Monòver, un territorio de viñedos, cocina tradicional y sabores que cuentan su historia
Monòver reflejan una gastronomía marcada por los productos de proximidad, las recetas heredadas y una cultura vitivinícola que definen su paisaje y su forma de vida
La localidad alicantina acogerá el 14 de septiembre la primera cita de las jornadas «Menjars de la Terra», marcando el inicio de un nuevo recorrido por la comarca del Medio y Alto Vinalopó
La cocina monovera, de raíces mediterráneas, tiene en los productos de la tierra uno de sus principales argumentos.
En el corazón del Vinalopó Mitjà, Monòver se presenta como un municipio donde paisaje, historia y gastronomía forman parte de un mismo relato. Sus más de 13.000 habitantes se distribuyen entre el núcleo urbano y las pedanías en un territorio marcado por la tradición agrícola y, especialmente, por la cultura de la vid.
Hablar de Monòver es hablar de vino, pero también de una cocina vinculada al campo, a los productos de proximidad y a una manera de entender la gastronomía que ha pasado de generación en generación. La identidad culinaria de la localidad se construye sobre platos contundentes, elaboraciones tradicionales y una repostería profundamente arraigada en las costumbres locales.
Una gastronomía ligada al territorio
La cocina monovera tiene en los productos de la tierra uno de sus principales argumentos. Se trata de una gastronomía de raíces mediterráneas, nacida de la necesidad de aprovechar los recursos disponibles y convertida con el paso del tiempo en una de las señas de identidad del municipio.
Entre sus elaboraciones más representativas figuran los gazpachos con conejo y caracoles, uno de los platos que mejor resume el carácter de la cocina local. También destaca el arroz con conejo y caracoles, tradicionalmente preparado al fuego de sarmientos; una forma de cocinar que aporta al plato un marcado carácter y que conecta directamente la gastronomía con el paisaje agrícola y vitivinícola de Monòver.
La lista continúa con recetas como la gachamiga, las fassegures, la olleta y los embutidos artesanales. Son preparaciones que hablan de una cocina de aprovechamiento y de producto, en la que el recetario popular sigue teniendo un peso considerable.
Y si los platos salados representan la vertiente más contundente de la gastronomía monovera, la repostería aporta el contrapunto dulce. Crespells, coca amb oli, toñas, perusas y monjàvenes forman parte de un patrimonio gastronómico que todavía permanece ligado a las celebraciones, las tradiciones familiares y el calendario festivo.
A esta cocina tradicional se suma en los últimos años una mirada más contemporánea hacia el producto local. Nuevas iniciativas vinculadas a la producción ecológica, los alimentos naturales y la proximidad contribuyen a actualizar una gastronomía que, sin renunciar a sus raíces, busca también nuevas formas de expresión.
El vino como hilo conductor
Si existe un producto capaz de explicar por sí solo la relación de Monòver con su territorio, ese es el vino. La viticultura forma parte de la historia económica y cultural del municipio y ha dejado una huella evidente tanto en el paisaje como en la gastronomía.
Entre sus vinos sobresale el Fondillón, una de las grandes joyas de la tradición vitivinícola alicantina. Elaborado con uva Monastrell y caracterizado por su elevada graduación y particular proceso de elaboración y crianza, este vino se ha convertido en uno de los grandes símbolos enológicos de la provincia.
La viticultura forma parte de la historia económica y cultural del municipio / .
Monòver mantiene además una importante actividad bodeguera. En la actualidad, el municipio cuenta con siete bodegas en activo: Bodegas Monóvar, Cooperativa Santa Catalina del Manyar, Bodegas Primitivo Quiles, Bodegas Alejandro, Bodegas Bernal, Bodegas Ortigosa y Bodegas La Zafra. La presencia de estas bodegas permite entender el vino no únicamente como un producto gastronómico, sino como parte de una cultura que conecta agricultura, paisaje, economía y tradición. En la mesa monovera, el vino adquiere así una dimensión propia: acompaña los platos, pero también explica el territorio del que proceden.
Una cocina que cuenta la historia de Monòver
La gastronomía no puede entenderse al margen del patrimonio de la localidad. El crecimiento económico y demográfico experimentado por Monòver durante el siglo XVIII dejó edificios como la Torre del Reloj, la iglesia de San Juan Bautista, la iglesia de los Capuchinos o la ermita de Santa Bárbara. A ellos se suman posteriormente el Ayuntamiento o el Teatro Principal.
El crecimiento económico en la localidad durante el siglo XVIII dejó edificios como la Torre del Reloj o la iglesia de San Juan Bautista. / .
El pasado de Monòver también puede rastrearse a través de sus museos. La Casa Museo Azorín permite acercarse a la vida y obra del escritor monovero, mientras que el Museo de Artes y Oficios, con más de 30.000 piezas, conserva una de las colecciones etnológicas más singulares de la Comunitat Valenciana. En el Fondó, el espacio memorialista recuerda, por su parte, los últimos días del Gobierno de Negrín en la comarca durante la Guerra Civil.
Todo este patrimonio ayuda a contextualizar una gastronomía que no surge de manera aislada, sino que es consecuencia de la relación histórica de los habitantes con el campo, los cultivos y los recursos de su entorno.
Viñedos, almendros y piedra en seco
El paisaje es otro de los ingredientes de la identidad monovera. Con uno de los términos municipales más extensos de la provincia de Alicante, Monòver cuenta con un entorno natural diverso en el que conviven sierras, campos de cultivo y paisajes vitivinícolas.
El monte Coto constituye uno de sus principales espacios naturales, mientras que las construcciones tradicionales de piedra en seco, los viñedos y los campos de almendros dibujan un paisaje estrechamente vinculado a la actividad agrícola. Es precisamente en este escenario donde la gastronomía adquiere todo su sentido. Los cultivos, las bodegas y las recetas tradicionales forman parte de un mismo patrimonio: el de un territorio que ha sabido convertir sus recursos en una cultura gastronómica propia.
El pasado de Monòver también puede rastrearse a través de sus museos. / .
Monòver puede recorrerse a través de sus senderos, como la ruta del Almorquí a las Tres Fonts, la del Xirivell, el tramo del GR-7 o las rutas de los Molinos y la Rambla. Pero también puede descubrirse alrededor de una mesa, entre un plato de gazpachos, un arroz cocinado con sarmientos, un dulce tradicional y una copa de vino.
Por ello, Monòver acogerá mañana la primera cita de las jornadas «Menjars de la Terra», marcando el inicio de un nuevo recorrido, esta vez por el Medio y Alto Vinalopó. El restaurante Casa Sanchiz será el escenario para entender el paisaje y la gastronomía de esta localidad.