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Un megacentro comercial en Alicante: ¡Estos romanos deben estar locos!

En una de las más divertidas, ecologistas y agudamente críticas aventuras de Asterix y Obelix, se cuenta el destino de La Residencia de los Dioses. El emperador Julio César tiene la brillante idea de construir alrededor de la aldea de los galos un gigantesco resort turístico. Goscinny y Uderzo nos describen el proyecto urbanístico de César de un tamaño monumental, descontextualizado pues sitúan un lujoso palacio romano en medio del bosque de los jabalíes de Obelix y con una propuesta de actividades «modernas» que contrasta con la tranquila vida campesina de los encantadores galos. Ante esta desmesura, Obelix no se cansa de repetir «estos romanos deben estar locos». Es lo que el sentido común de Obelix, tan grande como su barriga, le dice ante un megaproyecto absolutamente incompresible -y que solo se justifica por los intereses de conquista del emperador Julio César.

Cuando se leen las noticias acerca del proyecto de construir un megacentro comercial -asociado a la implantación de un centro de Ikea- junto a la rotonda de la Universidad de Alicante, solo nos queda repetir las palabras de Obelix: estos romanos deben estar locos. Porque, no existe justificación alguna a este proyecto.

Al igual que La Residencia de los Dioses era un señuelo que ocultaba las intenciones de conquista de César, Ikea es una pantalla discursiva que oculta el verdadero interés del proyecto, el desarrollo de un megacentro comercial que no solo es absolutamente innecesario sino que afectaría muy negativamente a un amplio territorio de la provincia de Alicante. Su impacto alcanzaría esferas tan diversas como el comercio, la vida urbana o el tráfico y a una escala territorial. Sería importante, entonces, asentar el debate sobre el problema principal, el megacentro comercial y los intereses particulares que se ocultan.

Cabe volver a recordar lo que en este mismo medio han dicho, cargados de sentido común, arquitectos, ingenieros, periodistas, juristas, e incluso el propio ministerio de Fomento. De forma concisa. Ni la localización, ni el tamaño, ni el contenido de la nueva propuesta de megacentro comercial son justificables. Los costes superarán con creces a los beneficios y de nuevo triunfará la «ciudad del promotor» sobre los intereses de los ciudadanos (ver J.R. Navarro, INFORMACIÓN 23.01.10). Porque ésta es la razón que explica la sinrazón de la propuesta y no, desgraciadamente, los 200 empleos nuevos que puede generar el establecimiento de la multinacional.

Repasemos brevemente lo que se ha señalado sobre su localización frente a la UA. Es más que evidente que la A-7 a su paso por Alicante está sobresaturada. Si al tráfico de largo recorrido de la A-7, le sumamos que los alicantinos seguimos empleado la A-7 como una circunvalación exterior, que además nos conecta con la Universidad, los municipios colindantes y con las comarcas del Vinalopó y L'Alcoià. Me pregunto qué vamos a hacer con los 15 millones de vehículos que las exitosas cifras que se ofrecen auguran que llegarían anualmente al megacentro comercial. Hasta Fomento reconoció que no era sostenible esta carga de tráfico. Las noticias que están apareciendo en la prensa de que primero se debe aprobar el proyecto, mediante la figura extraordinaria de Actuación Territorial Estratégica (ATE) y luego, si eso, ya arreglaremos el tema de los accesos, no parece una postura muy razonable. Se echa en falta un poco del sentido común de Obelix .

Esta ausencia de justificaciones se hace más notable cuando nos fijamos en el tamaño espacial del proyecto. No solo se proyecta otro centro comercial, otro más, sino que sus proporciones son aún más desmesuradas que las que proponía Julio César para su residencia en torno a la aldea gala. Su tamaño es comparable al de los grandes centros comerciales de las mayores urbes españolas, cabiendo en él los tres centros comerciales que todavía funcionan en Alicante. Definitivamente, estos romanos están locos. No cabe duda alguna que será un agujero que absorberá la capacidad de atracción de los centros comerciales de Alicante Elche, Elda y Benidorm.

