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El bucle de remate

Todo el antes llamado procés (ahora ya nadie lo menta de ese modo) descansaba en una premisa: la ambigüedad. Se usaba la legalidad -el Estatut, sus instituciones, los procesos electorales- para saltarse la legalidad constitucional y las decisiones judiciales, utilizando como palanca la fuerza de la calle.

Esa ambigüedad llegó a su clímax en la república catalana "votada" (de aquella manera) e invocada pero no proclamada, y en el referéndum que fue a la vez abortado y celebrado. Ese momento fue el no va más de la apuesta del catalanismo por las artes del astuto Ulyses camino de Ítaca.

Lo que vendría después, al fracasar el intento y no reconocer el fracaso, es una extraña tierra de nadie, con las masas movilizadas y expectantes pero sin que sus dirigentes sepan qué hacer: si vuelven a la ley serán unos traidores; si no lo hacen la Generalitat se paraliza. He ahí el gran embrollo.

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