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Joaquín Rábago

¡Bravo por Las Sardinas!

Sí, bravo por ese nuevo movimiento popular italiano, que sus fundadores, un grupo de amigos, bautizaron como el de las Seis Mil Sardinas, y que ha logrado parar, al menos de momento, la marcha sobre Roma del ultraderechista italiano Matteo Salvini.

Con gran imaginación, capacidad de improvisación y pocos medios, ese movimiento, netamente de izquierdas aunque al margen de los partidos, ha contribuido eficazmente al triunfo del Partido Demócrata en la región clave de Emilia-Romaña.

Una eventual victoria allí del ex ministro del Interior y líder de la Liga habría sido la debacle definitiva de la izquierda, que ha gobernado esa región desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Emilia-Romagna fue región de partisanos y en ella nació por cierto Benito Mussolini, socialista antes de convertirse en líder del primer fascismo europeo. Italia ha sido siempre un país pionero en experimentos políticos: de ahí la preocupación por lo que significa Salvini.

Éste se volcó personalmente en la campaña electoral de esa región norteña, la segunda más rica y la de menos desempleo de toda Italia, convirtiéndola en un referéndum sobre el Gobierno nacional de Giuseppe Conte, pero perdió la apuesta: el hasta ahora gobernador, Stefano Bonacci, del Partido Demócrata, superó el 50 por ciento de los votos.

Al margen del indudable mérito personal de Bonacci, que hizo una gran campaña , su triunfo, con todo lo que tiene de simbólico, se debe sobre todo al activismo político desarrollado en unas pocas semanas por Las Sardinas, que consiguió llenar las plazas no sólo las ciudades de Emilia-Romaña como Bolonia, sino también de otros lugares.

Y lo hizo en un momento en el que otro movimiento, en este caso más populista que popular, el llamado Cinco Estrellas, fundado por Beppo Grillo, parece disolverse como un azucarillo en un vaso de agua con la dimisión como su jefe político del ministro de Exteriores, Luigi di Maio.

En un momento además en el que el Partido Demócrata, acababa de sufrir una escisión protagonizada por su antiguo líder y ex jefe de Gobierno, Matteo Renzi, y en el que, frente a la clara reorganización de una derecha cada vez más radical con la Lega, Hermanos de Italia y Forza Italia, de Berlusconi, la izquierda no parecía levantar cabeza.

La presidencia del Partido Demócrata lleva en efecto meses vacante, y no ha podido completarse siquiera su secretaría desde que ingresaron como ministros en el Gobierno de Conte algunos de quienes la componían, todo lo cual no había hecho más que aumentar el desánimo entre sus votantes.

El triunfo en Emilia-Romaña debería ser una inyección de optimismo para la izquierda, pero si se ha ganado esa batalla, ello no significa, ni mucho menos, que Salvini esté acabado pues no sólo triunfó el mismo día en las elecciones celebradas en la meridional Calabria, sino que encabeza los sondeos a escala nacional.

El país está cada vez más polarizado, y con las regionales de esta primavera se comienza a librar otra batalla política igualmente importante: la de la sucesión del actual presidente de la República, Sergio Mattarella, cuyo mandato, de siete años, acaba en enero de 2022.

El Quirinal (residencia oficial del Presidente) es, como recuerda el semanario "L´Espresso", "la quinta columna sobre la que se constituyó el actual Gobierno (de Cinco Estrellas con el Partido Demócrata), y el objetivo de la izquierda es impedir que Salvini lidere la mayoría que designe al próximo jefe del Estado.

Lo expresó claramente el propio Matteo Renzi el pasado mes de octubre cuando, en un movimiento que nadie esperaba, apostó por una alianza entre el Partido Demócrata y Cinco Estrellas a fin de parar a Salvini y evitar los que calificó como sus "perversos objetivos".

"El Quirinal, dijo entonces Renzi, tiene un papel clave. Si continúa esta legislatura, el presidente que nos acompañará hasta 2029 será la expresión de fuerzas políticas que creen en Europa y no ponen el euro en tela de juicio". ¿Lo conseguirá finalmente la izquierda con ayuda, como ahora en Emilia-Romaña, de Las Sardinas?

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