Y si no es justificable ni la localización, ni el tamaño, mucho menos el contenido del proyecto. ¿Alguien puede justificar un megacentro comercial con más tiendas de lo mismo, con las mismas cadenas, y con más salas de cine? ¿Alguien puede imaginar que haya demanda para tantas tiendas y locales? ¿Qué pasará con la vida urbana en ese centro y en esos barrios situados en torno al resto de centros comerciales? ¿Han pensado nuestros dirigentes en el efecto que puede tener sobre la seguridad ciudadana, un centro que se despoble del pequeño y mediano comercio? ¿Y sobre el turismo? ¿O sobre el empleo? Se les llena la boca de los miles de empleos que se van a generar pero ¿se ha calculado los que se van a perder? ¿Se ha evaluado el efecto sobre la industria del mueble provincial o sobre el pequeño comercio? ¿Alguien duda, que los nuevos locales que se abran serán levantados sobre aquellos que se cierren en Plaza Mar o Gran Vía? O ¿es que estamos tan locos de pensar que puede haber en Alicante dos Primark, tres Cortes Inglés y cuatro Zaras? Deberíamos preguntarnos para quién se proyecta este desarrollo. Quiénes van a ser los beneficiados y quiénes los perjudicados. Porque en la evaluación correcta de un proyecto de esta envergadura también debe incluirse el análisis de costes y de sus impactos negativos.

Queda en esta reflexión sobre la desmesura, un elemento a tener muy en cuenta. Si ni la localización, ni el tamaño, ni su contenido son justificables ¿cómo se va a defender la propuesta de ATE ante los tribunales? ¿Cómo justificar ante el Tribunal Superior de justicia Valenciano lo que es injustificable? Porque es muy probable un escenario de impugnación jurídica por algunos de los grupos de afectados. Recuérdese que la ATE es una fórmula excepcional. Por ello necesita una justificación muy, muy razonada. Tenemos la reciente paralización del caso Rabassa-que de forma alguna puede ser desligado de este proyecto- como ejemplo de que propuestas urbanísticas anómalas han sido rechazadas por los tribunales. Porque el ATE propuesto, tiene como objetivo acelerar los trámites, reducir la participación pública a su mínima expresión y facilitar los procesos especulativos en beneficio de unos pocos. Es decir, de nuevo como en la LRAU, la legislación al servicio del promotor.

Por toda esa serie de sinrazones que hemos expuesto, si Ikea puede ser una buena opción para la ciudad de Alicante, debería replantearse una nueva localización, redimensionar el tamaño de la propuesta a la capacidad de carga del territorio y reconsiderar muy seriamente su función para evitar impactos negativos perennes sobre el existente tejido comercial. Si a Ikea le interesa Alicante, nuestro Ayuntamiento está en la obligación de proponer la fórmula que más favorezca a nuestra ciudad. ¿No tiene Alicante suficiente peso y atractivo para negociar una propuesta que maximice los efectos positivos y minimice los negativos del proyecto?

Un ayuntamiento tiene la obligación de defender los intereses del conjunto de los ciudadanos. Pero parece que éste, el nuestro, está a la sumisa disposición de IKEA y de Ortiz, a quien hay que arreglarle «lo de Rabasa», de todas todas. Porque ahí reside el quid de la cuestión. El «asunto Rabasa» que lo quieren mantener vivo y coleando a pesar de los reveses judiciales, sea o no justificable para los intereses de los alicantinos.

¿Están de verdad locos estos romanos con sus propuestas desmesuradas o por contra hay una racionalidad encubierta que se corresponde con los intereses particulares del propietario de los terrenos? Tal vez, a diferencia de Asterix y Obelix, quienes al menos tenían a Julio César fuera de su aldea, parece que nuestro problema es que tenemos al emperador y a su emperatriz dentro de nuestra ciudad. ¿Necesitaremos una poción mágica para vencerlos? Es posible. Pero por favor, sin Coca-Cola.

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