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Manolo Alarcón

Opinión

M. Alarcón

Palabra divina

Álvaro Gordillo, representante de la mercantil Aparcisa, se despachó esta semana con un duro escrito contra el alcalde de Elche, Carlos González, y contra su equipo de gobierno (PSOE, Compromís y Partido de Elche) a cuenta del proyecto del Mercado que ellos deberían construir. El rebote (tal cual) del adjudicatario de la obra sobre la que más se ha escrito en esta ciudad -sin que a día de hoy se haya puesto un solo ladrillo- venía a cuenta de unas declaraciones del edil de Urbanismo, José Manuel Sánchez, sobre el retraso en la ejecución de la tercera fase de las catas (y cuidado, que aún queda otra) que se realizan en los alrededores de la plaza de abastos desde hace un año para concretar la viabilidad del proyecto. Una demora que evidentemente le achacaba a la mercantil: « Vamos a enviar a los técnicos a hacer un informe», dijo el concejal en tono contundente echándoles la culpa. Gordillo, tras escuchar y leer los titulares de aquello, le contestó al día siguiente con luz y taquígrafos en un escrito de cuatro folios que deberán conocer bien los ediles porque lo pasó por el Registro Municipal antes de repartirlo como rosquillas a los medios de comunicación. En él les dice que desde que se conocen empresa y equipo de gobierno sus relaciones se han caracterizado por la « inoperancia de los servicios municipales», « peticiones contradictorias o imposibles» y « retrasos injustificados», añaden que están « empecinados en paralizar» el proyecto con una « actitud obstruccionista y contraria» y colocando « palos en las ruedas» al tiempo que dan una « información parcial». Todo ello, según su parecer, está llevando a los vecinos de la zona centro a « convivir con ruinas y un entorno tan degradado», algo que tendrá como consecuencia, augura, « la destrucción del comercio del centro de la ciudad y la pérdida de una importante inversión». La empresa añade que ya no va a poner un euro si no se le demuestra, « de forma clara y sin ninguna duda por parte del Ayuntamiento que es intención de ese equipo cumplir el contrato que liga a ambas partes en sus justos término, dando por tanto una imagen de seriedad y seguridad jurídica que hasta la fecha no ha demostrado quienes en la actualidad rigen los destinos» de Elche. ¿Huele a divorcio, verdad?

El equipo de gobierno está teniendo desde comienzo de mandato con esta herencia del PP una posición tan tímida que parece, a veces, como si el asunto no fuera con él. No ha cogido el toro por los cuernos, como se podría decir, para resolverlo, que es lo que se le demanda por la ciudadanía, pero especialmente por los afectados: mercaderes, comerciantes y vecinos. De hecho, en esta ocasión ni ha salido a contestar o rebatir estas acusaciones, que son graves, y eso que en alguna se desliza, qué digo se desliza, se afirma que se han realizado informes erróneos, con mentiras y falsedades. Vamos, con tintes delictivos. Está bien claro que el tripartito está en contra de un proyecto en el que no cree y es incapaz de darle una salida por el compromiso que adquirió el PP colándolo de rondón al final del mandato y sin consenso. Y metido en este callejón ha buscado que Icomos le dé la solución. Icomos, por si alguien no lo sabe, es una ONG, con peso pero una ONG, que dirige el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios y que está ligada a la ONU a través de la Unesco. Y ¿qué solución es esa? pues como todos nos podemos imaginar no dar rienda suelta a un proyecto urbanístico y municipal que con financiación privada pretende aumentar la dotación de aparcamientos en rotación en el casco histórico. Sería una bonita discusión saber si, realmente, con datos en la mano, hace falta otro aparcamiento, pero eso ha quedado en segundo plano. Icomos, en definitiva, tomará una decisión y los políticos apechugarán con ella, es lo que Gordillo califica en su escrito como «palabra divina» con cierta sorna. Y tiene razón.

Que Elche tiene un problema en el centro de la ciudad es una evidencia, como el hecho de que este equipo de gobierno no ha sabido resolverlo después de tres años y medio y después de prometer el oro y el moro en la campaña de 2015 para su revitalización (no sabemos si para 2019 venderá lo mismo que no ha sabido hacer en cuatro años), pero sí han sabido colocar al histórico y ruinoso Mercado como el eje de todos su males del que Icomos será su salvador.

Después de la protesta del pasado día 15, que reunió a 200 comerciantes y empresarios del centro junto a vecinos para protestar y manifestarse por la situación de cierres y traspasos, pero sobre todo por la falta de una iniciativa firme y decidida por parte del equipo de gobierno para revertir esta situación, el tripartito salió para templar gaitas, negar la evidencia que denunciaban los manifestantes -«el centro está en ruinas y/o en decadencia»-, para argumentar que los cierres y la pérdida de peso específico del comercio tiene más que ver con la coyuntura del sector y con las nuevas modas de una sociedad donde la restauración gana mercado, que con otra cosa. Una tendencia, mantienen, que sufren muchas otras ciudades. Una justificación pobre o, como diría mi madre, «mal de muchos, consuelo de tontos».

Y no me negarán tres cosas. Una es que ninguna ciudad con la que nos podamos comparar, y nos podemos equiparar con pocas porque muy pocas tienen cohabitando dos patrimonios en su casco histórico, tienen convertido parte del centro en una especie de campo de batalla. Dos, el retraso en escuchar una decisión sobre el futuro del mercado, que se amparará en un organismo externo, está ayudando y mucho a acelerar toda esta degradación. Y tres, en mitad de todo este asunto está ese divorcio entre Aparcisa y el Ayuntamiento y, como todos los divorcios, lo pagará quien no tiene la culpa, en este caso los ciudadanos, y no saldrá nada barato.

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