El guiso alicantino de toda la vida que también conquista a los veganos: así es la olleta más tradicional
Legumbres, verduras, arroz y cuchara: la receta más humilde y reconfortante de Alicante tiene una versión sin carne que sigue sabiendo a hogar

El plato de cuchara más tradicional de Alicante que también encaja en una dieta vegana / INFORMACIÓN | ChatGPT
Cuando se habla de cocina tradicional alicantina, casi siempre aparecen los arroces. Pero hay un plato de cuchara que sigue ocupando un lugar privilegiado en muchas casas de la provincia y que, además, encaja sorprendentemente bien en una versión sin carne. Se trata de la olleta alicantina, un guiso humilde, contundente y muy ligado a la cocina de siempre que, en su formato más vegetal, se ha convertido también en una opción muy atractiva para quienes buscan recetas veganas o vegetarianas con sabor de verdad.
La olleta no necesita artificios para convencer. Su fuerza está en la mezcla de legumbres, verduras y arroz cocinados a fuego lento, en esa textura espesa que pide pan al lado y en ese aroma que convierte cualquier cocina en una casa de pueblo. Es una receta de fondo, de invierno, de familia y de paciencia, aunque hoy también admite versiones más rápidas para quienes no tienen toda la mañana libre.

Olleta Alicantina. / Pilar Cortés
Qué es la olleta alicantina y por qué sigue siendo uno de los grandes platos de cuchara de la provincia
La olleta alicantina es uno de esos platos que no se entienden sin el territorio. Nació como una receta de aprovechamiento, vinculada a la cocina humilde y al recetario popular, y ha ido cambiando según la zona, la temporada y la despensa de cada casa. De ahí que haya tantas variantes como familias que la preparan.
Su nombre procede de la olla o recipiente de barro en el que tradicionalmente se cocinaba, y su base suele repetirse con bastante fidelidad: alubias, lentejas, arroz y verduras. A partir de ahí, cada comarca y cada hogar introduce matices. En algunos puntos se cambia el arroz por trigo tierno, dando lugar a la conocida olleta de blat, y en otros aparecen ingredientes cárnicos. Pero la versión vegetal sigue teniendo todo el sentido del mundo y conserva intacto el espíritu del plato.
Un plato tradicional de Alicante que encaja muy bien en una versión vegana
Una de las grandes virtudes de la olleta alicantina es que, sin necesidad de forzar la receta, puede prepararse perfectamente sin carne. Al estar construida sobre legumbres y hortalizas, la base ya tiene suficiente personalidad para funcionar sola.
Eso la convierte en una opción especialmente interesante para quienes quieren comer más vegetal sin renunciar a los sabores de siempre. No hace falta inventar nada raro: basta con respetar el guiso, trabajar bien el sofrito y dejar que el tiempo haga su parte. El resultado sigue siendo una comida completa, saciante y muy reconocible para cualquier alicantino.
Los ingredientes de la olleta alicantina sin carne
- 70 g. de alubias blancas
- 70 g. de alubias pintas
- 50 g. de lentejas
- 100 g. de garbanzos
- 200 g. de arroz
- 1 manojo de acelgas
- 1 trozo de calabaza (250g aproximadamente.)
- Un par de pencas
- 1 nabo
- 3 o 4 patatas
- 1 cebolla
- Aceite de oliva virgen extra
- Pimentón dulce
- Sal
- 1 ñora
- 1,3 litros de agua
Lo interesante es que la receta no exige rigidez absoluta. Se puede adaptar a lo que haya en casa o a la verdura de temporada. Hay quien sustituye las acelgas por espinacas, cambia el nabo por chirivía o ajusta la combinación de legumbres. Esa flexibilidad forma parte de la propia identidad de la olleta.

¿Cómo hacer una olleta alicantina? Receta para preparar este plato tradicional de Alicante perfecto para veganos / informacion.es
Cómo hacer olleta alicantina paso a paso
- Pon las legumbres a remojo la noche anterior. Deja en agua las alubias blancas, las pintas, los garbanzos y las lentejas para que luego la cocción sea más uniforme.
- Prepara el sofrito. Pica la cebolla y sofríela con aceite de oliva y un poco de pimentón. Cuando esté pochada, añade la ñora y remueve bien.
- Incorpora el agua y las primeras verduras. Agrega el agua, las legumbres escurridas, la calabaza y el nabo. Deja que el conjunto empiece a cocer a fuego lento.
- Añade el resto de hortalizas. Cuando el guiso lleve un tiempo al fuego, incorpora las patatas, las acelgas y las pencas.
- Controla la textura del caldo. La olleta debe quedar espesa, pero no seca. Si ves que necesita más líquido, añade un poco de agua antes del arroz.
- Echa el arroz al final. Incorpóralo cuando el resto de ingredientes esté ya bien integrado y deja que termine de cocerse hasta que el guiso quede meloso.
- Sirve bien caliente. La gracia de la olleta está en esa textura de cuchara, densa y reconfortante.
El gran secreto de la olleta: tiempo, cuchara y paciencia
Más allá de los ingredientes, lo que define de verdad a la olleta alicantina es la manera de cocinarla. No es una receta pensada para correr. Su carácter aparece cuando las legumbres se integran, las verduras se deshacen parcialmente y el caldo gana densidad.
Por eso sigue siendo uno de esos platos que remiten a una cocina más pausada. Una cocina sin prisas, donde el fuego lento hace buena parte del trabajo y donde el resultado final importa más que la estética.
La versión rápida que hoy usan muchas casas
Eso no impide que existan versiones más prácticas. Quien quiera ahorrar tiempo puede recurrir a legumbres ya cocidas, a la olla rápida o incluso a un robot de cocina. No será exactamente igual que una cocción lenta tradicional, pero sí permite acercarse al plato sin complicarse tanto.
Esa adaptación explica también por qué la olleta sigue viva: porque ha sabido mantenerse como receta de fondo, pero sin quedar atrapada en otro tiempo.
Por qué la olleta alicantina sigue siendo una receta imprescindible
La olleta resiste porque ofrece justo lo que promete: sabor, tradición y una sensación de comida completa que pocos platos consiguen con tan poco. En una gastronomía tan rica como la alicantina, este guiso conserva un lugar propio por méritos evidentes.
No tiene la fama de otros platos más fotografiados, pero sigue siendo uno de los grandes símbolos de la cocina de cuchara de la provincia. Y quizá ahí esté su fuerza: en no haber necesitado nunca adornarse demasiado para seguir siendo imprescindible.
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