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CINE DE VERANO (2)

"La piscina": deseo, celos y suspense bajo el sol de la Riviera francesa

El clásico de Jacques Deray convirtió unas vacaciones aparentemente perfectas en un juego de miradas, tensión y peligro junto al agua

Alain Delon y Romy Schneider, en 'La piscina'

Alain Delon y Romy Schneider, en 'La piscina' / EPC

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J. A. Giménez

J. A. Giménez

Alicante

La piscina, dirigida por Jacques Deray en 1969, es una de esas películas que parecen construidas con muy poco y, sin embargo, lo dicen casi todo. Un chalet en la Riviera francesa, una piscina azul, cuerpos al sol, silencios, copas, deseo y una tensión que crece sin hacer ruido.

La película pertenece a esa tradición del suspense adulto en la que el peligro no llega desde fuera, sino desde las relaciones entre los personajes. Aquí no hace falta una gran conspiración. Basta con una pareja, una visita inesperada y demasiadas cosas no dichas.

Sinopsis sin destripar la historia

Jean-Paul y Marianne pasan unos días de descanso en una villa cerca de Saint-Tropez. Todo parece responder a la imagen perfecta de unas vacaciones sofisticadas: calor, calma, baño, intimidad y una vida suspendida lejos de la rutina.

Esa tranquilidad cambia con la llegada de Harry, antiguo amigo de Jean-Paul y expareja de Marianne, que aparece acompañado por su joven hija Penélope. A partir de ese momento, el ambiente se carga de celos, insinuaciones y rivalidades. Lo que parecía un verano idílico se convierte poco a poco en un espacio de incomodidad y amenaza.

Ficha técnica

  • Título original: La Piscine
  • Año: 1969
  • Director: Jacques Deray
  • Guion: Jean-Claude Carrière y Jacques Deray
  • Reparto: Alain Delon, Romy Schneider, Maurice Ronet, Jane Birkin
  • Música: Michel Legrand
  • Fotografía: Jean-Jacques Tarbès
  • Duración: 120 minutos
  • Género: drama psicológico, suspense
  • País: Francia / Italia

Delon y Schneider, una tensión que viene de lejos

Uno de los grandes atractivos de La piscina es la presencia de Alain Delon y Romy Schneider, que habían sido pareja en la vida real. Esa historia previa añade una capa difícil de separar de la película: cada mirada, cada pausa y cada gesto parecen arrastrar algo más que simple interpretación.

Alain Delon y Romy Schneider en una escena de "La Piscina".

Alain Delon y Romy Schneider en una escena de "La Piscina". / INFORMACIÓN

Delon encarna a un hombre atractivo, opaco, inseguro bajo su aparente control. Schneider, luminosa y enigmática, sostiene buena parte de la tensión emocional del filme. Entre ellos no hay grandes explicaciones, sino una química hecha de pasado, deseo y resentimiento.

El suspense de lo no dicho

La piscina no funciona como un thriller de giros constantes. Su fuerza está en la espera. Jacques Deray filma los cuerpos, los silencios y los desplazamientos alrededor del agua como si la piscina fuera un escenario cerrado, casi teatral.

En ese sentido, la película conecta con otros relatos donde el verano se vuelve inquietante: A pleno sol, también con Delon, o ciertos dramas de Patricia Highsmith donde el deseo, la clase social y la identidad se mezclan con una violencia latente. Aquí el sol no ilumina: expone.

Jane Birkin y la irrupción de otra juventud

La aparición de Jane Birkin como Penélope introduce otra energía. Su personaje observa, se mueve con aparente inocencia y altera el equilibrio entre los adultos. No es solo una presencia juvenil: es un espejo incómodo para los demás.

La película juega con esa diferencia generacional sin subrayarla demasiado. La juventud, la belleza y el deseo aparecen como fuerzas capaces de desestabilizar un mundo que parecía perfectamente ordenado.

Una película elegante y venenosa

Vista hoy, La piscina conserva una cualidad magnética. Su ritmo puede parecer pausado para quien espere un suspense más explícito, pero ahí está precisamente su encanto: todo hierve por debajo.

Es una película de superficies brillantes y fondos turbios. La casa, el agua, la ropa, los cuerpos bronceados y la luz mediterránea construyen una postal perfecta. Pero cuanto más perfecta parece la imagen, más evidente resulta que algo está a punto de romperse.

Por qué merece la pena

La piscina entiende que el suspense no siempre necesita oscuridad. A veces basta con pleno sol, una copa en la mano y una conversación aparentemente trivial.

Es un clásico de verano porque convierte el descanso en amenaza y el deseo en un campo de batalla silencioso. Una película sofisticada, sensual y tensa que demuestra que los paraísos privados también pueden ser lugares peligrosos.

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