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Tú y yo somos tres

La crítica de Monegal: Este juicio por violación no interesa hacerlo visible

José María López, en una imagen de archivo.

Acaba de iniciarse en el juzgado de lo Penal número 18 de Madrid el juicio por supuesta violación y abuso que sufrió la concursante Carlota Prado en el programa ‘Gran Hermano 18’, producido por la productora Zeppelin y emitido por Telecinco bajo el nombre de ‘Gran Hermano Revolution’.

Los sucesos ocurrieron la madrugada del 3 al 4 de noviembre de 2017. El juicio se ha demorado cinco años por el grave quebranto emocional y psicológico de la víctima, Carlota Prado, que ha tenido que estar en tratamiento médico durante todo este tiempo. El ministerio fiscal acusa a otro concursante del programa, José María López, como autor de la supuesta violación. No obstante, de aquella infame sesión televisiva del 2017 parece difícil exonerar de responsabilidad a la productora y a la cadena. Ambas fueron corresponsables de aquella noche de fiesta en la ‘casa-jaula’ de Guadalix de la Sierra, en la que al parecer se facilitaron bebidas alcoholicas a los concursantes. Y sobre todo responsables de lo que ocurrió después de la supuesta violación, el miserable tratamiento que recibió Carlota en el ‘confesionario’, aislada, pidiendo ayuda, y la organización mostrándole imágenes de su propia violación cuando ella estaba inconsciente y aturdida. Todo aquello fue muy cafre, sí. La propia Carlota declaró, tiempo después, que le habían ofrecido 25.000 euros para que tuviese la boca cerrada. Y ya sabemos también que la única preocupación de la cadena fue intentar tapar el caso para que no se produjera una fuga de anunciantes. Es decir, preservar ante todo la entrada de dinero de la publicidad, cosa que no consiguieron del todo y no tuvieron más remedio que aparcar la marca ‘Gran Hermano’ 'sine die'. De modo que este juicio que ahora, cinco años después, ha podido comenzar, merece atención y seguimiento. Una atención y un seguimiento que no parece, por ahora, que la tele esté dispuesta a dárnoslo. 

No he visto --por ahora-- en ningún informativo de las cadenas del gran telehipódromo, que le hayan dedicado a esta apertura de juicio ni un segundo. No he visto despliegue de cámaras. Ni la necesaria cobertura televisiva, tan habitual en casos de supuestas violaciones y abusos. Si esta opacidad sigue, solo demostrará una cosa: la gran hipocresía que hay instalada en la industria televisiva. Su gremialismo enfermizo. Su infame forma de taparse entre ellas mismas.

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