Hablamos en una tertulia radiofónica sobre Woody Allen y la hipocondría, y comento que el neoyorquino es uno de mis directores de cine favoritos, y que me encanta su poderoso talento e inteligente humor, siendo probablemente, por otra parte, el realizador que más ha difundido el psicoanálisis en el cine.

Y recuerdo que en sus películas ha creado un personaje fácilmente identificable a través del que, con ingenio y originalidad, aborda temas como el amor, las relaciones de pareja, la amistad, o el azar, pero también la salud y los médicos, quienes se muestran con habitualidad en sus filmes plenos de agudeza y de ironía, y en los que la hipocondría también aparece como acostumbrada protagonista.

Como sucede en «Hannah y sus hermanas», dirigida, escrita y protagonizada por Allen, que es una película entre el drama intimista y la comedia romántica, y una de mis favoritas, que cuenta varias historias cruzadas de relaciones humanas en las calles de Nueva York, y a ritmo de jazz, y de la que evoco su personaje neurótico y preocupadizo, lo que me lleva a señalar que tener un miedo desmesurado a padecer una enfermedad, o una exagerada inquietud por pensar que se tiene, son los factores que llevan a considerar que una persona padece hipocondría. Es decir, la exagerada intranquilidad y nerviosismo por sufrir enfermedades, lo cual lleva a mantener una tendencia permanente a la auto-observación y el descubrimiento de posibles síntomas. Y es que la hipocondría es en realidad una obsesión, por lo que manejando nuestros pensamientos de un modo sereno crearemos reflexiones y sentimientos adecuados, estimulando actitudes positivas y minimizando los síntomas de esa supuesta posible enfermedad.

Y alguien apunta que Allen ya ha cumplido ochenta años y que inauguró el último festival de Cannes con la película «Cafe Society», que me perdí en su estreno en España, y que es una comedia romántica ambientada en los años treinta y que habla del carácter esquivo del deseo y de las dificultades de la vida sentimental, y me digo que ojalá Allen siga con su propósito rodando durante mucho tiempo una película cada año, así como que no faltaré a mi compromiso de ver, siempre que pueda, todas sus películas, en las que me encanta encontrar muestras de su vigoroso ingenio.

Y sigue la tertulia, y hay críticos y detractores de Allen, y admiradores y defensores, y opiniones sobre la hipocondría, y todo resulta muy agradable e interesante. Y termina el programa, pero sigue la conversación y el coloquio, hasta que alguien pregunta por la farmacia más cercana, y otros, y qué buena idea, proponen ir a tomar un café.