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Pedro Rojas

La mirada perdida

Pedro Rojas

Los fantasmas están en tu cabeza

Los errores hay que reconocerlos, asumirlos y subsanarlos. Si dejas que el pasado te domine, corres el riesgo de mancharlo todo de culpa, o peor aún: de culpables. La idea de que cualquier mal tiene soluciones sencillas e inmediatas es un bulo tan funesto para el progreso como los manuales de autoayuda vendidos al peso.

El Hércules debe sobreponerse a un verano borrascoso, a su propia esencia destructiva, al jugueteo pueril de sus dueños, a la creencia escrita sobre papel mojado de que su destino es pelear por la promoción. Ahora está muy lejos de eso, y cuanto antes lo asuma, antes le pondrá remedio. Las diez primeras jornadas describen tu naturaleza -la real- y te dictan la manera de afrontar cada minuto sobre el césped... o el caucho, porque para morder, reagruparse, mostrarse y ejecutar correctamente automatismos la superficie no es sustancial.

Pasas por encima del Barça B con un gran partido y te convences de que ya está, de que todo vuelve a su sitio, de que eres ese gran futbolista del que la prensa hablaba antes del inicio de curso. Sin embargo, te olvidas de que el baño al filial blaugrana se sustentó en dos claves innegociables: juego colectivo (ordenado e intenso) y versiones mejoradas de cada individuo. Si quienes juegan y quienes esperan su oportunidad sentados no están a la altura de sus nóminas, de poco servirá la propuesta enriquecida de Jesús Muñoz.

No eres carne de descenso por capricho, lo eres porque muchas cosas no funcionan. Lo prioritario: elegir bien a los que deben soportar el peso de la resurrección, alinear a los que rara vez te bajan del siete y medio, a los que no se nublan, a los que no acumulan más sombras que destellos. Reconocer a los mejores es una tarea compleja porque no es lo mismo trabajar entre semana que hacerlo cuando el fuego cruzado es real. Los que no se arruguen en esa tesitura serán los que saquen a este Hércules del pozo. Los otros, los que se actúan por goteo, esos no serán útiles hasta que cambie la dinámica.

Los bloques frágiles, quebradizos, los poco fiables lo son porque no aciertan a darle esquinazo a su miedo, a su angustia, al pánico al fracaso que combaten con excusas, señalando siempre a los demás. El proyecto de Portillo no tiene red de seguridad, la calcinó mientras jugaba con fuego, por eso ahora debe saber digerir las consecuencias y optimizar el talento, que hay de sobra. Para que eso ocurra necesita la pelota, no languidecer a merced de su oponente. Y si por cuestiones futbolísticas le toca renunciar al balón, saber moverse sin él, saber que presionar no es correr por correr, entender en qué línea es más eficaz su poder para robar e iniciar el contragolpe.

Cuando lo consiga, sacará la cabeza del cieno. Pero incluso si eso llega a suceder, no podrá dejar de comportarse como un exadicto a la arrogancia y el desajuste o recaerá una y otra vez. Los fantasmas existen... sí, pero no muerden.

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