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Los glaciares revelan la contaminación atmosférica

Una investigación en el Himalaya descubre elementos químicos incluidos en el hielo heredados de la Revolución Industrial

Como es sabido, los glaciares constituyen una parte del ciclo hidrogeológico, o sea el agua que se evapora de los océanos a la atmósfera, precipita sobre la superficie terrestre y fluye por los ríos (escorrentía) o se cuela en el subsuelo (infiltración) para volver de nuevo al mar; no obstante, existe una salvedad en el caso de que las precipitaciones se produzcan a altitudes elevadas o en zonas muy frías, donde el agua se convierte en hielo por la acumulación, compactación y recristalización de la nieve. En los últimos años resulta habitual investigar los ámbitos polares mediante el estudio de las capas interiores del hielo extraídas con sondeos verticales, que a veces rebasan los dos kilómetros de longitud. Esta técnica representa una importante fuente de datos sobre el cambio climático, ya que proporciona un registro detallado de la fluctuación de las temperaturas ambientales (en base al dióxido de carbono, al metano y, sobre todo, al análisis isotópico del oxígeno), de la nieve caída y de otros contenidos que aportan información medioambiental.

En los testigos de hielo también se estudian las burbujas de aire atrapadas -dan información sobre los cambios de la composición de la atmósfera-, así como los restos de polvo, cenizas volcánicas, polen y otros productos meteorológicos. La prestigiosa revista americana PNAS (Proceeding of the National Academy of Sciences of the USA) acaba de publicar este mes un interesante artículo titulado "Early atmospheric contamination on the top the Himalayas since the onset of the European Industrial Revolution", del que es autor principal el profesor Paolo Gabrielli, de la Universidad de Ohio (EE UU). Grosso modo, relata que desde el comienzo de la Revolución Industrial europea, a finales del siglo XVIII, se registró un aumento en la deposición de metales tóxicos en el glaciar Dasuopu, situado en el Himalaya central a una altitud de 7.200 metros. La extracción de las muestras de hielo supuso perforar en el lugar más alto jamás sondeado. En ese trabajo se manifiesta una contaminación temprana de metales tóxicos en forma de trazas, en especial cadmio, cromo, molibdeno, níquel antimonio y zinc, así como una intensificación de la acumulación de nieve en el helero probablemente vinculada al movimiento de los vientos durante buena parte del siglo XIX. Se extrajeron especímenes correspondientes al periodo comprendido entre los años 1499 -comienzos de la Edad Moderna- y 1992, encontrándose los mayores valores contaminantes por hollines suspendidos en el aire en el ciclo 1810-1880.

Resulta sorprendente que desde la década de los años 50 del pasado siglo, aumentó la presencia de plomo, consecuencia de la deflagración de hidrocarburos por los coches, en detrimento de los elementos citados con anterioridad. Los autores sugieren como causa de esta polución el transporte eólico invernal (las corrientes se desplazan de oeste a este alrededor del planeta) a grandes distancias y la deposición húmeda de residuos sólidos (cenizas volantes) provenientes de la combustión del carbón, probablemente en Europa occidental -las dataciones efectuadas coinciden con la aparición de las primeras máquinas de vapor en el Reino Unido-, sin descartar a la vez emisiones de quemas de biomasa por deforestación para crear grandes explotaciones agrícolas, tanto en Europa como en Asia. Previamente a este artículo, el mismo equipo de Ohio había descubierto, utilizando la misma tecnología anterior, que la contaminación ambiental antrópica se inició en el Hemisferio Sur -concretamente en el glaciar Quelccaya, en los Alpes peruanos- antes de la Revolución Industrial.

El estudio de las muestras de hielo demostró que la concentración de elementos químicos fue baja y estable en la etapa anterior a 1450, solo con algunos picos que parecen coincidir con erupciones volcánicas, sufriendo un aumento contaminante hacia el año 1480 (coincidente con la expansión del imperio inca, al usar bismuto en la producción de bronce) y, sobre todo, alrededor de 1540 (concordante con la presencia española y el auge en la minería y metalurgia de la plata en Potosí). Como el caso precedente, el viento fue el responsable de transportar los residuos tóxicos.

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