Una persona sensata no se instalaría en Bélgica aunque Hacienda le reclamara el 105 % de sus ganancias. Sin embargo, Gérard Depardieu sale en estampida hacia el país vecino, porque Hollande ha cumplido su promesa de que las grandes fortunas contribuyan al equilibrio de las finanzas francesas. Su exilio dorado es inaceptable, y no sólo por el destino elegido. Se ha comportado como... un tenista español, porque el patriotismo de los atletas aventajados se detiene en el ventrículo izquierdo del corazón, también llamado cartera.

Carlos Moyá ha paseado con orgullo el nombre de España por el mundo, pero su residencia está fijada por motivos fiscales en la ciudad suiza de Ginebra. En el caso más accidentado, Arantxa Sánchez Vicario se domicilió en Andorra. Sin salir de España, el conflicto fiscal golpeó a Rafael Nadal por mor de las sociedades que radicó en condiciones ventajosas en el País Vasco. Este comportamiento no impidió que Zapatero lo exaltara a "símbolo de cómo hacer las cosas", en presencia de los tenistas españoles que no recurren a cambalaches geográficos.

En descargo de los tenistas españoles, el equipo íntegro francés de Copa Davis -Tsonga, Monfils, Simon, Gasquet- reside en Suiza, por lo que sería más correcto hablar de Copa Davos. Aumentando las revoluciones, Fernando Alonso cotizó durante años en tierras helvéticas, antes de reintegrarse en Asturias. Jorge Lorenzo corre a Andorra, y Pedrosa conduce por Londres. El entonces diputado Joan Herrera, líder de Iniciativa, llegó a plantear que se prohibiera participar bajo bandera española a quien tributara en otro país.

En el deporte de la pantalla, la rabieta de Depardieu puede deberse a su papel episódico en Vida de Pi, porque Hollywood sólo lo requiere como sucedáneo de Jean Reno. El actor debió prever que los símbolos son inamovibles. La Torre Eiffel será francesa donde quiera que vaya, salvo que nadie la visitará en Bruselas.