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Opinión

¡Oremos, hermanos!

Eramos pocos y habló la cúpula episcopal. Esta es una «situación crítica» que atenta contra la moral cristiana y difunde la imposición de un pensamiento único. Los fieles no deben ver, oír y callar. A gritar y rezar ante determinadas iniciativas políticas y legislativas. No hay derecho, Señor, que unos okupas hayan tomado el poder a la fuerza y pretendan instalar un régimen absolutista que rompe la Constitución y nuestro país. En pocas palabras, un golpe de Estado al margen de la soberanía popular, por lo que es preciso la reacción de los españoles de bien y constitucionalistas para desalojar a estos políticos usurpadores y ponerlos en manos de los tribunales.

Los pérfidos dirán «Sí se puede». Pero en realidad no se puede consentir medidas de carácter social ni leyes en el campo de la «ideología de género». Las mujeres, como Dios y el machismo mandan, deben coser botones y poner la otra mejilla, que eso empodera mucho, purifica y allana el camino hacia el cielo. Por parte de la izquierda, la propaganda mediática y la manipulación de los sentimientos quieren dejarnos en plena indefensión. Y no podemos consentir esta «dictadura progre». Esta pesadilla después de Navidad. Hay que permanecer muy alerta y orar intensamente por España en todas las iglesias y en los conventos. Rebelarse contra el malvado Ejecutivo de coalición, en esta hora de verdadera «emergencia nacional».

No obstante, el cardenal de Madrid, Carlos Osoro, se desmarca de la posición de los obispos conservadores con un llamamiento al diálogo y a no dejarse arrastrar por la polarización para trabajar juntos por un proyecto común. ¿Qué mosca le ha picado? La de los avances sociales de la coalición entre PSOE y UP. ¡Oremos! Porque, entre otras lindezas, el feminismo y el movimiento LGBTI amenazan los derechos del hombre, de las personas heterosexuales y de las familias decentes. Así que no nos alejemos más de la Iglesia y evítese el «contexto general de secularización», cosa que nadie se explica.

A seguir colocando piedras en el camino de los infieles y que descarrile lo más pronto posible el nuevo Gobierno del demonio. ¡Inestabilidad, por favor! Que se larguen con sus medidas al infierno. La resolución del conflicto catalán y otros problemas territoriales, en materia política, financiera o de gestión de competencias, no se resuelven con diálogo de ninguna clase, sino todo lo contrario. Hoy, las instituciones gubernamentales solo son un nido de avispas de la peor especie. La sagrada derecha no gobierna y tiene que gobernar como ordenan las buenas costumbres.

Todo vale contra Sánchez, Iglesias y compañía. ¡Todo! La cuestión es recuperar el timón de La Moncloa, que la convivencia esté contaminada hasta el hundimiento total de la izquierda y que el gran ojo de Bruselas y el de los dioses del Olimpo económico vigilen cualquier maniobra de esta gente. Obsequien munición a los adversarios, fracasen, peléense y rompan la cohesión, señores y señoras del Gobierno, en beneficio de nuestros salvadores, PP y Vox, por los siglos de los siglos?

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