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Tiene que llover

No perder la razón de ser

Partiendo de que el estrés crónico mata y anda relacionado con el 80 por ciento de enfermedades, un experto en medicina laboral e inspector de la Seguridad Social, Víctor Vidal, se ha descolgado con que, para combatir una amenaza de tal calibre, «hay que hacer ejercicio, aprender a respirar, meditar y mimarse a diario». Vaya que sea. La convulsión llega al añadir que «leer el periódico en papel reduce el estrés porque pone en danza tres sentidos: el visual, el tacto y el olfato que huele la tinta». Y ahora, ¿qué hacemos?

Hasta anteayer, los editores habrían cogido a Víctor rifándoselo por llevarlo a instituciones, empresas, centros educativos, sanitarios... con tal de acercar la palabra del especialista y que los receptores no solo no se despegaran de la galaxia Gutenberg sino que a ser posible la esnifaran. Antes de perderme en otras diatribas, interesarme acerca de por dónde paraban los antecesores de este fulano diez, veinte años atrás para haber propalado la especie porque... tras un cuarto de siglo han cerrado el quiosco al que acudía y con cuyo traspaso no se ha quedado nadie pese al reclamo insistente. La receta lectora contra el estrés se ha puesto, pues, como esos medicamentos de postín que no cubre la cartilla. Es decir, muy cara de conseguir.

Los agentes implicados en la cuestión de fondo se afanan por señalar que nunca se ha acercado tanta plebe a los diarios, mientras los responsables se esfuerzan en hacer compatible la vía tradicional y la ventana digital a fin de que el enmarañado negocio cuadre. Cuando en la primera cabecera que habité la impresión pasó de tipografía a offset y dejó de oler a tinta me traumaticé, de modo que eso que llevo adelantado. Ahora, que como lector compatibilizo tan pancho cualquier acceso aunque ya me haya buscado un punto de venta porque me pirra desayunar con el aceite y la tinta, lo que a los profesionales les agobia no es el medio por el que llegar al destinatario con el compuesto primordial. Ni hablar del peluquín. Lo que ansían es que el fármaco, con y sin tinta, mantenga sus propiedades.

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