La cocina de vanguardia de La Manta al Coll redescubre Fageca
La tercera jornada de «Menjars de la Terra» por la Montaña alicantina reivindica la «cuina de la iaia» reinterpretada desde la innovación, con respeto al producto de km 0 y a la memoria gastronómica del territorio

Juani Ruz
Hay iniciativas capaces de enseñarte una provincia entera a través de la mesa y de convertir cada bocado en una forma distinta de recorrer sus paisajes, de entender sus raíces y de detenerse en esos pequeños pueblos que, muchas veces, pasan desapercibidos en el mapa pero no en la memoria de quien los visita. «Menjars de la Terra», las jornadas gastronómicas organizadas por INFORMACIÓN, son precisamente eso: una invitación a viajar sin prisa por la cocina de nuestra tierra, descubriendo producto, tradición y territorio en cada parada. Y en la tercera jornada el camino nos llevó hasta Fageca, concretamente al restaurante La Manta al Coll, un enclave sencillamente espectacular. El trayecto hasta llegar ya anticipaba lo que estaba por venir: montañas infinitas, olivos, nuestro producto estrella, la cereza de la Montaña y una estampa verde que parecía envolver por completo a los visitantes. Allí se respiraba aire puro, calma y esa sensación tan difícil de encontrar hoy en día. Comer en un lugar así tiene algo de mágico.
Si algo define la cocina de La Manta al Coll es precisamente esa capacidad para reinterpretar la tradición. Aquí las recetas heredadas de las abuelas se actualizan con una mirada contemporánea, sin perder nunca su esencia.

Lola Rosique, coordinadora del departamento de Publicidad; Cristina Ripoll, directora comercial de INFORMACIÓN; Ismael Vidal, alcalde de Facheca; Pablo Alcalde, CEO de Exposervi; Marìa Ángeles Ugeda, administración de Exposervi y Paco Bernabé, periodista gastronómico y coordinador de «Menjars de la Terra». / Juani Ruz
Al frente del proyecto se encuentra Alba Llodrà, propietaria y jefa de cocina, quien explicó cómo nació este restaurante en pleno corazón de Fageca: «Desde muy joven quería tener un restaurante aquí, que es el pueblo de mis abuelos. La pandemia me dio la oportunidad de quedarme el bar, volví al pueblo y poco a poco conseguí comprarme una casa, hacer un restaurante y todo un proyecto». En esta casa se realiza una cocina de vanguardia con raíces profundas, donde el producto de km 0 manda y donde cada elaboración busca honrar la gastronomía de la comarca: «Nosotros hacemos la cuina de la iaia, pero le damos una nueva visión. Cuidamos mucho el producto, trabajamos con productos de km 0 e intentamos respetar mucho las recetas de las abuelas para actualizarlas y darles nuestro toque», señala Llodrà.
Bocados de la Montaña
Como aperitivo en mesa, cortesía de la casa, se sirvió un erizo con espencat, un pequeño bocado que concentraba toda la intensidad del mar, aunque el primer pase oficial llegó con el pastelito de foie y boniato. Una auténtica delicia. Dos crujientes capas dulces protegían el foie en su interior mientras descansaban sobre una suave crema de boniato.

Pastelito de Foie y Boniato. / Juani Ruz
Después llegó la coca de mollitas, caballa y níspero, un plato donde las texturas jugaban un papel fundamental. El crujiente de las finas cocas contrastaba con la melosidad de la caballa y el dulzor del níspero, creando un conjunto armonioso.

Coca de mollitas, caballa y níspero. / Juani Ruz
El mosset de pericana fue otro de esos bocados que saben a territorio. Una coca suave y esponjosa coronada con bacalao y pimiento choricero que trasladaba directamente a la cocina tradicional de la comarca.

Mosset de pericana. / Juani Ruz
La degustación continuó con el mintxet de verdura, presentado en forma de empanadilla. Su masa tierna y delicada envolvía un relleno de espinacas y piñones ligero y sabroso, perfecto para seguir disfrutando del menú.

Mintxet de verdura. / Juani Ruz
Y entonces llegó uno de los platos más aplaudidos de la jornada, el bonito en escabeche de frutas. Refrescante, ligero y sorprendente. El bonito compartía protagonismo con frutas como la fresa y la naranja, todo ello bañado con jugo de una especie de lima que aportaba una acidez perfecta. ¿El resultado? Un plato vibrante donde los sabores dulces, salinos y cítricos bailaban al mismo tiempo en boca.

Bonito en escabeche de frutas. / Juani Ruz
Después, la croqueta de la tía Pili llegó para recordar esa cocina de abuela que jamás pasa de moda. Una croqueta de puchero intensa, reinterpretada con un rebozado de panko crujiente que aportaba un toque actual sin traicionar los sabores de siempre.

Croqueta de la tía Pili. / Juani Ruz
Pero el gran protagonista de la comida fue el fartón hojaldrado con carrillada de cerdo y cerezas. Una elaboración brillante tanto por sabor como por concepto. La carrillada, melosa y sabrosa, reposaba sobre un fartón mientras la cereza aparecía en forma de granizado, aportando un contraste de temperatura inesperado y tremendamente acertado. Un plato redondo que integraba de forma magistral el producto estrella de las jornadas. «Me gusta mucho el contraste que hace con la carne, por eso decidimos incorporarla con un juego de temperaturas.», explicaba Llodrà.

Fartón hojaldrado con carrillada de cerdo y cerezas. / Juani Ruz
El apartado dulce estuvo compuesto por dos postres memorables. Primero, la tarta de calabaza «km 0», equilibrada, delicada y con el dulzor justo. Después llegó la espectacular tarta de la iaia Rosario, elaborada con brioche, crema pastelera y merengue. Un auténtico pecado dulce del que no podías dejar de comer. Un cierre sublime para este festín de sabores que fue coronado con el aplauso de los asistentes dedicados a Llodrà y a todo su equipo, reconociendo el enorme trabajo realizado desde cocina.

Alba Llodrà, propietaria y chef de La Manta al Coll, sirviendo emplatando la tarta de calabaza «km 0» y la tarta de la iaia Rosario. / Juani Ruz
Homenaje al territorio rural
Por su parte, el alcalde de Fageca, Ismael Vidal, quiso destacar la importancia de conservar y poner en valor la gastronomía local: «La gastronomía en Fageca es una gastronomía de kilómetro cero. Son platos hechos con mucho amor, mucho cariño y mucha estima. Las familias han sabido mantener y recuperar recetas tradicionales, y La Manta al Coll es un ejemplo perfecto de ello».
Además, el alcalde subrayó la relevancia que tienen iniciativas como «Menjars de la Terra» para municipios rurales como Fageca: «Es fundamental poner en el mapa el despoblamiento, el territorio rural y nuestra gastronomía local. Tenemos un entorno inmejorable y una cocina espectacular. Estas jornadas ayudan a dinamizar la economía local, el turismo y a dar a conocer todo lo que somos».
Próxima parada: Alcoy
«Menjars de la Terra» visita este jueves el restaurante Sant Francesc 52, en Alcoy, para continuar descubriendo la esencia de un territorio a través de recetas que miran al pasado para seguir emocionando en el presente. ¡Buen provecho!
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