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Los besos de Judas y la Navidad

Aunque hay muchas cosas enteramente falsas, nuestra sociedad se alimenta de ellas. Antes de Navidad siempre sucede lo mismo, las páginas de la falacia se abren y lo vivido con anterioridad vuelve a ser manía. Me sorprende la cantidad de gente que resalta los afectos todos los diciembres de cada año.

Todo aquello que es partícula de entusiasmo desmesurado parece un gesto impaciente con mucha prisa. Los besos andan desparramados, y todos parece que llegan con retraso; más qué besar parece un asalto. Qué patético es ver que nuestras mejillas no oponen resistencia y aceptan el beso de Judas. Lo auténtico, por lo visto, está en peligro de extinción. Con frecuencia lo vemos, pero durante la Navidad más. Junto a los regresos, opinión subjetiva, en ocasiones está la obligación que acepta (por un rato) ocupar la primera fila de los afectos. Hay cosas que huelen a deber, más que a cariño y a voluntad... Las calles de las ciudades están muy bonitas y el exceso de azúcar rezuma por doquier. Por Navidad no solo vuelve el turrón, también vuelven las bandejitas que nos invitan a engullir bocados adulterados de hipocresía. Lo preocupante, además de lo dicho, es verlo con naturalidad. ¿Alguna vez se han sentido extranjeros en su propia casa? Es bueno considerar que debemos estar preparados para todo.

El otro día, junto a las posiciones de los taburetes de la barra de un bar, comprendí que junto a las efervescencias filiales no siempre está lo apacible y aparente. Sí, una verdadera puesta en escena que soporta el cumplido de rigor y recibe alegremente a todo lo que entra por la puerta. A pesar de tales cosas, por lo visto, nos conmueve todo aquello que con alegrías (aunque sean ficticias) esconde nuestras miserias. ¡La frialdad, reforzada por la costumbre, en algún momento se vuelve caliente!

Durante los días venideros tenemos una misión sobrehumana. ¿Saben cuál? Parecer amigos de nuestros enemigos, y no demostrar, que al que le damos un beso por Navidad, lo consideramos un hijo puta el resto del año. Lo de las tradiciones tienen su punto, lo que parece "sentimiento natural" es una fecha del calendario que cada año transita por el mismo camino. Conozco mucha gente que está preparando su desquite para los próximos días y no participarán en nada. Creo que el verdadero afecto y cariño no es una cadena que adueña voluntades...

Todos hemos sido niños, y por ellos vale la pena soportar todo: hasta la Navidad. La otra noche, en un bar, vi a unos niños cantando villancicos. Junto a su voz encontré el único significado de la Navidad... Lo demás, importa poco tirando a nada. La felicidad y la sonrisa de los niños es la caja precintada que esconde lo auténtico. Sí, sin ninguna duda.

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