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CINE DE VERANO (11)

"La coleccionista": deseo, ocio y juegos morales bajo el sol francés

Éric Rohmer convierte unas vacaciones aparentemente tranquilas en un duelo de miradas, silencios y contradicciones sentimentales

Haydée Politoff en "La coleccionista".

Haydée Politoff en "La coleccionista". / INFORMACIÓN

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J. A. Giménez

J. A. Giménez

Alicante

Una casa de verano en la Riviera, días lentos, baños en el mar y conversaciones que parecen no llevar a ninguna parte. En ‘La coleccionista’, Éric Rohmer demuestra que el ocio también puede ser un campo de batalla: basta una atracción negada, un poco de orgullo y varias personas convencidas de comprender mejor sus deseos de lo que realmente los comprenden.

Estrenada en 1967, fue la primera película en color del director y forma parte de su célebre ciclo de los ‘Seis cuentos morales’. La fotografía de Néstor Almendros transforma el paisaje mediterráneo en algo luminoso y sensual, pero nunca completamente inocente.

Sinopsis sin destripar la historia

Adrien, un marchante de arte, decide pasar el verano en una antigua villa de la costa francesa acompañado por su amigo Daniel. Su plan es sencillo: descansar, leer y mantenerse alejado de cualquier complicación sentimental.

La aparición de Haydée, una joven bohemia a la que los hombres califican como una “coleccionista” de conquistas, altera ese equilibrio. Adrien insiste en que no siente interés por ella, pero sus palabras, sus decisiones y su forma de observarla empiezan a contradecirse.

Ficha técnica

  • Título original: La Collectionneuse
  • Título en España: La coleccionista
  • Año: 1967
  • País: Francia
  • Dirección: Éric Rohmer
  • Fotografía: Néstor Almendros
  • Reparto principal: Haydée Politoff, Patrick Bauchau y Daniel Pommereulle
  • Duración: 86 minutos
  • Idioma original: francés

La película participó en la competición de la Berlinale de 1967 y recibió el Oso de Plata, Premio Extraordinario del Jurado.

La moral como forma de autoengaño

Rohmer construye la película alrededor de una paradoja: sus personajes hablan sin descanso para evitar reconocer lo que sienten. Adrien convierte sus impulsos en razonamientos y presenta cada decisión como una prueba de coherencia moral, aunque el espectador percibe pronto las grietas de su discurso.

Haydée, en cambio, permanece en buena medida observada y juzgada desde la perspectiva masculina. El supuesto misterio que la rodea dice menos sobre ella que sobre quienes intentan definirla. El título funciona así como una etiqueta interesada: la presunta coleccionista puede ser también la persona sobre la que los demás proyectan sus inseguridades.

Un verano hermoso y ligeramente incómodo

La luz, los cuerpos, las bicicletas y las habitaciones abiertas al calor podrían convertir la película en una postal despreocupada. Sin embargo, bajo esa superficie hay competencia, vanidad y una lucha silenciosa por conservar el control.

‘La coleccionista’ mantiene intacta su capacidad para incomodar porque no juzga de forma evidente. Deja que los personajes se expliquen y permite que sus propias palabras los contradigan. El resultado es una película ligera en apariencia, pero con un poso amargo sobre el deseo, la libertad y la facilidad con la que cada persona fabrica una versión favorable de sí misma.

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