacer y deshacer en el Gobierno y en el partido sin apenas más ruido interno que el que llegue de Castilla-La Mancha. Si, además, el PP no consigue los 55 escaños de la mayoría, el PSOE podrá presentarse como alternativa a "un PP que siempre necesita a la ultraderecha para gobernar".

Pedro Sánchez y María Jesús Montero, este miércoles en el mitin de Granada.

Pedro Sánchez y María Jesús Montero, este miércoles en el mitin de Granada. / Eva Ercolanese / PSOE

Algunas fuentes socialistas conjuran los malos presagios y apuestan por una leve subida el 17M. "Hay voto oculto socialista que no aflora en las encuestas", asegura a EL PERIÓDICO un dirigente federal que ha hecho campaña en Andalucía. "Muchos han estado indecisos hasta el final, pero una gran parte terminará sumándose", añade un secretario provincial. En Ferraz resaltan que con ocho circunscripciones, el juego de los restos puede hacer bailar tres o cuatro escaños por muy pocos votos.

Si se produce la debacle que pronostican las encuestas, Montero quedará "muy tocada, pero no hundida", admiten desde Ferraz. "Contará con el apoyo de Sánchez y la batalla quedará aplazada hasta las generales de 2027", añade un miembro de la Ejecutiva. Eso sí, los críticos con Sánchez y varios afines al presidente que han criticado su apuesta de convertir a los ministros en candidatos se verán reforzados en sus tesis. Como relata un destacado miembro de la Ejecutiva, "el Gobierno debe proyectar la imagen de que defiende los intereses de los ciudadanos. Al dimitir ministros cada vez que se convocan elecciones, parece que el Ejecutivo protege y está al servicio del partido y no al revés".

En lo que hay práctica unanimidad -incluidas fuentes socialistas críticas- es en negar que una debacle pueda generar un movimiento que amenace el liderazgo de Sánchez. Sí podrá subir la presión para forzar un adelanto de las elecciones generales, como quieren muchos alcaldes para no verse perjudicados por un voto de castigo contra el Gobierno el próximo mes de mayo.

Punto de inflexión en la izquierda

En la candidatura de Antonio Maíllo, Por Andalucía, aspiran a mejorar resultados y ampliar los cinco escaños que lograron en 2022. El objetivo era recoger el voto desencantado del PSOE, pero en este empeño se han encontrado con un competidor al que devaluaron en un primer momento: el partido andalucista Adelante Andalucía, al que las encuestas dan un crecimiento en la última fase de campaña y que aspira a duplicar los actuales dos diputados del Parlamento andaluz. Maíllo ha intentado plantear una campaña pegada al territorio, aprovechando la extensa estructura de IU en la región, y endureciendo su discurso contra el PSOE en materia de vivienda con el objetivo de desligarse del Gobierno central del que forman parte. Frente a esto, Adelante se dibuja como una fuerza sin dependencias externas y en un papel de oposición tanto al Ejecutivo central como a la Junta de Andalucía.

Los resultados electorales determinarán también el rumbo en la izquierda. Algunas voces de Por Andalucía apuntan a cuál será la medida del éxito o fracaso de la campaña. Aunque aspiran a lograr siete asientos, ya advierten de consecuencias imprevisibles en caso de no lograrlo. Si mantienen sus resultados en cinco, hay quien apunta a un paso atrás de Maíllo, que volvió a la arena andaluza ante la falta de candidatos conocidos que pudieran hacerse cargo. Una salida que, de producirse, obligaría a una recomposición de la izquierda andaluza.

En la candidatura, los más pesimistas alertan incluso del riesgo de 'sorpasso' de Adelante Andalucía, que ha mantenido un tono desenfadado en campaña muy centrado en las redes y en el electorado juvenil. "Oposición con una sonrisa, sin estar tan enfadados como siempre vemos a algunos", es como lo describen en la candidatura de García, en un dardo velado a Por Andalucía y todos los conflictos internos que siguen latentes en campaña, donde Podemos ha hecho campaña por libre y sin apoyar a Maíllo.

Ese ruido interno es precisamente otro de los factores que hará de Andalucía un punto de inflexión. Podemos se unió en el último momento a la coalición Por Andalucía, y lo hizo entre críticas por su escasa representación. El partido ha concentrado la campaña en la provincia de Jaén, la única que encabeza, y algunos se malician en las filas de Maíllo de que los morados romperán después de las elecciones, tal como sucedió en 2023 en el Congreso de los Diputados. En caso de que los resultados no sean los esperados, Podemos podrá responsabilizar directamente a IU, y apuntalar también su ruptura a nivel nacional.

Y es que aunque las urnas se abran en Andalucía, todos miran al horizonte de las generales, donde Podemos libra una pugna con el resto de fuerzas de izquierda, que lanzaron en febrero su compromiso para ir juntas en 2027, con el acto 'Un paso al frente'. Los morados llevan meses abonando su hoja de ruta en solitario que en Aragón y en Castilla y León apenas les valió el 1% de los votos, lo que llevó a un volantazo en Andalucía. Pero en el partido advierten: si un acuerdo no sale bien, no se repetirá en el futuro. Y si Podemos queda sin representación -como es posible- podría ser el argumento principal para renunciar más adelante a un acuerdo a nivel estatal. Todo en un momento en que Irene Montero aspira a ser líder nacional de la izquierda alternativa y presiona por aunar fuerzas con Gabriel Rufián para este objetivo.

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