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Xixona, donde el turrón, el helado y la tradición cuentan la historia de un pueblo

La localidad, considerada el lugar más dulce del mundo, ha convertido su herencia turronera y heladera en un modelo de identidad, economía y cultura

Mañana las jornadas «Menjars de la Terra» aterrizan en el Casino Cultural

Isabel López, alcaldesa de Xixona, y María Nuñez, concejala de Turismo de la localidad, en la edición de Alicante Gastronómica de este año.

Isabel López, alcaldesa de Xixona, y María Nuñez, concejala de Turismo de la localidad, en la edición de Alicante Gastronómica de este año.

Mar Vives

Mar Vives

Las jornadas gastronómicas «Menjars de la Terra» llegan mañana al Casino Cultural de Xixona con una propuesta que rinde homenaje a los sabores auténticos de la montaña alicantina. El menú, elaborado con producto local y una cuidada presentación, combina tradición y creatividad: desde las quisquillas de Santa Pola, el calabacín con rulo de cabra y turrón de Jijona o las croquetas caseras de jamón ibérico, hasta el emblemático giraboix típico de Xixona cmoo plato principal y un dulce final con helado de turrón sobre praliné de almendra.

Sabor eterno

Hay lugares que se saborean antes de conocerse. Xixona es uno de ellos. Basta pronunciar su nombre para que el paladar evoque el turrón, ese dulce ancestral que desde hace más de cinco siglos acompaña las celebraciones familiares de medio mundo. Pero la historia de este municipio de la comarca de l’Alacantí no se detiene en el turrón. Su identidad es un recetario vivo que combina tradición, ingenio y el sabor auténtico de la tierra.

El turrón de Jijona nació de la sencillez. Almendra, miel, azúcar y clara de huevo: ingredientes humildes, cultivados en el entorno, que dieron forma a un producto capaz de conquistar desde las mesas más modestas hasta los banquetes de la Casa Real. Crónicas del siglo XVI ya hablaban del «turrón de Xixona» como un manjar apreciado en toda la península, y desde entonces su fama no ha dejado de crecer.

Turrón de yema tostada de Xixona.

Turrón de yema tostada de Xixona / .

Con Indicación Geográfica Protegida, el turrón de Jijona representa la esencia de un pueblo que ha sabido mantener viva la artesanía sin renunciar a la innovación. Cada 7 de noviembre, además, Xixona celebra el Día Mundial del Turrón, una fecha impulsada desde la localidad, que recuerda al mundo que este producto universal tiene cuna, historia y nombre propio.

Si el turrón es el alma del invierno, el helado artesanal es el regalo del verano. Desde el siglo XIX, cientos de familias jijonencas emprendieron camino con su saber hacer, fundando heladerías en ciudades y pueblos de todo el país. De Barcelona a Bilbao, de Valencia a Sevilla, el nombre de Jijona aparece escrito en carteles, vitrinas y recuerdos familiares, saboreando un helado artesano.

De la misma manera, Xixona ha ampliado su universo dulce en los últimos años. A los maestros turroneros y heladeros se suman hoy chocolateros y obradores artesanos que han encontrado en el municipio el escenario perfecto para crecer. Se elaboran tabletas, bombones, cremas untables y dulces navideños que combinan tradición y creatividad, con la innovación y el mimo por la materia prima como señas de identidad.

Con Indicación Geográfica Protegida, el turrón de Jijona representa la esencia de un pueblo que ha sabido mantener viva la artesanía sin renunciar a la innovación

Con Indicación Geográfica Protegida, el turrón de Jijona representa la esencia de un pueblo que ha sabido mantener viva la artesanía sin renunciar a la innovación / .

Esa diversificación ha convertido a Xixona en el lugar más dulce del mundo, la capital del sabor, donde el producto local se entrelaza con la cultura, el turismo y la sostenibilidad. Porque hablar de Xixona también es hablar de paisaje: de montañas de almendros, carrascas y pinos que nutren una localidad que aprecia la tierra y excelencia.

Quizás por eso Xixona forma parte de Menjars de la Terra: porque representa, como pocas localidades, el espíritu de la cocina alicantina. Una cocina que honra su pasado y mira al futuro con la misma pasión con la que se bate el turrón en los boixets.

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