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Opinión

17 minutos y 500 noches

Dentro de la ronda de conversaciones del candidato Pedro Sánchez con líderes regionales de cara a su investidura como presidente del Gobierno, el secretario general del PSOE habló esta semana con el presidente de la Comunidad Valenciana, Ximo Puig. La conversación duró 17 minutos. Que no les parezca poco. Pregunten a un locutor de radio la cantidad de cosas que cabe decir en ese minutaje; puede ser «molto longo», como los partidos en el Bernabeu que recordaba Juanito, o no dar tiempo a nada si es larga la alocución. Por lo que hemos conocido por fuentes oficiales, Sánchez y Puig hablaron de financiación y de federalismo. Quiero pensar que se han dejado algo para ellos. Son del mismo partido, no hay confrontación ideológica y no es la primera vez que ambos tratan estas cuestiones, luego, si estiraron los 17 minutos con esos dos asuntos, a mí me sobra un cuarto de hora de conversación. El diputado de Compromís, Joan Baldoví, también reveló su posicionamiento ante la investidura y apeló a la gratuidad de la AP-7 como condición innegociable para el apoyo de la coalición, argumento inane si tenemos en cuenta que la retirada de los peajes desde el 1 de enero es conocida hace semanas. No leí ninguna crónica que desvelara que Puig o Baldoví plantearan a Sánchez soluciones para la sequía o un plan serio contra inundaciones futuras en la Vega Baja. Y no debe de ser baladí esta cuestión, dado que al día siguiente de la conversación entre socialistas la Generalitat llevó al Gobierno a los tribunales por cerrar el Tajo-Segura, esencial para el regadío del sur de Alicante y de Murcia. Al presidente murciano no se le olvidó el trasvase en su correspondencia con Sánchez. A Puig no se le puede negar su implicación con esta provincia, pero da la impresión de que las necesidades de Alicante entran y salen de la agenda institucional según convenga al interesado. Los regantes ya están en pie de guerra. Ahora que andan con tributos a Sabina, la provincia recuerda a aquellos versos de 19 días y 500 noches: «Como un perro de nadie, / ladrando, a las puertas del cielo, / me dejó un neceser con agravios, / la miel en los labios / y escarcha en el pelo». Habrá que ladrar.

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