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Un trago amargo

La exhibición de parcialidad del Ministerio de Ribera es descarada, casi insultante

El lobby radical castellano-manchego, el que entona como un mantra una variante de la conocida cantinela independentista catalana, algo así como «el Levante nos roba» (el agua), goza a día de hoy de vara alta y mucho poder en el Ministerio que dirige Teresa Ribera, la ministra del ramo ecológico y del diesel. Tanto que, a partir de ahora, van a estar presentes y largamente representados en la comisión ministerial que decide las aportaciones del trasvase.

Frente a una perspectiva histórica en la que este monumento a la solidaridad, siempre polémico, se resolvió con sentido salomónico y una equidad que iba más allá de regionalismos obtusos, Teresa Ribera y el Gobierno que preside Sánchez han optado por radicalizarse atendiendo con cierta obscenidad las razones de uno de los bandos y olvidando siempre al otro. Prueba palmaria de ello es que a partir de ahora se van a sentar en la comisión decisoria los enemigos declarados de que el agua llegue hasta aquí, sin que ningún representante de los destinatarios del trasvase (a los que la ministra nunca ha querido dedicar ni un minuto de su tiempo) tengan presencia en el lugar donde se decide su futuro. La exhibición de parcialidad del Ministerio es descarada y casi insultante. Lo que viene siendo un bofetón en pleno rostro.

Especialmente para Ximo Puig, porque la decisión de la ministra Ribera llega tras una larga reunión de dos horas y media con Emiliano García Page, el presidente castellano-manchego, imparable en su empeño de acabar con el trasvase a cualquier precio. Una clara demostración de que para Sánchez y su gobierno todos los barones de su partido no son exactamente iguales.

A ver si hay suerte y en una de esas reuniones que el presidente interino mantiene con colectivos sociales en su improvisada precampaña exculpatoria acierta a compartir mesa con los regantes del trasvase. No creo que sirviera para mucho, pero sería interesante ver si ponen agua mineral o la desalada que él quiere que nos bebamos.

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