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A Netflix le quieren robar la corona

Nadie daba un euro por Netflix cuando vio la luz. ¿Que millones de personas en todo el mundo pagarán por ver televisión bajo demanda en una plataforma de streaming? Anda ya. Los agoreros se equivocaron y hoy Netflix, tras cambiar el chip en los hábitos del consumidor, es un gigante que estrena series y películas en tromba con presupuestos holgadísimos. Capaz de plantar cara incluso a Hollywood y meterle el agua en casa con varias producciones que llaman a la puerta del Oscar con nombres de relumbrón. Pero, a diferencia de otros gigantes de la tecnología a los que nadie les discute el dominio (Facebook, Google...), Netflix no puede dormirse en los laureles televisivos porque la competencia es feroz. Y veloz: HBO, Apple, Amazon y Disney lideran un ataque en toda regla a un modelo de negocio que, de momento, parece no tener límites.

A Netflix nadie le quitará el mérito de haber sido la pionera. Nació a principios de siglo como un videoclub virtual que permitía a los suscriptores solicitar y devolver DVDs por correo. Con el paso del tiempo, los avances tecnológicos hicieron el resto: ¿por qué usar soportes físicos cuando se puede acceder vía streaming a los contenidos? El éxito de YouTube a mediados de la pasada década allanó el camino. El imperio Netflix se extendió por medio mundo con una idea muy clara: series originales en las que invertir sin tacañería para fichar a directores, guionistas y estrellas de primer nivel.

Tampoco España, campeona de la piratería, se resistió a una propuesta que garantiza mediante una suscripción acceso a buenos contenidos sin publicidad y con calidad de imagen impecable. Decido y veo. Con una peculiaridad: el estreno de series de una tacada, sin necesidad de esperar días para ver el siguiente episodio. Al principio, la gran rival de Netflix fue la más selecta HBO, con su Juego de tronos y otras series míticas en cabeza, pero sin las avalanchas de estrenos ni la misma celeridad de emisiones. Menos cantidad y mucha calidad. Poco a poco se fueron subiendo nuevos nombres al ring televisivo, aunque ni Amazon Prime Video ni Sky fueron enemigos importantes. Pero la situación está cambiando: Amazon apuesta cada vez más fuerte, y la llegada de Apple TV y Disney asegura una gran batalla en la pequeña pantalla. No hablamos de unas compañías primerizas y endebles sino de opciones que forman parte de gigantes con un músculo económico inmenso y, en el caso de Disney, con un magma de contenidos audiovisuales arrollador a la hora de ofrecer un catálogo competitivo: películas de Disney, Marvel, Pixar y Lucasfilm, ABC y todo 20th Century Fox. Casi nada.

Algunos estudios apuntan que el tiempo total que los estadounidenses dedican a ver vídeos aumentará en 2020 pero la cuota de Netflix caerá del 27 por ciento actual al 25,7 por ciento en 2021. No parece una gran caída, pero sí marca una tendencia y, sobre todo, señala una de las posibles debilidades de un gigante hoy invulnerable: Netflix se preocupa, sobre todo, por aumentar su número de suscriptores, aunque eso obligue a una carrera de presupuestos cada vez más elevados y temerarios (ninguna productora de Hollywood se atrevió, por ejemplo, a financiar la carísima película de Scorsese El Irlandés). Por el contrario, sus competidoras (Amazon, Disney y Apple, sobre todo) tienen otras prioridades a día de hoy, desde vender productos en el inmenso mercado global hasta animar a la gente a visitar parques temáticos o vender teléfonos y tablets.

A Netflix le esperan turbulencias si el mercado, que ya dio muestras de saturación en 2019, no le da un crecimiento de suscripciones que avale y sostenga su complejo andamiaje financiero. Las peores previsiones aseguran que Netflix, que ya produce contenidos en varios países como forma de diversificar la procedencia de contenidos, perderá hasta 4 millones de usuarios en Estados Unidos este año si no baja los precios ante una competencia más barata. Si le sale bien la jugada de El señor de los anillos, Amazon puede dar mucha guerra, y Disney, además de su inagotable caudal de contenidos ya conocidos, puede abrir fértiles caminos de producciones originales como los de la serie The Mandalorian.

De momento, Apple TV es la apuesta menos sólida en cuanto a catálogo (alterna fiascos como See con éxitos como The morning show), pero pertenece a un imperio sin problemas de liquidez, con millones de dispositivos a los que acceder en todo el mundo, y ha asaltado el mercado internacional en un abrir y cerrar de pantallas. Y no olvidemos que la llegada de HBO Max pone en circulación material del grupo WarnerMedia. O sea: más de 10.000 horas de contenido con las series, películas y documentales hechos por HBO, Warner, la BBC y algunos originales.

Permanezcan atentos a sus pantallas: la guerra acaba de empezar. Aunque la gran pregunta que le surge al consumidor, sin duda el gran beneficiario de la competencia, es: ¿de dónde vamos a sacar tiempo para ver tanta televisión?

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