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Óscar R. Buznego

El libro que faltaba

Artur Mas, ante el procés con Cabeza fría, corazón caliente

A pesar de la copiosa bibliografía que ha escrutado cada hito y la evolución del llamado "procés", en el aire flotan preguntas que aún no tienen una respuesta convincente. Están bien catalogados los acontecimientos decisivos, las fechas memorables, los episodios de máxima tensión, las pugnas soterradas y las diferentes interpretaciones del proceso político catalán acaecido en la última década, pero seguimos sin conocer el origen de todo, por qué el nacionalismo envuelto en el liderazgo flexible de Jordi Pujol apareció un buen día de 2012, en el peor momento de la gran crisis económica, convertido en un movimiento determinado a conseguir la separación de España sin mirar atrás. Si alguien guarda el secreto, ese no puede ser otro que Artur Mas, el dirigente político que puso en marcha el "procés" como si de una obra de autor se tratara.

El marcó el rumbo, cogió el timón para asegurar los primeros avances y luego, obligado a ceder el puesto, lo vivió en sus entrañas. Primero ha sido el actor protagonista y después un secundario distinguido, que entraba y salía libremente del despacho del president, siempre presto a dar su opinión y a que se le reconociera la autoridad moral que se les concede a los pioneros de las empresas históricas magnas. Entre tanto libro sobre la cuestión catalana, el único relato capaz de desafiar la paciencia del abatido lector es el que pudiera escribir Artur Mas. La editorial pensó lo mismo, se lo planteó así y él se puso a escribir. Su explicación difiere poco de la ya conocida.

La eclosión del independentismo habría sido la consecuencia inevitable de una secuencia de hechos significativos, que se inicia con la política recentralizadora de Aznar, continúa con la sentencia que anula por inconstitucional una parte esencial del Estatut y la negativa rotunda de Rajoy a establecer para Cataluña un régimen fiscal parecido al vasco, y alcanza su clímax emocional en las posteriores manifestaciones multitudinarias de la Diada. El líder catalán presume de ser un político riguroso que piensa mucho las cosas antes de tomar una decisión y da por sentado que en esas circunstancias la única salida posible era el salto al independentismo, pero no expone las razones que le llevaron a esa conclusión. Mas responsabiliza al gobierno español de turno de la frustración que sienten los catalanes y le pide que responda a sus demandas, pero él no aclara cuál es el verdadero motivo de que desde 2012 su máximo empeño consista en romper el vínculo que une Cataluña a España.

No obstante, el libro ofrece información valiosa. Un dato relevante, que confirma el testimonio de Rajoy, es que aún en las jornadas más adversas del "procés" se mantuvo el contacto y se practicó el diálogo entre gobiernos con grandes empresarios de por medio, aunque no diera buen resultado. También merece atención el desacuerdo explícito de Mas con la celebración de la votación del uno de octubre, a la que él se refiere como referéndum, y con la posterior declaración de independencia. Se percibe en general su disconformidad con la elección y el ritmo de algunos pasos dados. Es de interés igualmente el sutil reproche de deslealtad que dirige reiteradamente a Esquerra Republicana, un partido del que subraya su poca fiabilidad. La división del independentismo es el mayor motivo de queja de Mas y teme que dé al traste con el plan separatista. El libro no defrauda, aunque tampoco sacia la curiosidad del lector, y sin embargo deprime la esperanza de una convivencia con Cataluña comprensiva y amistosa. En un futuro al que no pone fecha, ni inmediato ni remoto, Mas ve a Cataluña como un estado de una federación europea.

Concibe "el procés" como una marcha exitosa de pasos adelante, sin retorno, hacia ese objetivo, que se dirimirá finalmente en instancias internacionales. El texto deja impresa en el lector la sensación de que una parte importante de la sociedad catalana vive de espaldas a España. Mas lo resume a su manera: España no será plena hasta que Cataluña la abandone. Es claro, meridianamente claro, que Cataluña tiene derecho a ser escuchada y a una respuesta del estado español. Pero para eso es imprescindible que antes hablen el PSOE y el PP.

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