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La papeleta

Patada a seguir... y nada más

La patada a seguir es ese recurso que utilizan los equipos con pocos argumentos futbolísticos para alejar el peligro de su área e intentar, a su vez, que uno de sus jugadores más adelantados pueda cazar la pelota en algún rebote para generar una opción de gol. También se usa en el rugby con objetivo similar. Evitar que el contrario pueda avanzar hacia el ensayo, ganar espacio y esperar que ese movimiento pueda permitir abrir una brecha en el equipo rival. Es una acción de corte defensivo y que ejecutan conjuntos pequeños como una alternativa, la mayoría de las veces poco ambiciosa, para intentar igualar las prestaciones con los conjuntos que sí cuentan con más calidad en sus plantillas. Nada más.

¿Y qué tiene que ver, se preguntarán, esta referencia deportiva con la actualidad política? Mucho. Esa es la táctica que sigue el Gobierno de España para evitar, por ahora, la imprescindible reforma de la financiación autonómica. Una estrategia que se está tragando casi sin rechistar el Consell cuando por contra, durante su primer mandato, la izquierda hizo de esa reclamación una de las piedras angulares de su relato exigiendo trato justo a Madrid. A estas alturas, después de que el sistema de reparto de los fondos entre las autonomías lleva nada menos que seis años caducado y que la Comunidad es la principal perjudicada, lo único que la Generalitat ha sacado en claro del primer Consejo de Política Fiscal en un año y medio es que para cubrir las competencias de nuestro autogobierno se tiene que recurrir a endeudarse un poco más.

Vender como un éxito que en 2020 ingresaremos 511 millones a base de engordar la bola de nuestros préstamos es una mala jugada. Muy a la defensiva. No es una gracia que nos hacen. Son cantidades, como por ejemplo los impagos por el IVA, que nos corresponden por la actividad económica que generamos. Estamos, por tanto, ante un fraude más a los valencianos. La única alternativa que el Consell debería aceptar tener encima de la mesa es una reforma inmediata de la financiación y el cheque con la compensación por la deuda histórica. Todo lo demás son parches. Ocurre, sin embargo, que ahora en la Moncloa ya no está Mariano Rajoy. Está Pedro Sánchez. Y los socialistas valencianos, con Ximo Puig a la cabeza, rebajan el tono para no molestar al «jefe». Podemos, idem de lo mismo. ¿Y Compromís? Es incomprensible que un partido valencianista sin cordón umbilical con Madrid, también se acabe comiendo sin decir ni pío el pastiche con el que el nuevo Gobierno ha obsequiado otra vez a los valencianos y se calle frente a un otro agravio más. Parafraseando al alcoyano Ovidi Montllor, empiezo a pensar que el Consell se conforma con las migajas. ¿Ja no volem el pa sencer?

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