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Las elecciones no se repiten

El paciente que llega desangrado a Urgencias, al grito de “necesito un médico, pero no cualquier médico”, ni siquiera recibe la respuesta educada de que tendrá que conformarse con la atención de los facultativos presentes. Esta evidencia no impide que el ego creciente de Pedro Sánchez le impulse a proclamar que “España necesita un Gobierno, pero no cualquier Gobierno”. El desconocimiento de las limitaciones de su país podría embozarse de patriotismo, pero el sobreentendido de que su presencia personal es indispensable en el ejecutivo ideal se adentra en la patología que ha conducido al día más triste de la democracia. A propósito, ¿el Gobierno actual creado y sostenido por Podemos es un Gobierno cualquiera, presidente incluido?

Sánchez ha noqueado al país, nunca quiso un pacto porque no ha encontrado a ningún político a su altura. Existe un riesgo de contagio. Se empieza por asesinar a la democracia y se acaba descuidando el lenguaje. El presidente del Gobierno cualquiera habla alegremente de “repetición electoral”, y los medios repican la idea. Sin embargo, las elecciones siempre son nuevas y no se repiten, porque este concepto supondría anular los comicios anteriores. El poder presidencial no llega todavía a tanto. Puede desobedecer clamorosamente el mandato del 28A, pero no puede decretar que esa fecha nunca existió.

El lenguaje torturado no delata la pasión, solo la desidia que ha invadido la política. En otro ejemplo de fragilidad léxica, Sánchez difunde al panorama mediático su convicción de que “el Partido Socialista ganó las elecciones”. Hasta un politólogo puede entender que el equipo que ha obtenido más goles que sus rivales no tiene garantizado el título de Liga. Ganar es gobernar, y si la victoria fuera tan clara como pretende un político que se comporta como un ludópata electoral, ¿por qué no ha sido investido?

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