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Oferta de empleo: se buscan chivatos

Ya estoy viendo los titulares de las ofertas de empleo, podrían leerse así: se busca confidentes, o sea, chivatos, con nivel avanzado y experiencia para que ayuden a los inspectores fiscales a obtener informaciones contra el fraude. Se valorará tener conocimientos de las vidas ajenas. Disponibilidad de incorporación inmediata (no se tendrán en cuenta las candidaturas de los que no cumplan los requisitos de poder delatar a sus amigos sin piedad).

Se pueden imaginar la entrevista:

-Señorita, quiero hablar con los inspectores fiscales- dice el desagraciado candidato.

-¿Con todos?- contesta la señorita de recepción.

-No con uno, con el que me ha llamado para la entrevista- responde sacando pecho el candidato.

Tras presentarse delante de la mesa del inspector Morcuendez y tras el saludo pertinente, el candidato preso de la curiosidad y orgulloso de optar a tan prestigiosa candidatura, arranca la conversación ardiendo en deseos de apagar la llama de su inquietud.

-Oiga, esto ¿la hora a cómo la pagan?

-¿La paga será la misma si me chivo de un fraude de 100.000 euros que si es de diez millones? ¿Me darán un porcentaje? ¿Cómo será al 30, 40, 50?

-Oiga, pero ¿me van a dar de alta en la Seguridad Social?

-Pero oiga, ¿tendré derecho a la baja por paternidad?

-Y en la tarjeta de presentación' pondrán Casimiro Pardillo de oficio chivato?

-¿Me darán protección contra sancionados iracundos?

-¿Usted tiene experiencia?- Ante tanta pregunta responde con esta otra cuestión, el inspector entrevistador, a la vez que mueve sus bigotes.

Anda, ¡claro que sí! Mire usted, yo en el cole me chivaba siempre del que se comía mi bocadillo.

Lo anterior parece una entrevista de humor pero no lo es. Entre tanto follón con el empleo, no nos aclaramos si aumenta o si desciende. Lo único que parece claro es que los agraciados en esta oferta, los contratados si es que hay contratos y ya veremos de qué tipo, cuando toque poner medallas, van a ser todas para los inspectores de la hacienda pública. A los chivatos, conforme al convenio colectivo que estamos deseando leer, no les va a llegar ni la del dibujo del escapulario. No es por chulearme, pero no está la cosa, como para desperdiciar empleo. ¿A estas alturas le vas a hacer ascos?

Esto ya es como un gran hermano con el ojo que todo lo ve. A todo esto si el chivato resulta ser bizco, con todos los respetos, tampoco sería un problema porque donde ponga el ojo, pone el chivatazo, pero como cruce los ojos va a volver a los inspectores locos.

Así son las cosas, por un lado los inspectores fiscales pidiendo fondos para pagar a esos confidentes (confites en el argot taleguero policial) por decirlo con elegancia, porque más bien estamos ante la creación de una nueva figura laboral, el chivato del inspector. La pregunta es ¿de dónde van a proceder esos fondos?, si estamos recortando en cosas tan esenciales como las ayudas a los dependientes, sería contradictorio afirmar que para esto sí hay presupuesto. Montoro tendría que aclararnos este particular.

El presidente y secretario general de la organización de inspectores de hacienda exigen poder disponer de fondos para el pago de informaciones confidenciales. Requieren que se implante un régimen que podría ser algo parecido al de la Policía o la Guardia Civil para que estos chivatos ejerzan como boca-chanclas y vendan sin piedad -con informaciones obtenidas a saber cómo- hasta el alma de su vecino. Con estas medidas se pretende erradicar o por lo menos prevenir, dentro de lo posible, la malversación o el uso fraudulento de estos fondos. Un tema en mi opinión peliagudo y peligroso. Asimismo, los inspectores solicitan hacer las primeras inspecciones de incógnito. No voy a entrar a debatir la necesidad de que a la Agencia Tributaria le debería ser ampliado su campo de actuación dotándola de más facultades legales. Insisto legales. Lo que no comparto es que se le pudiera dar facultades para romper las relaciones entre los ciudadanos nacionales.

Definía Anthoni D. Smith la nación como «Una comunidad humana con nombre propio, asociada a un territorio nacional, que posee mitos comunes de antepasados, que comparte una memoria histórica. Uno o más elementos de una cultura compartida y un cierto grado de solidaridad, al menos entre sus elites». Pues vamos a ver, cómo somos capaces de tener solidaridad con nuestro vecino, nuestro amigo o conocido si puede ser nuestro peor enemigo. Cómo vamos a tener sentimiento de nación si lejos de la solidaridad vamos a convivir con quien nos vende, con nuestro diablo personal. Fomentar los chivatos es fomentar la desunión, la guerra entre los propios nacionales. Si nos acusan nos sentiremos culpables, de caer en los brazos de quienes confiamos, de nuestros conciudadanos. No sé si atreverme con aquella frase de «haga usted el amor y no la guerra» porque no creo que sea la más apropiada. Yo le diría a quien proceda: ¡Ponga un chivato en su vida!

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