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De culo, con perdón

Disponer de un criterio propio sobre la actualidad política, en los tiempos que corren, no resulta sencillo. Escucho varias tertulias al día y observo que las opiniones pasan de mano en mano a velocidades de vértigo. Al final de la jornada están más viejas que un billete de banco de cinco euros. Lo difícil es dar con uno de seis, con un billete de seis euros, fundamentalmente porque no existen. Sería fantástico escuchar ideas no existentes acerca de nuestra vida cotidiana. Ideas nuevas, ya que las puestas en circulación están más esclerotizadas que los villancicos de Navidad (no van a ser los de Semana Santa). Llevamos años esperando un villancico nuevo, pero se trata de un género cuya reforma les importa un pimiento a los artistas. De modo que a Belén pastores, a Belén chiquitos, etcétera.

En esto, sale Pablo Iglesias de la entrevista con el Rey y nos cuenta que Felipe VI posee una sagacidad política fuera de lo común y que han hablado de series de televisión. Se queda uno a cuadros, como cuando lo vio, hace poco, morirse de la risa con el ingenio de Espinosa de los Monteros. No tiene término medio este activista del absurdo. O ama con todas sus fuerzas u odia con todo su corazón. Ahora lo hemos pillado en la temporada del amor, pero él nos ha cogido en la del rencor. Y no hablo del rencor de clase, que podría, sino del provocado por la situación a la que nos ha conducido su torpeza política y la de, por el momento, su amigo del alma, Pedro Sánchez. No coincidimos, en fin, no coincidimos. Cuando él es monárquico, nosotros somos republicanos y, cuando es republicano, lo es de forma tan inmoderada que nos empuja sin querer hacia la monarquía.

Necesitamos, en fin, un billete de seis euros para salir del marasmo ideológico en el que chapoteamos. Un billete que no hayamos visto hasta el momento. Pedro Sánchez, que manda en la Casa de la Moneda, podría ponerlo en circulación, pero en las ruedas de prensa no admite preguntas o admite dos, que viene a ser lo mismo. Resulta increíble que no aproveche las comparecencias públicas para manifestarse de forma original y profunda. A lo mejor no es ni original ni profundo. Vamos de culo, con perdón.

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