Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

‘Amarga Navidad’, un artefacto autoficcional donde el primer borrador sale a escena

En su última película Almodóvar ha decidido cruzar metaficción y autoficción dando como resultado una película floja para algunos y genial para otros

Fotograma de Amarga Navidad, de Almodóvar.

Fotograma de Amarga Navidad, de Almodóvar.

Carmen Tomàs

Carmen Tomàs

Almodóvar ha vuelto a sumergirse en el mar de la metaficción para confesarse autoficcional. ‘Amarga Navidad’, un artefacto más de un autor que muestra sin pudor que valora tanto la experimentación de la forma como la del contenido, es una muestra de ello.

Aunque a menudo se crucen en la misma obra, la metaficción y la autoficción no son sinónimos. La metaficción se centra en que el relato muestre su propio artificio. Como define Patricia Waugh: esta “draws attention to its status as an artefact”. A través de la metaficción se plantean preguntas sobre la relación entre la ficción y la realidad, una suerte de autorreflexión en la que el relato se mira a un espejo que es la propia narración.

La autoficción, por otro lado, no pone el foco en los mecanismos del relato. Para Serge Doubrovsky, que acuñó el término en 1977,la autoficción se entiende como una escritura situada entre novela y autobiografía, un territorio híbrido donde el autor se convierte en personaje, se reinventa y se narra a través de una verdad literaria más que documental.

Amarga Navidad

Amarga Navidad / -

En ‘Amarga Navidad’ Pedro Almodóvar ha jugado con este último pacto ejecutando los mecanismos metaficcionales y lo ha llevado al máximo: el énfasis en las interpretaciones, en ocasiones teatralizadas (como ocurre con el diálogo entre Bárbara Lennie y Carmen Machi en el hospital) no muestran un relato bajo el estricto código cinematográfico, sino la interpretación de un borrador inacabado. Este borrador se va representando como tal a lo largo de la película, es su esencia y no lo llegamos a ver del todo, porque lo importante en la trama no es otra cosa que el proceso de creación. El borrador sale a escena y deben verse los tachones, los fallos y las primeras versiones. En este sentido, aunque las muestre, la película no tiene fisuras: estas también forman parte de la trama.

Lo que para algunos resulta una pifia será, con el tiempo, una valiente genialidad del autor que ya es de culto y del que él mismo se mofa en la propia película: “¿Qué es un director de culto?”

Tracking Pixel Contents