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Desde mi cabina

La cuenta atrás de González

Los comentarios antes y después del pleno iban en la misma dirección: este equipo de gobierno, ¿cuánto durará? Los más optimistas le daban de vida año y medio, los pesimistas, ni siquiera seis meses. La argumentación tiene su lógica si analizamos una corporación multicolor en la que los partidos de derecha son mayoría pero va a gobernar la izquierda. Una paradoja que sólo se puede explicar por la política de tierra quemada que practicó Mercedes Alonso en sus cuatro años de mandato.

Carlos González tiene dos retos apasionantes, aunque quizá sea más fácil escalar el Everest que sacar esta legislatura adelante. Por un lado debe gestionar una ciudad -la tercera de la Comunidad Valenciana-, que ha sido feudo socialista -salvo el periplo de Alonso- más de 33 años, con alcaldes que más o menos han pasado a la historia por su positiva contribución al desarrollo de Elche. Por otra parte, debe saber pactar con dos fuerzas políticas que son su sustento pero a la vez pueden ser su perdición (Compromís e Ilicitanos por Elche). El líder socialista en este aspecto debe hacer gala de una de sus mejores virtudes -el diálogo y el consenso- para desactivar egos y mitigar los encontronazos que seguro se van a producir por la acción de gobierno. Porque González, aunque también le apoye Jesús Pareja, del Partido de Elche, va a gobernar en precario y con una línea roja que no podrá sobrepasar si no quiere irse antes de tiempo a la oposición.

El titular de esta información es un tanto engañoso. Incluso puede tener varias interpretaciones lo de la cuenta atrás, en positivo o negativo, según con los ojos que se miren. Quizá tenía que haber sido titulado algo así como: «González cogido por los .....» pero es demasiado descriptivo, vulgar y de mala educación para reproducir en su literalidad. Sin embargo se aproxima más a lo que estaba pensando la mayoría de las personas que ayer abarrotaron el salón de plenos.

Porque el Ayuntamiento se ha convertido en un tablero de ajedrez. Hay un rey, esperemos que no sea «pasmado», por su bien, y dos reinas: una juega en una ideología próxima a la de González, es decir, va con las blancas, y la otra, es la reina negra, que puede quitar o dar el trono. Además sus ideas no concuerdan ni con las del PSOE ni con las de Compromís, más bien quiere practicidad en el Consistorio y una gestión basada en un continuo trabajo, donde se prime la eficacia frente a la burocracia habitual de las instituciones. No ha abrazado ninguna ideología aunque procede del PP. Es el peaje que tiene que sufrir el PSOE por haber obtenido unos pobres resultados en Elche. Ahora le toca negociar con dos «reinas» en una misma colmena. Es algo contranatura pero si lo logró en las primarias del PSOE, ¿por qué no ahora?

Aunque en estos momentos haya muy buenas intenciones, caras muy sonrientes y el alivio -para algunos- de haber derribado a Alonso, que no al Partido Popular, existe mucha desconfianza en el tripartito (Pareja está de invitado, o más bien, de sobrero, si hablamos en lenguaje taurino). Ayer había que ver la cara de Carlos González cuando se aproximaba la hora de inicio del pleno y Cristina Martínez aún no había entrado en la sala de sesiones. Cuando irrumpió como una «diva» y todas las miradas se centraron en ella, el ahora alcalde suspiró de alivio y su cara recobró el color. Y no es para menos, después de saber que hasta el último minuto habían cortejado a la líder de Ilicitanos para que sus dos votos cambiaran el signo e hiciera inviable un gobierno de progreso, o de cambio, como gusta espetar a Mireia Mollà. Martínez tiene defectos como todo el mundo pero cumple con su palabra; qué se lo digan a Alonso y su último año de auténtico calvario.

Fue sintomática la intervención de la líder de Ilicitanos como también lo fue la de David Caballero, de Ciudadanos. Y los dos, con distintos tonos y matices, fueron muy claros y dejaron abierta la puerta a una futura colaboración con el Partido Popular. En el caso de Ilicitanos es una advertencia clara a sus socios de gobierno. En el de C's se notó cierto anhelo de atesorar experiencia y protagonismo y dejar que transcurran los meses hasta que pasen las elecciones generales. Incluso la formación de Caballero lanzó flores a Mercedes Alonso, en una inteligente maniobra de tender puentes y de dejar abierta la posibilidad de formar otro gobierno con las tres o cuatro formaciones de centro derecha que han sacado mayoría absoluta el 24 M. Pero el punto más emotivo lo dio Martínez. Y es que ella viene del PP y dar el apoyo a un gobierno de izquierdas me imagino que es algo parecido a como ser del Madrid y fichar por el Barça.

Por último Mercedes Alonso hizo un discurso cercano y de reconciliación con todas las fuerzas políticas. Su aspecto era tranquilo, sosegado, la imagen de una persona que después de haber vivido unas semanas de infierno había logrado tanto la reconciliación consigo misma como con el resto del mundo. Quizá haya reflexionado sobre la necesidad de dar un cambio a su rumbo político. Claro, toda transformación radical suele venir acompañada de los revolcones que te da la vida. También es verdad que ha arrojado demasiado pronto la toalla y se ha dado cuenta de que hay vida después de la muerte. Este gobierno a tres bandas nace muy condicionado y con una debilidad manifiesta. Alonso puede tener su oportunidad si Carlos González no sabe contentar y consensuar sus proyectos con Compromís e Ilicitanos.

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