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Coalición

Una cosa es que Sánchez sea investido presidente y otra que pueda aprobar unos Presupuestos

Parece que estamos cerca de que se firme el primer gobierno de coalición de la etapa neodemocrática del reino y, nada más anunciada la noticia, arrecian las dudas. El único que parece contento es Pedro Sánchez, que se muestra encantado de haberse conocido y dispuesto a escribir otro superventas de título "Manual de imposición" en este caso. Ahí es nada el haber obligado a su mayor enemigo, Pablo Iglesias, a renunciar a sus ansias de cartera ministerial y a conformarse con que su parienta quede bien colocada, signo claro de que lo de la casta mejor dejarlo para la Historia. Los demás, protestan. Lo hace Cs aunque, en estos tiempos que corren, no deja de hacerlo y cada vez con más vehemencia como si la batalla por el liderazgo de la derecha fuese cuestión de quien hace más ruido, igual que en los concursos de rock. Con un canto en los dientes debería darse Albert Rivera si la coalición fructifica porque unas nuevas elecciones podían llevar a su partido a seguir la trayectoria de UPyD y por las mismas razones: el ego desmedido de su figura principal. Cuatro años por delante pueden llevar a Rivera a que recapacite, aunque parece dudoso que sea capaz de hacer otra cosa que no sea acelerar la caída de lo que, en tiempos, aspiraba a ocupar el centro político. A Podemos le pasa tres cuartos de lo mismo: cumplir su objetivo puede llevarle a perder aún más votantes porque la entelequia de hacer oposición desde el Consejo de Ministros resulta absurda mientras que las decisiones gubernamentales se ven como lo que son, una tarea colegiada. ¿Dónde quedarán sus principales bazas electorales cuando se impongan los posibilismos? Ni siquiera Tsipras pudo superar las contradicciones que existen entre el populismo y el uso del BOE o su equivalente en Grecia. Junto a Sánchez, los únicos que respiran hondo son los soberanistas catalanes y vascos, que temían como a la bicha unas nuevas elecciones y con razón. Pero el alivio para todos ellos puede ser momentáneo porque quedará por delante lo más difícil, el aprobar unos nuevos presupuestos. Una cosa es abstenerse para que Sánchez gobierne y otra aplacar a los fieles si no se avanza hacia la independencia. Ni siquiera bastará el indulto cantado, una vez que el Tribunal Supremo dicte sentencia en el asunto de la rebelión, o la desobediencia, o las trampas con los dineros, que será en el momento peor. Queda el PP como dudoso beneficiario de la coalición que viene. Si sirve para laminar a Cs, al PP ya le va bien. Pero, por si las moscas, ha vuelto de momento a la doctrina Rajoy: callados y a verlas venir. Que tal y como está el patio cada vez es más cierta la sentencia de Alfonso Guerra: el que se mueve no sale en la foto.

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