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Greta dos

La necesidad de tomar conciencia de los fenómenos que amenazan el planeta y acometer su estudio

Está de actualidad el cambio climático en nuestro planeta, aquel que se produce por determinados comportamientos de sus habitantes, de todos nosotros. Vertidos a la atmósfera de gases de efecto invernadero, producto de la quema de combustibles fósiles como gas natural, carbón, petróleo, que atrapan el calor a su alrededor, de gas metano procedente de prácticas ganaderas y agrícolas y de la descomposición de residuos orgánicos en rellenos sanitarios incontrolados, vertido a las aguas de materiales plásticos y productos químicos nocivos, de aguas residuales contaminadas. Prácticas improcedentes que es preciso corregir, adopción de medidas acordadas entre países, los más grandes, los más ricos, los más contaminantes, con generosidad. Una gran operación de marketing ha extendido la preocupación por el cambio anunciado, y como figura estelar, un icono llamado Greta, adolescente o niña noruega que ha atravesado el Atlántico en catamarán como medio de transporte menos contaminante, sin arrojar plástico alguno a las aguas oceánicas. Nadie más propio que una/un noruega/noruego para seguir con preocupación la evolución del casquete polar ártico, del deshielo progresivo. Se exponen por expertos y no tanto teorías sobre las consecuencias de ese cambio, deshielo de los casquetes polares, subida del nivel del agua en los océanos e inundación de zonas urbanas, graves daños a la fauna marina. Debemos aceptar la realidad del problema, dejando al margen el escepticismo y la incredulidad, pero exijamos a los gobiernos su participación activa asumiendo la dirección de los estudios que procedan y la responsabilidad de las acciones a llevar a cabo. Cometeríamos un error si consideramos que ese cambio climático es el único riesgo que amenaza a nuestro planeta, que en nuestras manos está la solución al problema, que la naturaleza puede ser dominada con nuestras capacidades. Un segundo error sería olvidar la capacidad de destrucción que ofrece la energía nuclear, que sí está en nuestras manos, en pocas, una minoría. La Tierra es parte del sistema solar, formado hace unos 4.500 millones de años, y, por tanto, está expuesta a la acción de diferentes fenómenos por su proximidad al Sol y a otros planetas y satélites. La gravedad, el campo magnético, la energía interna que conserva desde su formación, y responsable de las erupciones volcánicas y de los movimientos sísmicos de las placas litosféricas o corteza terrestre, que han variado a través de los tiempos su relieve superficial. El magma que vierten los volcanes es una mezcla de rocas fundidas y gases, incluido el CO2 dióxido de carbono, presionado bajo esa corteza terrestre o litosfera a distintas profundidades. Los maremotos y terremotos, asociados a fenómenos de rotura de la corteza terrestre en placas y su desplazamiento, constituyen otra amenaza para la supervivencia en nuestro planeta, fenómenos naturales ajenos a nuestra influencia, amenaza permanente en concretas regiones. Las glaciaciones son otro fenómeno natural con gran influencia en el desarrollo de la vida en el planeta, periodos de larga duración en los que baja la temperatura global y como resultado se produce una expansión del hielo continental de los casquetes polares y los glaciares. Al menos cuatro grandes edades glaciares ha soportado la Tierra, la primera hace más de 2.000 millones de años, la actual empezó hace 40 millones de años con una capa de hielo en la Antártida, extendida hace tres millones de años, continuada con capas de hielo en el hemisferio norte hasta el Pleistoceno. Desde entonces el planeta ha pasado ciclos de glaciación con adelanto y retroceso de las capas de hielo, durante miles de años, hasta el día de hoy, cuando el glaciar más reciente acabó hace unos diez mil años. También hemos conocido catástrofes importantes más recientes, volcanes en erupción, terremotos y otros. Todos estos fenómenos se producen sin la intervención del hombre, sujeto pasivo o ausente al que solo cabe ni más ni menos que tomar conciencia de las amenazas que se ciernen sobre el planeta, su estudio. El Homo sapiens, los antiguos habitantes de la tierra, dedicaba su tiempo a los utensilios líticos, descubrimiento del fuego, invento de la rueda, la agricultura... Hasta el siglo XX, con el empleo de la energía nuclear como arma destructiva (Hiroshima y Nagasaki), puede afirmarse que nuestra intervención en los grandes cambios producidos en el planeta fue irrelevante. A imagen y semejanza del movimiento ciudadano sobre el cambio climático y para un mejor conocimiento de la realidad de nuestro planeta, quizás convendría un impulso de concienzación sobre estos fenómenos más alejados en el tiempo pero latentes, quizá con la participación estelar de un icono modelo Greta, en edad entre infantil y adolescente, inexpresiva, hierática, frágil, dispuesta a viajar, con dominio del inglés y conocimientos del chino como idiomas de países especialmente contaminantes, que supere el casting correspondiente.

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