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Rumbo hacia el 10-N

Por encima de un Gobierno de coalición, está el valor de una propuesta programática basada en el pacto presupuestario que los dos líderes firmaron en octubre

Que aumente la confianza en el PSOE y en su líder, según las encuestas, no significa que el guion no pueda variar. En función de lo que vayan haciendo los socialistas, pueden mantenerse, subir o bajar en beneficio de otros. El número de Pedro Sánchez, con organizaciones sociales y sindicales para escuchar demandas, debería haberse hecho con anterioridad, como lo hizo Unidas Podemos, y no después del fracaso de la investidura. Porque si llega a triunfar no se hubiese producido esta pirueta con la que se quiere escenificar la defensa de las asignaturas pendientes y reforzar apoyos.

Lo que hizo Podemos no tuvo utilidad práctica, y lo que Sánchez pretende es conseguir acuerdos para presentarse otra vez. El no candidato actual lo haría solo si la piscina tiene agua, con la seguridad del éxito. Otro pinchazo será terrible para su interés político. El fantasma de la repetición electoral continúa amenazándonos, da oxígeno a las expectativas del trío de las derechas, especialmente las del PP de las «ranas», que busca anular la causa de la Gürtel, y provoca indigestión a los otros votantes porque no es de recibo una actitud negociadora (o no negociadora) que empuje a este reencuentro con las urnas cuando no debería tocar y se dan las circunstancias para la formación de un Ejecutivo progresista.

No obstante, «la izquierda no se ha librado de un mito: hablar de unidad e integrar al PSOE», afirma el excoordinador general de IU Julio Anguita, quien no cree que se pueda ir a una alianza estratégica con los socialistas. Los poderes fácticos, incluso los del propio partido de Ferraz, permanecen alerta con la intención de guerrear nuevamente contra esa maniobra que, a pesar de todo, debería ser inevitable en favor de un eficaz acuerdo de legislatura, con las fuerzas afines, y de anular la opción de nuevas elecciones. Depende de Sánchez e Iglesias sobre todo. Pablo tiene mayor presión cada día en sus espaldas, por obra y gracia de Pedro, y debe ser operativo si quiere no darse más tortas ni seguir dándolas a una amplia parte de la gente.

Por encima de un Gobierno de coalición, está el valor de una propuesta programática basada en el pacto presupuestario que los dos líderes firmaron en octubre. Que aborda la reforma fiscal, la derogación de los aspectos más lesivos de la reforma laboral, la regulación de los abusivos precios del alquiler o la subida progresiva del Salario Mínimo Interprofesional. ¿Se cumpliría? El ejemplo del gobierno a la portuguesa ha perdido fuelle, ya que el primer ministro António Costa cambia de socios si le da la gana y cae en los brazos de la derecha. Ese es el temor de Unidas Podemos a la hora de un simple acuerdo programático que no conlleve sentarse en el Consejo de Ministros con más competencias que las ofrecidas anteriormente.

La desconfianza mutua sigue, y las posiciones parecen inalterables con rumbo hacia el 10 de noviembre. Los populares, sin embargo, que utilizan el dolor ajeno y las palabras del rey con intereses partidistas, airean la fórmula mágica para evitar comicios. Gobierno de Casado y Rivera con apoyo de otros grupos y la abstención socialista, o un sujeto alternativo a Sánchez. Una memez que la izquierda nutre. ¿Queda alguien cuerdo y que asuma seriamente su responsabilidad?

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